Opinión

Visita a la Cueva de Salamanca, con sorpresa

 

Otra visita, una de tantas, pues vivo aquí y soy de aquí. Quedé con unos amigos y pasamos por allí, como nos gusta hacerlo de vez en cuando.

 

En la Cuesta de Carvajal, llegados a la puerta de entrada de la Cueva, pudimos apreciar algo que no es agradable ni para nosotros ni para un entorno que se merece otro trato: suciedad y ruidos.

En ese momento no sabes qué hacer, si entrar, si volver por donde hemos venido o si continuar calle arriba. Pero como nos gusta, a pesar de todo, entramos. ¿Qué vimos esta vez? Pues lo nuevo de hoy y lo mismo de siempre.

En la misma Torre del Marqués de Villena nuevo ambientador con olor a orines, en general, malos olores y más suciedad, ¡ah! y pintadas, nuevas pintadas, música de fondo y algarabía de chavalería.

Al acceder al aula de museo unas jovencitas murmuran: “uy qué pena, les van a romper la intimidad”. Sí, allí al fondo, sentada en una piedra, una parejita dándose besos (más bien un morreo en toda regla). Viendo ésto te cuestionas si entrar y pedir perdón o seguir Torre arriba. Bueno, entramos ¿por qué no? no vamos a hacer nada malo e inapropiado (inoportuno tal vez para ellos), sólo disfrutar de lo que nos ofrece este bello recinto, degradado y dejado de la mano de dios, terrenalmente autoridades.

En el piso inferior, donde se puede apreciar un tramo de muralla prerromana, diríase que se estaba disputando un concurso de rap. Bajamos a verla con la ininterrumpida música ambiental, pero una voz disuasoria nos alertó que “están siendo uds. grabados por la policía”. ¡Qué susto! casi me llevo las manos a la cabeza (y tan sólo estábamos mirando mientras un grupo de… no paraban de gritar, saltar y fumar) aunque en el fondo me alegré, “alguien debe estar viendo estos despropósitos” ­pensé­.

Volvemos al piso superior y la susodicha parejita seguía pegada? nos preguntamos si sería un nuevo conjunto escultórico hierático románico, nuevo elemento del museo. Ahora había cuatro adolescentes más, tres mirando como el otro hacía el mono entre piedras y estanterías de tramex.

La paciencia tiene un límite y ante las pertinentes advertencias sobre sus hechos alguno murmuró que sí, que eso lo hacía también en su casa. Entonces creo que está disculpado, pues si hace eso en su casa también puede hacerlo en las de los demás ¡faltaría más! pues no sabrá actuar de otra manera.

Había que descansar ante tanto atropello y nos apoyamos en la barandilla, una bocanada de aire no viene mal. Pero la cosa no acaba ahí, otro grupo sale a escena y nos deleita con un nuevo espectáculo: a una pequeña terraza de la residencia de enfrente empiezan a salir unos cuantos “estudiantes” y se encaraman al tejado, bien para sentarse en las tejas bien para caminar sobre ellas.

¡No habíamos pagado entrada pero estábamos en el “circo”. Permanecimos allí, quietos y expectantes, un buen rato, el suficiente para vivir otra cosa que os contaré. Esos mismos chicos que estaban en el tejado de enfrente, al poco rato aparecen en la Cueva, suben donde nos encontrábamos y uno de ellos, en plan chulesco (así parecía según caminaba por delante de sus amigos) se sube a un sarcófago de piedra. Intuyo que quiso representar un acto de afrenta, reto simbólico e instantáneo, y así, tal como vinieron, se fueron.

Fue un visto y no visto. Repito, los mismos que hace unos minutos estaban en el tejado de la residencia de enfrente. ¡Perplejos nos quedamos! Impacientes por saber que sería lo próximo en esta nueva experiencia turística, continuamos con nuestra visita. Subimos al mirador último y más alto de la Torre. Más pintadas en el ascenso. Una vez allí, ya sabemos, vistas espléndidas de la ciudad.

Pudimos comprobar desde arriba que había turistas en la entrada del recinto? unos pocos entraban tímidamente mientras otros se daban la vuelta y se iban, frenados en su intención inicial por todo esto que os cuento. Podéis imaginar. Desde ese mirador la vista es genial. Mira por donde, en la plaza que ocupaba la antigua iglesia de San Cebrián, un enésimo grupo de chicos practicando parkour, esa modalidad de salto entre piedra y piedra o lo que se le ponga por delante.

Hora de irnos. Ya saliendo del recinto nos cruzamos con tres jóvenes que, “por evitar esas largas escaleras” ­dijo uno­ trepó por la muralla. Un circo, oye, un circo y no el Circo del Sol precisamente, pero además aderezado por puro espectáculo de olor y suciedad, de sentimientos desbordados juveniles y de funambulismo por tejados.

Puro espectáculo que ha transformado en ghetto de adolescentes un lugar que era de todos y que ahuyenta al turismo y a los que deberíamos estar acostumbrados a ésto.

En fin, SALAMANCA CIUDAD DE SAVERES, KULTURA, ESPECTÁCULO Y HEDUCACIÓN

Ésto lo ha vivido Emiliano Iglesias Casado con Lola Moro García y unos amigos, ciudadanos de Salamanca, un 20 de abril de 2018

 

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One Comment

  1. Que vergüenza que una zona turística como esta la dejen abandonada a su suerte, dominada por niñatos y macarras que no aprecian donde están. Como ciudadana salmantina no entiendo como no hacen nada para preservar esto con la historia que tiene.
    Agradezco Emiliano que hayas contado tu historia y ojalá los políticos se implicasen más, igual que con el resto de monumentos de la ciudad, parece que este no les importa. Yo lo recuerdo siempre lleno de mierda y malos olores.
    Salamanca Ziudad de Saveres!!!

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