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Opinión

Casetas, más casetas

Con las Ferias patronales han vuelto las infamantes casetas que, para vergüenza de la ciudad, ampara la autoridad municipal al tener la osadía de señalar que tales casetos suponen la mayor aportación que se ha dado en muchos años para reforzar las jornadas festivas y para “llenar la calle de gente”.

Pobre ciudad con tales aspiraciones.

Las casetas, además de feas y dañinas para el entorno, en buen número de ocasiones se encuentran instaladas en puntos estratégicos del tejido urbano del casco antiguo, reconocido como Patrimonio de la Humanidad. La agresión es evidente y para demostrarlo no hace falta mayor argumento que situarse en esos lugares. Agresión con el estímulo y amparo del Ayuntamiento, que así traslada su posición plena de irracionalidad e hipocresía, ya que se tira los días con la cantinela constante de la defensa y mejora de ese patrimonio monumental e histórico. Palabrería que salta hecha astillas con las situaciones agresivas de la promoción de las casetas hirientes para cualquier sensibilidad que no se halle taponada por intereses o por impotencia para una elemental reflexión. Salamanca, el núcleo antiguo de Salamanca, se encuentra condicionado por una serie de situaciones que impiden tropelías del tipo de las casetas-tabernas, ciertamente infectas para esos lugares selectos ahora heridos.

La obsesión municipal, ya que así se ha manifestado, consiste en “llenar la calle” mediante el tirón de las casetas, y se advierte que para alcanzar ese objetivo no se tiene duelo en desnaturalizar el patrimonio de la ciudad. Qué tristeza produce, además, que para llenar la calle se recurra a algo tan elemental como trasegar vino, en lugar de programar actividades con motivos de mayor mérito y variedad que encaucen el ocio y la diversión de los salmantinos y visitantes en las jornadas festivas. Dos salidas bien pobres del Ayuntamiento: agredir el patrimonio y ofrecerles esa pobreza a los ciudadanos como vía de disfrute ferial.

Como año tras año me vengo manifestando en contra de las casetas, ya conozco los insultos que me esperan, al amparo del anonimato cobarde y carente de algún razonamiento frente a las razones que señalo para oponerme a esa “gran conquista” de las Ferias. Y una de las insistencias más frecuente es que se me acuse de tratar de oponerme a que se divierta “la gente”, lo cual no se deduce para nada de mis planteamientos, en los que reclamo que los responsables municipales pongan a pie de calle atractivos sugerentes y variados. Además, admito que haya quien se divierta con las casetas, pero a lo que me opongo es a que se establezcan en el casco urbano Patrimonio de la Humanidad y algunos otros puntos llamativos, aparte de en lugares próximos a centros escolares o de presencia infantil. Pero deberán admitir los partidarios de las casetas que haya quienes también tengamos otras preferencias para el ocio, que puede ir desde la lectura de un libro, la visión de una película o, simplemente, salir a tomar lo mismo que ellos en las casetas pero en alguno de los muchos establecimientos hosteleros de la ciudad, incluso en las casetas regionales, que se diferencian claramente de la agresiva propuesta callejera en zonas nobles. A lo que me opongo es al agresivo asentamiento de casetas en lugares inadecuados. (Por cierto, “la novedad” de la calle de San Pablo es para nota al asentar las tabernas sobre la acera. La flor que le faltaba al ramo).

[pull_quote_left]Qué tristeza produce, además, que para llenar la calle se recurra a algo tan elemental como trasegar vino, en lugar de programar actividades con motivos de mayor mérito y variedad[/pull_quote_left]En lugar de proteger los valores de la ciudad, el Ayuntamiento los lesiona con su promoción de las casetas-tabernas, además de dañar a muchos ciudadanos con los ruidos y olores que se generan. Y a propósito de los ruidos: los conciertos en la Plaza Mayor suponen otra agresión para el patrimonio, peligro que también fomenta el Ayuntamiento. Diga lo que diga el concejal responsable de la cultura, esos ruidos generan vibraciones que están perjudicando seriamente a los elementos que configuran la Plaza. Lo han planteado atinadamente los expertos. Vaya el concejal al archivo y eche mano al tomo con el informe sobre el recinto que elaboró en su día el buen arquitecto de Salamanca que fue Pío García-Escudero (creo que nada sospechoso para los gobernantes, ni técnica ni ideológicamente) y lea con detenimiento cómo se razona con todo detalle esa amenaza. Y si no dispone de él porque se ha hecho desaparecer, yo se lo fotocopio.

Hemos llegado a una situación en la que demasiados políticos, en este caso municipales, siempre con la mirada puesta en el día de las urnas, en lugar de velar por sus ciudades y ciudadanos, se dedican a halagar y entontecer a esos ciudadanos, que muchos de ellos se acunan con esa manta que les echan encima.

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