Opinión

¿Por qué quiero ser inmortal, e incluso resucitar? (II)

Seguimos con el artículo entrando hoy en el recorrido por una serie de científicos y pensadores, convencidos de que la principal empresa de la ciencia moderna es derrotar a la muerte, y garantizar así a los humanos la eterna juventud. Son ejemplos notables: el gerontólogo Aubrey de Grey y Ray Kurzweil.

  1. Matar la muerte

En 2012, Kurzweil fue nombrado director de ingeniería de Google, para un año después poner en marcha una subcompañía, de nombre Calico, cuya misión declarada es “resolver la muerte”. Ulteriortemente, Google fichó a otro creyente en la inmortalidad, Bill Maris, para presidir el Fondo de Inversiones Google Ventures.

Varias celebridades más de Silicon Valley comparten sueños semejantes a los de Kurzweil y Marís. Por ejemplo, Peter Thiel, cofundador de PayPal, quien confesó recientemente su pretensión de vivir para siempre.

Kurzweil y De Grey son muy optimistas: sostienen que quienquiera que en 2050 posea un cuerpo y una cuenta bancaria [buena observación, la inmortalidad es cosa de ricos, los pobres que sigan muriéndose], tendrá una elevada probabilidad de alcanzar la inmortalidad, al engañar a la muerte una década tras otra.

Según Kurzweil y De Grey, cada diez años, aproximadamente, “entraremos en la clínica y recibiremos un tratamiento de renovación que no solo curará enfermedades, sino que también regenerará tejidos deteriorados y rejuvenecerá manos, ojos y cerebro. Antes de que los médicos habrán inventado una plétora de nuevos fármacos, y mejoras y artilugios”. Si Kurzweil y De Grey están en lo cierto —dice el incisivo israelí Noah Harari—, quizá algunos inmortales caminen ya por la calle junto al lector de estas lineas.

Volviendo a la sensatez, no es en absoluto seguro que las profecías de Kurzweil y De Grey se hagan realidad en 2050 o 2100. Las esperanzas de juventud eterna de Juan Ponce de León en el siglo XVI, son prematuras, y a quien se las tome demasiado en serio, le espera un amargo desengaño, y personalmente el autor tiene varios amigos en esa expectativa. No es fácil vivir sabiendo que vas a morir, pero es aún más duro creer en la inmortalidad y descubrir que estás equivocado. Aunque el promedio de esperanza de vida se ha más que multiplicado por dos a lo largo de los últimos cien años, es injustificado extrapolar, y concluir que podremos doblarla de nuevo hasta los ciento cincuenta años en el presente siglo.

No obstante, parece claro que todo intento, aunque sea fallido por el momento, de superar la muerte, nos acercará un paso más a tal objetivo, y esto insuflará mayores esperanzas, e impulsará a la gente a hacer esfuerzos aún mayores con ese propósito. Probablemente, el Calico de Google no resolverá a tiempo la muerte para hacer que los cofundadores de esa empresa, Sergéi Brin y Larry Pagevayan a ser inmortales: una verdadera pena, dirán los admiradores de una empresa ultraexponencial como la mencionada.

  1. Sobre la inmortalidad y la longevidad del planeta

En cualquier caso, muchos científicos consideran que el envejecimiento es una enfermedad curable, y que, como tal, el problema será resuelto a partir de los avances en curso con células madre, medicina regenerativa, biología sintética y clonación terapéutica. De modo que –insisten los optimistas— esas técnicas permitirían extender indefinidamente la vida del cuerpo humano en buenas condiciones. En ese sentido, surge una de las una nota de sumo escepticismo del lado del filósofo Wittgestein:

6.4312. — La inmortalidad temporal del alma del hombre, esto es, su eterno sobrevivir tras la muerte, no solo no está en modo alguno garantizada, sino que, ante todo, tal supuesto no procura en absoluto lo que siempre se quiso alcanzar con él. ¿Se resuelve acaso un enigma porque yo sobreviva eternamente? ¿No es, pues, esta vida eterna, entonces, tan enigmática como la presente? La solución del enigma de la vida en el espacio y el tiempo reside fuera del espacio y del tiempo.

Hemos debatido, creo, la idea de la inmortalidad, y hemos constatado cómo frente a los optimismos de algunos, están los realismos siempre tenaces de otros. De tal forma que las promesas de que vamos a ser inmortales,  deben tomarse con cierta precaución, subrayando que son necesitarías condiciones que aun no controlamos para conseguirlo, y que en el futuro seguirán siendo difíciles. Una cosa es aumentar la esperanza de vida al nacer, y otra, muy distinta, es la posibilidad de llegar a ser inmortales.

Además, y esta fue la tesis central de mi intervención, en Ávila, en el seminario dirigido por el Prof. Juan Arana: no tiene sentido apostar con tanta investigación y tanto gasto sobre la longevidad humana individualizada, con la meta de inmortalidad. En tanto que se abandona o ignora la idea de que también hay una longevidad del planeta, o mejor, de supervivencia de la especie humana en la Tierra de manera indefinida. Hay amenazas muy serias para que podamos seguir disfrutando, o sufriendo, los 7.800 millones de seres humanos de hoy, o los 10.000 millones de 2050, y los muchos más de 2100. La longevidad de nuestra población está claramente amenazada por expectativas muy negativas, como son el calentamiento global y el cambio climático.

Ese fue el doble problema detectado por primera vez por las Naciones Unidas, en 1992, en la Cumbre de la Tierra (Río de Janeiro, 1992), a la que tuve ocasión de asistir personalmente en la Delegación del Club de Roma, encabezada por su entonces presidente, Ricardo Diaz Hochleitner. Allí vimos como la vieja preocupación desde los tiempos de Svante Arrhenius; un sabio sueco que en el siglo XIX ya se ocupó del calentamiento global antropogénico, el hecho de que la atmosfera del planeta está calentándose por la actividad humana, por la emisión de los gases de efecto invernadero de los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural).

No voy a extenderme aquí sobre el tema, pero si diré que los cuidados para tener un mejor aspecto personal y, vivir más, suponen cifras colosales de gasto. Mucho mayores de las que se dedican a la investigación de nuestros problemas planetarios de sobrevivencia futura.

Seguiremos la próxima semana, con otros pormenores sobre la longevidad y la inmortalidad.

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