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Pedro narra como es la situación de su padre, Juan, en la fase dos del Alzheimer

Pedro cuenta que al conocer que su padre padecía Alzheimer “fue muy duro, pero poco a poco nos hicimos a la idea”.

Ellos adaptaron su casa par que todo fuera más sencillo y pudiera seguir viviendo en ella con su madre. “Cambiamos el baño por un plato de ducha y colocamos unos asideros, pusimos carteles por toda la casa indicando cada estancia, reorganizamos armarios y cajones…”, explica Pedro.

También comenta que fue complicado hacer entender a su madre que no podía hablar del mismo modo con su marido, “que él ya no era él, que no intentara enseñarle cosas nuevas, pero ella lo consiguió”, señala orgulloso Pedro.

Ahora, cuando todo estaba controlado, Juan ha comenzado a inventar historias, y lo peor, según su hijo, “es que se las cree. Nos dicen los profesionales que son delirios, y que para él sus historias son la realidad, a nosotros nos vuelve locos”.

Además, explica Pedro que su padre se ha vuelto “muy posesivo con mi madre. No quiere separarse de ella y se muestra muy desconfiado cuando habla por teléfono. La pobre está agobiada. Intentamos que se tome un respiro, pero se siente fatal si se separa de él un rato. Aunque lo necesita de veras, está agotada”.

Por último, Pedro comenta que les han hablado de un lugar donde tal vez pueda ir unas horas. “Él trabaría y mi madre descansaría, un Centro de Día, tal vez sea el momento”.

En ese Centro de Día los terapeutas trabajarían con el enfermo en la estimulación cognitiva adaptada para la fase dos que es en la que está, tanto en el plano escrito como en el verbal.

También harían hincapié en la estimulación sensorial con aromas, temperaturas y tamaños. La gimnasia sería pasiva y activa.

 


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