De la sombra a la luzPortada

Del lecho de muerte de un príncipe, al ‘hotel’ de un dictador

El Palacio Episcopal actual data de 1890, pero sus cimientos se asientan sobre las ruinas de la antigua residencia de los prelados salmantino construido en el siglo XII

 

Jesús Málaga, presidente del Centro de Estudios Salmantinos, y La Crónica de Salamanca inician una serie sobre monumentos, rincones, rutas y lugares ‘escondidos’ de nuestra ciudad bajo el título de: Salamanca, de la sombra a la luz

 

Dos palacios y un mismo solar. El primero, del que hoy no hay constancia debido a su destrucción, tiene una historia trágica detrás y el otro, es el que todos conocemos. Traemos a esta serie de Salamanca, de la Sombra a la Luz, dichas crónicas.

El príncipe Juan, en la plaza de Monterrey. Escultura de Agustín Casillas.

El antiguo palacio episcopal fue la última residencia del príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos y señor de Salamanca, y de su esposa Margarita en la visita oficial que hizo la pareja tras sus desposorios.

La pareja principesca llegó a la ciudad el 23 de septiembre de 1497, siendo recibidos con grandes festejos por los salmantinos. El obispo de la diócesis, fray Diego de Deza, ofreció su palacio para hospedar a los herederos al trono.

El príncipe enfermó, y su padre, el rey Fernando, El Católico, llegó a tiempo de verle con vida. Fue enterrado en la catedral de Salamanca el 5 de octubre y trasladado a Ávila, por expreso deseo de los Reyes Católicos, a primeros de noviembre.

Volvamos un momento a Diego de Deza, porque algunos historiadores le atribuyen un papel decisivo como mediador de Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos. Defendió ante los Reyes las ideas de Colón, de quien fue amigo, y lo acompañó a Salamanca para enfrentarse al claustro de la Universidad. Esto ocurrió, al menos, cinco años antes de que muriera el príncipe Juan.

El palacio episcopal que fue la última morada del hijo de los Reyes Católicos resistió hasta finales del siglo XIX. El antiguo caserón debía de estar casi en ruinas. Se intentó su restauración, pero los arquitectos consideraron que era una tarea ardua y casi imposible.

Por lo que, las autoridades eclesiásticas decidieron derribarlo y construir una nueva residencia episcopal. El palacio desaparecido se había construido en el siglo XII, con otras intervenciones en los siglos siguientes, la última en el XIV. Aunque se desconoce su traza, podía tratarse de uno de los edificios góticos civiles más antiguos de la ciudad.

Discusión entre arquitectos

La construcción del Palacio Episcopal que conocemos hoy concluyó en 1890. Es obra del arquitecto José Secall. El primer obispo que lo ocupó fue Tomás de Cámara, más conocido como el Padre Cámara.

Al ver el inmueble acabado, dos arquitectos que trabajaban en ese momento en la ciudad, tuvieron sus más y sus menos. Nos referimos a Joaquín de Vargas, arquitecto de la Casa Lis, una edificación modernistas, y a José Secall, ideólogo del Palacio Episcopal, un edificio ecléctico de clara inspiración clasicista. De Vargas comentó en petit comité que lo construido se parecía más a un hotel de familia acomodada que a la residencia de un prelado.

La Casa Lis es, hoy por hoy, el museo de Castilla y León más visitado. Sus estancias albergan habitualmente colecciones muy interesantes y la permanente es perfecta para la edificación que la acoge.

En cambio, el Palacio Episcopal dejó de ser vivienda del obispo en 1964. En la década de los ochenta del pasado siglo XX, por convenio, fue cedido al Ayuntamiento de Salamanca a cambio del reconocimiento del aprovechamiento urbanístico de la superficie del palacio y la de su jardín interior.

El Palacio Episcopal está situado frente a la Catedral, en la plaza de Juan XXIII.

Una vez restaurado albergó dos museos, el Diocesano y el de Historia de la Ciudad, y dos archivos, el Municipal y el Diocesano.

Con posterioridad, el Ayuntamiento de Julián Lanzarote devolvió el inmueble al obispado sin compensación alguna para la ciudad, retirando de sus instalaciones los fondos del museo y los del archivo municipal.

Años más tarde, la diócesis cerró también el museo diocesano. Solamente se mantiene en el edificio el archivo diocesano. Sus salas vacías se alquilan para la realización de exposiciones temporales, como la que está en la actualidad de trajes de época.

El hotel del dictador

Placa en honor al Caudillo Franco instalada por la Diputación en la entrada del Palacio Episcopal.

Este Palacio también forma parte de la historia reciente de nuestro país. El obispo Plá y Deniel no tuvo inconveniente en abandonar su casa el 1 de octubre de 1936 y cedérsela al entonces general Francisco Franco. Hay una placa junto a la entrada del Palacio Episcopal que reza que ese fue su cuartel general durante la Guerra Civil.

No solo vivió en el Palacio Episcopal la familia del dictador Franco, también la de su cuñado Ramón Serrano Súñer, casado con Ramona Polo, hermana de Carmen Polo, esposa de Franco.

Las dos familias ocuparon durante un año el segundo piso del palacio como vivienda. En su planta baja se instaló la sede del Cuartel General del Generalísimo.

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