Opinión

A los abuelos

 

Todavía no soy anciana. No he vivido suficiente para que el tiempo arrugue mi piel y para que mis decisiones, mis éxitos y mis fracasos me conviertan en alguien un poco mejor. Espero cumplir muchos años y poder alcanzar la sabiduría de la que gozan los mayores, de la que gozan los abuelos.

 

No se mueven rápido, están un poco sordos y no saben pronunciar sushi baseball o disc-jockey (a lo mejor ni los conocen). Tampoco entienden de nuevas tecnologías e Internet les parece magia. Pero han vivido mucho y han visto muchas cosas. Y, además, quieren compartirlas con nosotros.

Es cierto que su vida nada ha tenido que ver con la nuestra: ni sus ilusiones, ni sus preocupaciones, ni sus miedos… Pero podemos escuchar sus consejos y aprender muchas cosas (aunque eso no evite que tropecemos).

Los abuelos nos apoyan, nos educan y nos quieren, pero también nos malcrían. Es por eso que a veces tenemos mejor relación y más confianza con ellos que con los propios padres: sabemos que van a intentar, en la medida de lo posible, ayudarnos pero no van a ser tan críticos.

La función de los padres es más severa. No obstante, a pesar de esa buena relación de la que disfrutan abuelos y nietos, los saltos generacionales existen y dificultan en ocasiones el encuentro: las tecnologías, las nuevas modas o la forma de vivir en general las entendemos de manera diferente y no habrá concilio. Pero no importa: nos quieren a pesar de todo.

Hoy homenajeamos a todos esos nietos que un día crecieron, y después de toda una vida aprendiendo, se convirtieron en abuelos. Ahora son ellos lo que tienen cosas que enseñar…¡Feliz Día de los abuelos!

Por: Elena Vecillas Valdueza

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