Opinión

No sin mi Paco

 

Cómo te lo pasarías si siguieras vivo mi querido Paco. Supongo que te resultó de lo más paradójica la sensación de que todos los coches que compartían autovía contigo iban al revés. Pasa a veces. En la mayoría de los casos hay que pensar aritméticamente y concluir que los muchos tienen razón ante los pocos. Solo una mayoría de las veces. Lo que sufriría una figura como la tuya en los 90 de hombreras y mamachichas. O ahora mismo con el Reguetón. Ay mi Paco…

No me explico cómo pudiste sentirte tan raro viendo lo que ha venido después. Te cuentan de salud regulera, sí, pero también pulcro, austero, tranquilo, inteligente y con un peculiar sentido del humor. Un tipo como tú, con una mitad materna bien acomodada y otra paterna esforzada y trabajadora. Y bilingüe. Y con incertidumbres. Con gusto por aprender cosas, cuestionarte las tradiciones, que no eras muy de ir al culto pero cumplías en las fechas señaladas. Creo que por eso, por verte tú raro, nos has convencido a todos de que lo eras.

Bueno, por eso y por la historia aquella que contabas de que sin saber cómo te viste de la noche a la mañana hecho todo un bicho por fuera. Lo de dentro era idéntico pero como para comprenderlo hay que darle al tiempo y escuchar, bicho te quedaste. Si de primeras hubieras salido de la habitación y contado durante el desayuno que te picaban un poco las alas a la altura de la espalda a lo mejor te habrían rascado. Estoy seguro de que en tu casa se lo habrían tomado de otra manera. Te habrías evitado los mieditos de la familia, podrías haberte pedido la excedencia con normalidad, que es un derecho oye. A lo mejor los inquilinos que encontraron tus padres para arreglar las cuentas a cambio de unas habitaciones habrían pagado por el alquiler… Pero como decidiste que el bicho eras tú, todo te salió al revés.

Profecía auto cumplidora de libro. Tú crees que… Comienzas a actuar como que… El qué se hace real… Sin misterio. Bichos todos.

Tengo que confesar que lo tuyo no me parece para tanto, porque de una u otra forma, ratos rarunos como esos que cuentas hemos tenido todos. No eres tan especial ni, otra vez, raro. No tiene nada de particular sentirse las antenas, las patas y las alas, para eso están. No es única esa costumbre de no ver bien a un palmo de la mano y tener que guiarse por el calor.

Necesitamos, eso sí, dotar a todo de un nombre y tu apellido va fenomenal para definir lo innecesariamente complicado, lo absurdo, lo ridículamente frustrante, lo ilógico, etc. Aunque pueda sonar antipatriótico, a duda identitaria, agradezco que nacieras austrohúngaro y no en un pequeño pueblo castellano. Imagina, las cosas raras de cojines serían rodriguecianas en lugar de kafkianas.

Absurdo Paco, absurdo. Todo bien.

Moveyourself.    

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