Jesús Málaga

El testamento de don Vicente

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

El 5 de septiembre de 1904, falleció don Vicente Rodríguez Fabrés. La ciudadanía se quedó de piedra al abrirse el testamento y al saberse que había dejado su fortuna para la construcción y posterior mantenimiento de dos asilos, uno para niños, de cinco a doce años, y otro para hombres inválidos del trabajo, mayores de sesenta años. Ambos debían construirse separados el uno del otro, en unas edificaciones nuevas, en los terrenos de su propiedad en el antiguo colegio de Nuestra Señora de la Vega.

No olvidó sus bondadosas aportaciones al maltrecho mundo rural. Mandó construir una granja modelo y dotó cátedras para el estudio de la mejora de los cultivos y el mejor rendimiento de estas altas tierras salmantinas. Finalmente, ordenó restaurar la iglesia de la Vega para destinarla a su enterramiento definitivo.

Eran preferidos para ser admitidos en la fundación los parientes de don Vicente, aunque no fuesen de la provincia. En segundo lugar los nacidos en la ciudad de Salamanca y su provincia, siempre que fuesen hijos de familias pobres, honradas y que disfrutasen de buena salud. La preocupación por la salud y la cultura le llevó a ordenar la formación en gimnasia y música para todos los niños asilados. Indicaba en su testamento que la Junta de Patronos debía nombrar a un licenciado en medicina y cirugía para asistir a los niños inválidos y a los ancianos.

No dejó nada a la improvisación. Inventarió los bienes con los que pagar la cara factura de los edificios a construir. Sería muy largo recogerlos en este escrito, pero no me resisto a enumerar algunas de sus propiedades en la ciudad.

Don Vicente era dueño del solar del Colegio Mayor de Oviedo, donde hoy se encuentra el Palacio de Congresos, una panera en la calle Toro  y varias casas repartidas por la Plaza Mayor, doctor Piñuela y doctor Riesco.

Los niños asilados serían mantenidos, vestidos y educados, sobre todo, en educación moral y religiosa. Tendrían asistencia médica y se procuraría la higiene en todas las dependencias de la institución. Como cosa novedosa se les enseñarían conocimientos prácticos de agricultura.

Don Vicente entraba en detalles al referirse a los vestidos de los asilados. Dos trajes de invierno, uno gris con su gorra correspondiente, y otro azul con gorra del mismo color para los días festivos. Capote de abrigo para el invierno y dos trajes de rayadillo para el verano. La ropa llevaría las iniciales de la casa A.R, Asilo Rodríguez.

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