De la sombra a la luzPortada

Sobre las ruinas de los Templarios

Doña Inés Suárez de Solís mandó fundar hace 580 años el convento de Las Isabeles, porque está consagrado a Santa Isabel de Hungría

Jesús Málaga, presidente del Centro de Estudios Salmantinos, y La Crónica de Salamanca inician una serie sobre monumentos, rincones, rutas y lugares ‘escondidos’ de nuestra ciudad bajo el título de: Salamanca, de la sombra a la luz

 

La iglesia del convento de Las Isabeles.

Hace 580 años, Inés Suárez de Solís, segunda de las hijas de Suero Alonso de Solis, primer señor de Cempron y Bernoy y Regidor de Salamanca, y Juana Blázquez Dávila, se empeña en construir el convento de Las Isabeles, consagrado a Santa Isabel de Hungría, y fundado por el obispo Sancho López de Castilla en 1438.

El convento comienza a levantarse sobre las ruinas de las casas que habían sido ocupadas por miembros de la Orden de los Templarios. El edificio se asentó cerca del arroyo de aguas pluviales, que al desembocar en el Tormes se le conoce como arroyo de los Milagros, y es por donde actualmente transcurre la calle de los Condes de Crespo Rascón.

La iglesia del convento fue levantada sobre las paredes de la que tenían en su día la Orden del Temple, para ello, Inés Suárez de Solís invirtió su propia herencia.

Traemos este convento de clausura a la serie Salamanca: de la sombra a la luz, por su desconocimiento. Está en el centro de la ciudad, en la calle que lleva su nombre, es una verdadera incógnita y para ponerlo en valor.

Empezando por el edificio. La iglesia se asienta sobre una sola nave y una capilla mayor donde están enterrados miembros de la familia Solís que llega desde Asturias a tierras salmantinas allá por el siglo XII.

La iglesia presenta una decoración gótica y varios retablos, entre ellos el dedicado a Santa Isabel de Hungría, atribuido a uno de los hermanos Delli, Dello, Sansone o Nicolás.

Detalle de las ventanas del convento de Las Isabeles.

El retablo narra la historia de Santa Isabel, que aparece coronada, sujetando un libro y con un crucifijo. En esta época, si una mujer llevaba un libro era para simbolizar que estaba en oración. Representa el ideal de mujer que se desarrolla en la clausura, una mujer culta.

Los tres artistas florentinos vinieron a España y dejaron grandes obras. Entre las más impresionantes que tenemos en Salamanca, destaca los cinco paneles del Retablo de la Catedral Vieja atribuido a Nicolás ‘Florentino’.

Además del retablo, cabe resaltar el artesonado del coro bajo, de estilo morisco, que se considera el más antiguo de Salamanca.

El escudo de la familia Solís.

Asimismo, de estas joyas de hace 500 años, también podemos subrayar la bóveda que es del siglo XX, en concreto de 1911.

El cambio más profundo que sufre este convento en sus 580 años de historia fue en 1944 cuando las madres Isabeles tienen que vender parte de los terrenos que ocupaba el convento y en 1973 se construye un edificio de viviendas, conservando en el dintel de la puerta de acceso, un escudo plateresco de la familia Solis sostenido por dos angelotes. El edificio lo firma Ricardo Pérez Rodríguez Navas.

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