Opinión

El verdadero peligro de Pablo Casado

Ya estamos bien informados del recorrido académico de Pablo Casado. Aprobó media carrera de derecho en semanas poco después de ser nombrado diputado en Madrid, y aprobó un máster sin ir a clase con una serie de trabajos de los cuales hemos visto las portadas, pero que están siendo muy difíciles de encontrar en su ordenador.

Estamos ante un escenario gravísimo, pero hay algo mucho más peligroso que quedó en segundo plano, y que nos atañe directamente a nosotros, al pueblo español. Hablo de sus pasadas declaraciones, en las que pudimos escucharle afirmar que “la ética no la marca ni usted (dirigiéndose a un periodista) ni yo, la ética la marca la ley”.
A primera vista, esta afirmación puede parecer inofensiva. Nos muestra la ley como una idea perfecta, prácticamente sobrehumana. Se trata de una serie de conceptos ideales a los que nos ceñimos para conseguir una sociedad en perfecto funcionamiento y sin fisuras. No existe el bien o el mal, tampoco hay moral buena ni mala: el conjunto de nuestras acciones se dividen en legales e ilegales. Pero el problema es que la ley no es perfecta, pues la crean las personas, en concreto las del Congreso de los Diputados, como las personas que componen el Partido Popular que dirige Pablo casado.
¿Qué pasaría si, efectivamente, la ética la marcase la ley? Si fuese así, habría sido éticamente correcto que las personas de etnia negra hayan sido esclavizadas y que que las mujeres no hayan tenido derecho a voto. O aplicándolo al día de hoy, sería ético que en 29 países se practique la mutilación genital femenina, y que en 58 países se aplique la pena de muerte. Sin embargo, no sería ético que en 5 países una mujer aborte al peligrar su vida.
Efectivamente, la ética no la marca la ley. Esta forma de pensar choca brutalmente contra los ideales de la democracia, contra los derechos humanos, y también con la idea de libertad individual que falsamente defienden. Se trata de una idea propia de regímenes totalitarios donde la ciudadanía queda encorsetada por la ley vigente, sin ningún derecho al libre albedrío.
Decía Albert Camus que “un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo”. La ética y la moral son personales, únicas e intransferibles. Debes de crear tu propia ética que te permita diferenciar el bien y el mal, para no explotar a un subordinado, para no aceptar un trato de favor injusto, o para no aprovecharte de quien se halla en una situación de inferioridad.
Sin ética, no somos “animales políticos”. Pasamos a simples animales.
J.J.S., estudiante del grado de medicina en la Universidad de Salamanca
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