Opinión

Albardas y alabardas

 

Alabarderos suizos. Siglo XVI.

– ¿Sabía usted que la calle San Pablo antes se llamaba “de Albarderos?”

– ¡Ah, síi! Pues no. No lo sabía. Me imagino que en ella habría muchos puestos de gentes de este oficio, como había calles de los Libreros, Bordadores, Herradores, Caldereros, y tantas otras. Algunas aún conservan su nombre tradicional.

– Es de suponer que así fuese. Aunque tengo entendido que sólo se llamaba así en un tramo, el más cercano a la actual Plaza Mayor.

– ¿Y sabe usted cuándo y por qué se cambió el nombre?

Alabardero español en uniforme de gala (1912).

– No. Pero sé de alguien que nos lo puede aclarar. Me dijeron que mucha gente la llamaba erróneamente “de los Alabarderos”.

– ¡Lógico! Pero tenga en cuenta que los albarderos son los que hacen las albardas, mientras que alabarderos no son los que fabrican estas armas, sino los soldados que las llevan. Pasaba lo mismo con los piqueros, arcabuceros, mosqueteros, ballesteros… Los que hacían sus armas eran los armeros, con la excepción de las espadas, que las forjaban los espaderos, siendo famosísimos los de Toledo. Que yo sepa, no hubo alabarderos en Salamanca.

“En cambio si me imagino el trajín de los albarderos cerca del mercado, con su movimiento de borricos y otros animales en días de feria, y sus traficantes, ganaderos y viajeros comprando los aparejos para las caballerías…

– La alabarda debió ser un arma terrible, letal, aunque sus portadores tendrían que ser de una fuerza descomunal para manejarlas con soltura…

– Ese debió ser el motivo de su desaparición como pieza de combate. Igual que las picas y arcabuces de nuestros invencibles Tercios, barridos por la modernidad. Aunque quedó como servicio, digamos, ornamental, o de protección en las Casas Reales. Los alabarderos guardaban los accesos exteriores e interiores del Palacio y se cuadraban, golpeando el suelo con la alabarda, al pasar el soberano. Hoy forman la Guardia Real más antigua del mundo.

En el emblema de la Legión figuran las armas de los Tercios Viejos, arcabuz, alabarda y ballesta.

– En cualquier caso debió ser muy frecuente el equivocarse al pronunciar el nombre…

– ¡Y tanto! Incluso hay un refrán: “No es lo mismo albarda que alabarda“.

-¡Ah, síi! ¿Y a qué se aplica? Me imagino que será cuando se cambia una palabra por otra parecida…

– Bueno… sí, pero no exactamente. Vera usted… En tiempos del gran Felipe II, alguien fue a preguntarle que qué había que hacer con las 100 albardas. “¿Qué albardas?”-preguntó extrañado el rey. “¡Las que solicitó su Majestad!” -le contestaron. “¿Quién? ¿Yoo?” -dijo el rey, que, indignado, ordenó investigar aquel enigma.

“Al cabo, le llevaron un documento con la firma Real, en el que se pedían cien “ALBARDAS” para el servicio de palacio. Sin duda, el escribano suprimió la “A” sin darse cuenta de que eran “ALABARDAS” lo que se solicitaba.

“Y entonces aquel inteligente rey dijo una frase que pronto corrió de boca en boca: “Y aún una albarda más han debido traer, para quien no lee lo que firma“.

– ¡Caramba con Felipe II! ¿Y qué pasó con el escribano que se equivocó?

– ¡Qué sé yo! ¿Usted que cree?… El caso es que el refrán se emplea cuando hay consecuencias inesperadas al pasar por alto algo que no se ha leído. Algo así como la “letra pequeña” de muchos documentos.

Reales Guardias Alabarderos (1801). Recortable, por E. Jiménez.

– ¡Muy interesante! Desde luego, siempre hay que tener cuidado con lo que se firma. Y esa anécdota de Felipe II, ¿es cierta o es leyenda?

–  No lo sé, pero encaja muy bien en su personalidad. Era un hombre muy meticuloso, que escribía muchas anotaciones en el margen de los documentos que le presentaban. Ahora bien, no me lo imagino teniendo que firmar un asunto tan trivial como éste. Para eso tendría algún secretario, jefe de personal, de suministros, o lo que fuese. ¡Digo yo!

“Lo más probable es que fue este desconocido personaje el que firmó sin leer y que el Rey Prudente, al enterarse, dijo la frase célebre. ¡Eso es lo que pienso que ocurrió!

– ¡Hay que ver de lo que me he enterado por mencionarle lo de la calle de los Alabarderos…, digo Albarderos!

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