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150 años siendo el patrón de Salamanca

San Juan de Sahagún realizó varios milagros en la ciudad, pero no fue hasta 1868 cuando se decidió que sería el patrón de la misma

 

El nombre de pila de San Juan de Sahagún, patrón de Salamanca, era Juan González de Castrillo. Nació en Sahagún, León, allá por 1430 y murió en la ciudad del Tormes 49 años después.

Dicen las crónicas que San Juan de Sahagún era un gran predicador, hombre conciliador, carismático y humilde. Que fue capaz de apaciguar los conflictos entre dos bandos de familias nobles que durante décadas estuvieron enemistadas a muerte.

Detalle de la estatua de San Juan de Sahagún, en la plaza ala que da nombre.

Fue un hombre convincente, de actitud recta y severa ante quienes le confesaban sus pecados. Y que, sin embargo, con su carisma y modos afables, fraternales, les convencía de enmendar sus vidas.

Buena parte de la vida de San Juan de Sahagún transcurrieron en Salamanca. Llegó a la ciudad como un joven sacerdote a estudiar Teología y luego se ordenó fraile agustino, en medio de una enfermedad que los doctores no lograron identificar.

Cuentan que en la calle Pozo Amarillo, el fraile agustino escuchó los gritos desesperados de una mujer que imploraba ayuda porque su hijo se había caído en un pozo. El clérigo se acercó y desató su hábito, arrojó su cíngulo, pero éste resultó corto para ser alcanzado por el pequeño. Comenzó a rezar y el agua subió tanto que el niño no tuvo problemas en agarrarse al extremo y así, el religioso pudo salvarle la vida.

Relato del milagro ocurrido en la calle Pozo Amarillo.

Y siguiendo con gritos, en esta ocasión de una muchedumbre, aconteció otro milagro del santo patrón. Cuando se acercó al lugar donde comenzaba el algarabío se encontró que un toro estaba causando pánico. El santo le enfrentó y le gritó “tente, necio”, logrando que el animal se calmara y permitiera que lo llevaran al corral de dónde había escapado. Y dando así nombre a la calle que desemboca casi, casi en el Puente Romano desde la Catedral.

El tercer milagro para los salmantinos fue librar a la ciudad de la peste del tifus negro con sus oraciones.

En 1601 fue beatificado por el Papa Clemente VIII y canonizado por Alejandro VIII en 1691. Desde 1868 es el patrono de Salamanca.

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