Castilla y León

Sanidad confirma la mordedura de un murciélago con rabia a una mujer en Valladolid

La Consejería explica que se registran casos de este tipo cada cierto tiempo

La Consejería de Sanidad confirmó este jueves que una mujer de 59 años había sufrido el pasado mes de junio la mordedura de un murciélago que portaba el virus de la rabia. La paciente recibió la atención prevista para estos casos, es decir, el lavado de la herida, la inyección de inmunoglobina antirrábica y la pauta vacunal.

 

ICAL. Asimismo, fuentes de la Consejería explicaron a Ical que se registran casos de este tipo cada cierto tiempo, por lo que pese a ser anómalos, no son extraordinarios. Además, indicaron que se ha podido determinar la presencia del virus en el animal gracias a que fue capturado tras el ataque.

El Centro Nacional de Microbilogía practicó al animal los análisis que revelaron que portaba la enfermedad. Además, en las mismas fechas, un joven de 19 años de Huelva también tuvo que recibir el tratamiento antirrábico al ser mordido cuando intentaba evitar que su gato jugara con un murciélago.

“Han tenido y suerte y los servicios sanitarios han funcionado bien”, señalo a El País el jefe de Información de Salud Pública de la Junta de Castilla y León, Rufino Álamo. “La rabia es mortal en prácticamente el 100 por 100 de los casos si llega a desarrollarse. Es importante recordarlo para que cualquier persona, ante un caso similar, se lave bien la herida con agua y jabón y acuda de inmediato a la red sanitaria pública. Es bueno también explicar a los niños, que suelen jugar con el animal si se lo encuentran, que no deben tocarlo y que, en caso de ser mordidos, avisen de inmediato a sus padres“, añadió.

La coincidencia de dos casos en apenas tres días no es significativa según los expertos. “Puede ser una casualidad o el primer indicio de algo, pero no tenemos datos para extraer conclusiones”, explicó al periódico el catedrático de Sanidad Animal de la Universidad de León, Elías Fernando Rodríguez Ferri.

Los virus de la rabia forman una familia de una quincena de miembros que cursan lo que los investigadores denominan “dos ciclos”. El llamado “urbano”, causado por solo un virus, provoca unas 60.000 muertes al año en el mundo, casi siempre por mordeduras de perro en países en desarrollo. “El perro recibe el virus de algún animal silvestre y, si no ha sido vacunado, desarrolla la enfermedad. Cambia su comportamiento, se vuelve agresivo y transmite la rabia mordiendo a otros mamíferos de su entorno y también a los seres humanos”, indicó Rodríguez Ferri.

Vacunación de perros y gatos en los 60 y 70

El último brote en España del ciclo urbano se produjo en Málaga en 1975 y causó la muerte de dos personas. Fue, tras las campañas masivas de vacunación a perros y gatos de los años 60 y 70, el último latigazo de la enfermedad en nuestro país. En 2004, sin embargo, una mujer de origen marroquí murió en Madrid tras haber contraído la enfermedad en su país, donde la rabia en perros aún no ha sido erradicada.

El “ciclo de los murciélagos” lo causan todos los demás virus de la familia. Algunos hacen enfermar a los animales (hay una decena de especies de murciélagos en España, todas ellas insectívoras), pero en otros este actúa como reservorio. Es decir, el murciélago es portador del virus y lo puede transmitir, pero a él no le causa ningún daño. “En este caso, el virus salta directamente del reservorio al hombre. Si alguien entra en contacto con un murciélago, se arriesga a que le transmita el virus. Por esto es importante no tocarlos, ni vivos ni muertos. Son especies protegidas muy beneficiosas para los ecosistemas. No hay que hacerles ningún daño. Pero tampoco tocarlos en ningún caso”, indicó Rodríguez-Ferri.

En el resto de Europa, una docena de personas han muerto en las dos últimas décadas tras ser mordidas por murciélagos y no pedir asistencia médica hasta desarrollar los primeros síntomas, cuando el avance de la rabia ya es imparable. En los Estados Unidos, se producen unas tres muertes anuales por este motivo. Los síntomas de la rabia incluyen fiebre no muy alta, cambios en el estado de ánimo, nauseas y vómitos, fotofobia (intolerancia a la luz), babeo y convulsiones, entre otros.

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