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Como bien sabréis, el 23 de abril, se celebra la fiesta de Castilla y León. Pero, ¿Qué se celebra realmente? Hagamos memoria.

 

Entre los años 1520 y 1522 tiene lugar en el reino de Castilla, la guerra de las Comunidades entre Comuneros y Realistas. Este es el culmen de un momento de inestabilidad que se viene arrastrando en la corona desde la muerte de Isabel la Católica en 1504. Así, tras los gobiernos de Felipe el Hermoso, Cisneros y Fernando el Católico, Carlos I, el hijo de Juana, conocida como La Loca y nieto de los Reyes católicos, se autoproclama Rey de sus posesiones hispánicas en 1516, llegando a Asturias desde Flandes un año después y a las Cortes de Valladolid al siguiente, aún sin hablar ni una palabra en español y acompañado de una corte flamenca. Esto genero grandes recelos entre las élites castellanas que sentían que perderían poder y estatus frente a la nobleza flamenca. Este descontento se consiguió transmitir al pueblo, apareciendo al poco los primeros pasquines en las puertas de las iglesias:

Tú, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor.

Francisco Pradilla. Doña Juana la loca, 1877
Francisco Pradilla. Doña Juana la loca, 1877

Hay que tener en cuenta que la situación en la Castilla de la época era critica por la fuerte presión fiscal, las malas cosechas y las continuas epidemias. Así, la meseta, predominantemente agraria, sufre bastante más que las zonas de la periferia como Burgos o Andalucía donde predominaba el comercio.

En 1519, Carlos I fue elegido emperador del Sacro Imperio, sucediendo a su abuelo Maximiliano, esto genera el temor en Castilla de que la corona perderá mucho peso dentro de esa nueva situación política, pudiéndose convertir en poco más que una dependencia imperial. Así, el Concejo de Toledo se sitúa a la cabeza de las ciudades en contra de la elección imperial.

Ante las exigencias de Toledo para que se convocasen unas cortes para debatir esa situación, el rey las convoca en Compostela en 1520 con la intención de pedir un servicio que sufragase su viaje a Alemania. Debido a la oposición de los procuradores castellanos, Carlos suspende las cortes, volviéndolas a convocar un mes más tarde en La Coruña, donde obtiene el apoyo y el servicio que solicitaba, dejando a Adriano de Utrecht como regente de Castilla.

Con la partida del rey, se incrementan los disturbios en varias ciudades, siguiendo la estela de Toledo que se declaró en contra de acatar la autoridad real desde las cortes de Compostela. Así pues, en junio, Toledo propone 5 objetivos a las ciudades con voz y voto en cortes:

  • Anular el servicio de la Coruña.
  • Retomar la fiscalidad por encabezamientos que determinaba los pagos de impuestos según la población de cada localidad.
  • Que los cargos públicos y los beneficios eclesiásticos fueran solamente para castellanos.
  • Que se prohibiese la salida de dinero del reino.
  • Que el regente, en ausencia del Rey, siempre fuera de origen castellano.

Estas propuestas calan rápidamente en la sociedad, llegándose incluso a proponer que se destronase a Carlos I para coronar a su madre Juana en Tordesillas.

Debido a la situación agraria de la meseta y comercial de la periferia que comentábamos antes, estas medidas tienen mucho más peso en el interior que en la periferia, siendo Murcia y Plasencia las dos excepciones periféricas que se unen a la causa comunera.

Así pues, en Julio de 1520, se forma la Junta de Ávila, aunque de las ciudades con voto en cortes, solo Salamanca, Toro, Toledo y Segovia se presentan. Aun así, la decepción inicial da un vuelco cuando es asesinado el procurador de Segovia que había prestado el servicio al rey en las cortes, habiendo jurado negárselo.

El bando realista trata de aislar a la ciudad encabezada por Juan Bravo. Juan de Padilla y Juan de Zapata, al mando de las milicias de Toledo y Madrid acuden a socorrer a Segovia a lo que Adriano de Utrecht responde intentando hacerse con la artillería presente en Medina del Campo. Al no poder distraer a los medinenses con un pequeño incendio, acabó por quemarse gran parte de la villa, aunque la artillería quedó en manos comuneras, lo que provocó que toda Castilla se levantase.

El ejército comunero se traslada a Tordesillas para entrevistarse con la reina Juana y reubicar la Junta, esta vez ya con 14 ciudades afines, entre las que se contaban Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toro, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Murcia y Madrid. Solo Sevilla, Granada, Córdoba y Jaén no acudieron.

Ante la expansión de la revuelta, Carlos I anula el servicio recibido en la Coruña y nombra a dos gobernadores, Iñigo de Velasco como Condestable de Castilla y Fadrique Enríquez como Almirante de Castilla, con la intención de acercar posturas con los comuneros.

La instalación del Consejo Real en Medina de Rioseco, muy cerca de la zona controlada por los comuneros, la continua negativa de la reina Juana a firmar como regente y las dudas de alguna ciudad como Burgos, debilitaron a los comuneros, de hecho, el Condestable entró sin oposición en Burgos, que cambió de bando, lo que se utilizó desde el bando realista, sin éxito, para que otras ciudades siguieran su ejemplo.

Poco a poco, Toledo y por tanto Juan de Padilla, pierde influencia, ganándola Pedro Girón y el obispo de Zamora, Antonio Acuña. El enfrentamiento se veía inevitable porque ambos bandos contaban ya con un ejército y deseaban derrotar al contrario.

La derrota comunera en Tordesillas al mover Pedro Girón las tropas para tomar Villalpando, desanimo en gran medida a los comuneros, por la pérdida de la reina Juana y de varios procuradores. Además, Girón se vio obligado a dimitir ante las acusaciones de deslealtad a la causa.

Carlos I de España y V de Alemania.
Carlos I de España y V de Alemania.

Perdida así la segunda capital del movimiento comunero, se traslada la sede de la Junta a Valladolid, haciendo acopio de fondos y soldadesca hasta 1521, cuando comienzan a hostigar la Tierra de Campos con el Obispo Acuña a la cabeza, a la vez que el Conde de Salvatierra planea atacar Burgos viendo que los burgaleses están cada vez más descontentos al no ver satisfechas las promesas de los realistas por unirse al bando de Carlos I.

El fracaso del levantamiento comunero el 23 de enero, en Burgos, por adelantarse dos días, siendo el último intento de rebelión en la cabeza de Castilla, hizo que Padilla necesitase levantar la moral de la tropa, por lo que se decidió a tomar Torrelobaton, plaza fuerte de los realistas a medio camino entre Tordesillas y Medina de Rioseco y muy cerca de Valladolid, por lo que sería una excelente base de operaciones. El día 25 de febrero los comuneros consiguen tomar la ciudad después de 4 días de asedio, siendo una enorme inyección de moral para las tropas.

Ya en abril, las tropas realistas formaron un gran ejército en torno a Tordesillas, ocupando Becerril de campos y Peñaflor de Hornija, junto a las tropas del Almirante de castilla y los nobles de Tordesillas. Mientras tanto, el ejército comunero, que era menos numeroso, pretendía retirarse hacia Toro para reabastecerse.

Así pues, en la madrugada del 22 al 23 de abril, Juan de Padilla decide mover sus tropas hacia Toro, habiendo perdido un tiempo enorme que los realistas aprovecharon para alcanzarles en la localidad de Villalar. Padilla intentó formar a sus hombres, pero bajo la intensa lluvia, la caballería realista destrozó a los comuneros cuyas bajas ascendieron a casi 1.000 hombres y sus cabecillas fueron apresados.

31461Tras la batalla, el día 24, en un cadalso en la plaza de Villalar, Juan de Padilla y Juan Bravo fueron decapitados y por la presión de los soldados, más tarde también lo fue Francisco Maldonado.

La derrota hizo que las demás ciudades rebeldes fueran sucumbiendo a la presión realista, quedando Toledo como Bastión Comunero. Acuña pierde el apoyo popular tras la decapitación de Padilla en favor de María Pacheco, su viuda, por lo que decide huir a Francia, dándose la casualidad que es en ese momento cuando Francia está atacando Navarra y Acuña es descubierto y apresado en la frontera.

María Pacheco, entonces, toma el mando de la ciudad e intenta negociar una rendición justa, dándose esta el 31 de octubre, cuando los comuneros abandonan finalmente el alcázar de la ciudad. Aun así, la tensión era muy alta debido a que María Pacheco se negaba a entregar las armas hasta no ver la firma del rey, por lo que el nuevo corregidor exigía su cabeza.Finalmente, en febrero, se exilia en Portugal, donde fallece en 1531.

Al regresar Carlos I a Castilla en 1522, se acelera la represión, ejecutándose a Pedro Maldonado, hermano de Francisco Maldonado y líder salmantino. Aun así, a finales del año se promulga un Perdón General del que fueron excluidas casi 300 personas entre las que se encontraban María Pacheco y el Obispo Acuña, el cual fue ejecutado a pesar de ser eclesiástico, en el castillo de Simancas tras un intento de fuga.

Con la derrota se obligó a las ciudades comuneras a pagar indemnizaciones, desapareció la élite política por la represión, la industria textil del interior fue incapaz de recuperarse y competir y se neutralizó el poder de la nobleza frente a la autoridad imperial, afirmándose esta nueva forma de gobierno en las cortes de Toledo de 1538.

Por: Jonatán Durán Sánchez, historiador. 

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