Opinión

El pueblo no quiere vuestras guerras

Entre los individuos y entre las naciones un derecho inalienable es la Paz, aún así nuestros dirigentes políticos se empeñan en destruir en nombre de la Democracia, hasta incluso en el nombre de Dios, de Ala, o de cualquier otra divinidad.

 

Todos hemos llorado el pasado fin de semana con el horrible atentado en París, pero muy pocos lo han hecho desde que el pueblo de Libia está inmerso en una guerra que está matando día tras día a miles de inocentes, y antes que Libia ha sucedido en otros países como Palestina, Ucrania, Libano, Siria, Irak, etc. Todas ellas, guerras a la que nos hemos acostumbrados porque día tras días se han asomado a nuestros hogares en las noticias de la mañana, del mediodía y de la noche, mientras de forma impasible hemos seguido ingiriendo los alimentos del desayuno, comida y cena, sin inmutarnos; inmunizados frente a tanta destrucción, posiblemente por lo lejos en que están sucediendo o porque no practican la misma religión, ni tienen las mismas costumbres. Tal vez alguna protesta de “ya está bien” salga de nuestras bocas, dudo de si por solidaridad con las víctimas o simplemente porque nos molestan esas imágenes tan desagradables de tanta sangre ya amputaciones, en el momento más placentero en el que estamos en nuestras casas, o tal vez debería decir, en nuestras atalayas frente al sufrimiento ajeno.

No sé si algo justifica una guerra, si existe un motivo tan poderoso como para afrontarlo con destrucción y muerte. Entiendo que la guerra es fruto del fracaso de la humanidad frente a la razón, frente a la tolerancia. El fracaso de organismos internacionales creados con el fin, precisamente, de evitar la confrontación entre naciones.

Sobra decir que el terrorismo es otro tipo de guerra, tal vez la peor de todas, porque nos sorprende sin esperarlo y porque sus autores se esconden entre nosotros como personas normales, disfrazados de personas de bien, hasta que se convierte en los seres más inmundos.

PEACE_FotorNo sé cómo se debe hacer frente a tanta violencia, a tanta destrucción. He oído decir en las horas que han sucedido a la matanza de Paris, hasta el día de hoy, una declaración predominante de los dirigente y entendidos de que todo Europa está en guerra contra los autores de esa acción tan sangrienta como inesperada, tan fanática como absurda; en guerra contra el fanatismo del Islam, contra el yihadismo, porque la respuesta de la Democracia debe ser única frente a quienes atentan contra ella, contra la libertad, contra la vida, no pudiendo ser otra que el uso de la fuerza. He llegado a oír que no se puede combatir a gente que usa un arma de asalto como el Kalashnikov o que es capaz de inmolarse cargados de explosivos hasta las cejas, y matar a gente con sangre fría, con la palabra o con la diplomacia; justificando de esta manera un ataque armado. Pero yo, no creo que la venganza mediante una guerra devuelva la vida a los seres inocentes que la perdieron en París, ni siquiera creo que sus familiares y amigos encuentren el consuelo utilizando las mismas armas que los asesinos, o que cure las heridas a los supervivientes.

El otro día escribía un amigo mío en una red social, un pasaje del Corán, concretamente el 5.32, que dice así “El que mata a una persona inocente, es como si matara a toda la humanidad”, siendo su comentario al respeto la súplica de que no se mate más en el nombre de Dios. Yo también pido, suplico, que no se mate más, ni en el nombre de Dios ni en el nombre de ningún otro valor superior, porque nada es superior a la vida de las personas.

Creo que las guerras, el terrorismo o cualquier otro acto de violencia contra la vida o la integridad de los seres humanos, no son más que una burda representación de la crueldad de ciertos individuos, de ciertos poderes, de ciertas naciones, que se creen portadores de un fin noble, cuando en realidad, son portadores de la destrucción y de la vileza del ser humano.

Nadie podemos obviar como la industria armamentística vive de la muerte y, por ende los Estados que las patrocinan, eso sin contar con el mercado negro y el sentimiento imperialista de ciertas Potencias que, como en caso de Siria, las armas llegan a los yihadistas procedentes de los países árabes suministradas por EEUU. Como se suele decir, de aquellos polvos estos lodos, pero lo peor de todo es que estas guerras no son nuestras guerras, por lo tanto, nada justifica que alguien pueda morir por ellas, bien en un atentado como venganza, o por la fatalidad de vivir entre el fuego cruzado de quienes se disputan un territorio o una ideología, o simplemente el poder sobre los demás.

No hay ciudadanos de primera y segunda, mi corazón llora por las víctimas de París, pero también por las de Libia y de los países que he mencionado antes. Señores políticos, o tal vez debería llamaros políticos ruines; el pueblo no quiere vuestras guerras, vuestro mercadeo de armas. Solo queremos vivir en paz y no ser el objetivo de vuestras ineptitudes para haber llevado al mundo donde lo habéis llevado: al caos más absoluto.

Ni Dios, ni Ala, ni Mahoma su profeta, ni ninguna otra divinidad pueden estar detrás de tanta barbarie, de tanto destrucción, porque sus santas escrituras promueven el amor, la solidaridad, valores naturales supremos; sino del fanatismo de seres humanos enfermos caídos en manos de un proselitismo analfabeto que les promete el paraíso, convirtiendo a las mujeres en rameras de los soldados de Ala y a los hombres en autómatas de la destrucción a cambio del encuentro con aquel en el paraíso redado de vírgenes.

Basta ya, los ciudadanos sólo queremos vivir nuestra vida, sin más mentiras, sin tanta manipulación mediática, y en paz. Mi corazón está roto por tanta hipocresía política, y por lo tanto no comparto esta representación de plañideras dentro de la casta, como la de la vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría después de su visita el pasado domingo a la Embajada Francesa, al ser entrevistada por lo medios; pero tampoco de aquellos que han fichado a un general retirado para sus filas de cuyas manos ha salido la orden de bombardear países afectados por el islamismo radical. Nunca me ha gustado la doble moral, pero aquí es más que palmaria.

Mostrar más


Noticias relacionadas

2 Comments

  1. NO A LA GUERRA, no se puede permitir la doble moral, la hipocresía de los políticos, vendiendo armas por un lado y financiando grupos terroristas con compra de petroleo a menor precio, y que luego se rasguen las vestiduras porque se produzcan atentados como el de París, como dice el autor del artículos estas guerras no son las guerras del pueblo, pero por desgracia las sufre el pueblo. Así son los políticos, sobre todos los del PPSOE – C`s que son los que han firmado el pacto antiterroristas, un pacto elaborado a espaldas de las fuerzas sociales, es daecir, de los ciudadanos… NO A LAS GUERRAS. EL PUEBLO NO QUIERE VUESTRAS GUERRAS. DIMISIÓN POLÍTICOS COLABORACIONISTAS CON EL TERRORISMO

  2. De qué sirve que el pueblo no quiera guerras, si el pueblo no pinta nada, solo para hacer de dianaa en las guerras y atentados terroristas. El pueblo pierde, los políticos ganan

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Echa un vistazo

Close
Close