Jesús Málaga

El Patronato de la Fundación de don Vicente

No olvidó crear una Junta de Patronos en la que están presentes las máximas dignidades de la ciudad y provincia. La preside el obispo y son miembros el canónigo magistral de la catedral, el rector de la Universidad Literaria, que hace las veces de secretario, el fiscal jefe, el presidente de la Diputación y el alcalde.

Dejó sus joyas para una corona de la Virgen del Carmen, y suplicaba al obispo en su testamento la vuelta de la imagen de la Virgen de la Vega, que en aquel entonces se encontraba en San Esteban, a su templo primitivo. Como es obvio ni el obispo de entonces ni sus sucesores cumplieron con el mandato testamentario de don Vicente, que quería tener en su iglesia panteón a la patrona de Salamanca.

La aprobación del patronato y los estatutos de la fundación se llevaron a cabo por una Real Orden del Ministerio de Gobernación de 16 de julio de 1913, que señalaba como patrimonio de la misma nada menos que 8.582.083,24 pesetas. En el acta de entrega de los bienes de la fundación,  un año después, está presente estampando su firma como rector, don Miguel de Unamuno.

El sueño del banquero se plasmó en un magnífico complejo alrededor de la iglesia del antiguo convento de los Canónigos de la Vega. La granja modelo y los dos asilos se construyeron en  estilo modernista. Para aquellos tiempos era lo nunca visto. Hasta el mismo rey vino a su inauguración y puesta en marcha.

Recorrer el edificio principal, sus escaleras nobles, su claustro, los deambulatorios alrededor de la granja y las diversas dependencias del interior es una delicia para los amantes del modernismo tardío que tiene en Salamanca excelentes construcciones como la Casa de Lis, el Mercado Central, el Hospital nuevo de la Santísima Trinidad y la Casa de Socorro.

Se respetaron los restos románicos del claustro, que se pueden contemplar en la sacristía exquisitamente resguardados de los elementos climatológicos, y se puso en valor la magnífica fábrica de la iglesia, olvidada y desconocida, aún hoy, para la mayoría de los salmantinos.

Este magnífico templo construido en el barrio mozárabe, fue ermita antes de la repoblación. Según nos cuentan las crónicas del caballero leonés Iñigo Velasco, fue ampliada para convertirla en iglesia en 1150. Entre sus muros se conservó la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca y su tierra, hasta la inundación de San Policarpo, allá por el año de 1626. La iglesia fue reedificada en dos ocasiones, en 1582 por Juan Ribero de Rada y 1600 por Juan de Nantes. Su interior de tres naves está jalonado por columnas adornadas con capiteles platerescos y bóvedas de tracería góticas. Destacan en las naves laterales relieves representando el Descendimiento, atribuido a Lucas Mitata, y la Resurrección de Cristo.

El claustro moderno fue reconstruido en 1757, posiblemente por Andrés García de Quiñones, y nos dejó un cierto recuerdo a su intervención en la Plaza Mayor de Salamanca.

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