Opinión

Qué y cómo podemos enseñar

Me han sugerido en varias ocasiones que opinara sobre la educación y, después de un fin de semana tan intenso y con personas que saben tanto de esto, se me ha ocurrido que ya es el momento. El diccionario de la Real Academia de la Lengua señala que es la acción y efecto de educar, también es la crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y jóvenes y, como tercera acepción, explica que es la instrucción por medio de la acción docente. Yo añadiría que es una especie de vacuna para la enfermedad de la vida. Lo comentaba porque, como sabéis, la vacuna es introducir el elemento patógeno muerto, medio muerto o modificado para que nuestras defensas aprendan a combatirlo. Así, cuando aparece la enfermedad, el cuerpo ha adquirido los mecanismos de defensa suficientes para ser capaz de combatirla.

Meditando sobre esta metáfora, la pregunta es: ¿Qué elementos debemos introducir y, por supuesto, cómo debemos modificarlos?, porque a diferencia de la mayoría de las vacunas que los inmunólogos nos introducen, en la educación la vacuna que podemos sugerir como referencia puede ser la de la vacuna de la gripe. Al igual que los virus que causan la gripe cambian rápidamente, habiendo diferentes clases que coexisten en el planeta en cualquier época del año, la vacuna de la gripe se rediseña cada año para proteger a la gente de las tres clases que se espera tengan más prevalencia ese año.

[quote_box_left]Los alumnos siempre van a tener que hablar, que escribir, que pensar, que procurar ser seres saludables, tener ocio sano, leer, vivir con otros semejantes, trabajar, criticar, discutir, razonar, querer[/quote_box_left]Nosotros, sin duda, debemos intuir las necesidades que van a tener nuestros alumnos mañana o dentro de mucho tiempo y cómo debemos actuar hoy para que estos niños sepan defenderse de la patología que encuentren cuando sean adultos.

Esto es complicado y tiene que suponer una gran dificultad para nuestros pobres maestros. en la línea de cómo enseñar. y para los que deciden, gobernantes, sobre lo que los alumnos deben aprender.

Como me gustan más los empíricos que los charlatanes de las televisiones nocturnas que leen el futuro, me he puesto a pensar sobre qué necesidades van a tener los niños que han nacido en el 2000 cuando estén en la mitad del siglo XXI.

He intentado hacer un esfuerzo de memoria para recordar cuánto de aquello qué me enseñaron mis buenos maestros me ha servido realmente para los problemas que me ha ido produciendo la enfermedad de la vida –perdonadme, no hago más que seguir con la metáfora-.

Lo primero que se me ocurre escribiendo como estoy en el ordenador es que no me enseñaron nada sobre las nuevas tecnologías. Claro, cuando yo iba a la escuela el aparato tecnológico más avanzado debía ser la televisión, que emitía 5 ó 6 horas al día en un canal único, por supuesto, sin mando a distancia. Fíjense lo importantes que son hoy. Lo segundo para lo que tampoco me vacunaron, o al menos con una vacuna eficiente, fue para ser capaz de comunicarme en otros países y a fe que he tenido esta enfermedad. He viajado a más de 30 países y en todas estas ‘guerras’, por suerte o porque la escuela dura muchos años, he sido capaz de salir relativamente airoso.

[pull_quote_right]Las asignaturas que hace que una persona tenga cultura con las de humanidades o esas que hoy llamamos “marías” como la ciudadanía, la ética, la religión o filosofía, la educación física, la música, la literatura, sin duda, la historia y puede que matemáticas, pero sólo en esa parte que ayuda a pensar o a razonar[/pull_quote_right]Entonces, si me nombran ministro de educación, ¡Dios no lo quiera! ¿Qué le debo decir a mis maestros que le enseñen a sus alumnos? Se me ocurre que es posible que haya enfermedades que han ocurrido siempre, por lo que lo normal es que también sigan existiendo. Seguro que los alumnos van a tener que hablar, que escribir, que pensar, que procurar ser seres saludables, tener ocio sano, leer, vivir con otros semejantes, trabajar, criticar, discutir, razonar, querer y, sin duda, es mejor si son buenas personas. No es seguro que tengan que resolver grandes fórmulas matemáticas, puede ser que inventen un aparato que nos traduzca de tan buena manera que no sea tan necesario saber idiomas, o la línea que delimita los países o el nombre cambie.

Esto, sumado a una entrañable conversación que mi abuela que cada fin de semana cuando regresábamos del internado nos tenia: “¿hijo para qué estudias? ¿para maestro?”. No, abuela. Y ella siempre respondía: «¡Ah, entonces para saber!

La importancia de este comentario o al menos para lo que, bajo mi punto de vista, tiene importancia en este relato, es porque entiendo que la sociedad siempre les va a pedir que sepan a los que han estudiado.

Hoy, ¿cuáles son las asignaturas que procuran esos objetivos? Sin duda, las de humanidades o esas que hoy llamamos “marías” como la ciudadanía, la ética, la religión o filosofía, la educación física, la música, la literatura, sin duda, la historia y puede que matemáticas, pero sólo en esa parte que ayuda a pensar o a razonar. Sin embargo, como comenté anteriormente, la escuela debe durar muchos años. Asignaturas de este perfil deben seguir enseñándose, entiendo también en la universidad, y sin duda esas asignaturas tienen que tener como objetivo fundamental ayudar a disfrutar más de las cosas bonitas y a evitar conflictos entre personas.

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