Opinión

Mañico

 

Hurgando en el baúl de los recuerdos he encontrado unas fotos que me hicieron cuando tenía casi 5 años. Por entonces no llevaba aquellas gafas que ocultaron mis ojos hasta que pasé de los 47. Bueno, no, porque en los 3 últimos ni con ellas puestas podía ver bien.

Martes de Carnaval (10 de febrero de 1948), en la plaza de San Gregorio, hoy de Chueca (Madrid) (Foto-Cine Marset).

Os contaba en mi ocurrencia anterior mis recuerdos infantiles sobre los carnavales madrileños, en los que estaba prohibido ocultar el rostro en la calle. Pero no que una vecina, Angelines, se empeñó en vestirme, a mí y a su sobrina Marisina, de maños.

Por aquel entonces yo era el rey de toda aquella casa de la calle Augusto Figueroa –donde, por cierto, había nacido Enrique Jardiel Poncela–, tan entrañable, donde todas las puertas de las viviendas estaban siempre abiertas para todo el que quisiera entrar. ¿Habéis visto la extraordinaria película ¿Las bicicletas son para el verano? En ella se refleja muy bien la gran solidaridad entre todos los vecinos durante la guerra, motivada por las dificultades y sinsabores que todos padecían. Pues algo así, pero aún más marcado, era aquella casa que me vio nacer, con sus alegrías y sus penas, que todos compartían. ¡No es ficción! ¡Yo lo viví!

Angelines llegó allí, con sus padres y hermanos, cuando yo tenía dos años. Los recuerdo como grandes “forofos” del Real Madrid, en cuyas dependencias estaban colocados algunos de ellos. Inmediatamente pasó a ser como una más de la familia, y yo su “niño de la bola”. ¡Me quiso durante toda su vida! Muchísimas noches, después de cenar, subía a jugar con mi madre al “Mandarín“. A veces también participaba yo, pero no muchas, porque siempre las ganaba.

Martes de Carnaval (10 de febrero de 1948), en la puerta del Retiro (Madrid) (de un fotógrafo callejero).

Un martes de carnaval –creo que fue en 1948–, Angelines, Petri y mi prima Ángeles, que por entonces estaba en Madrid, nos vistieron, a Marisina y a mí, de mañicos. Nos sacaron de paseo, no recuerdo por donde, pero sí que nos hicieron unas fotos, una en la cercana plaza de Chueca, que entonces no se llamaba así, sino de San Gregorio –¿qué nombre la pondrán en el futuro?–, y otra en la entrada del Retiro, la que está al lado de la Puerta de Alcalá. Había allí un fotógrafo callejero fijo, con su trípode y todo lo necesario para el revelado rápido. La foto de la Plaza de San Gregorio nos la hizo un gran profesional, amigo de mis padres, que tenía su estudio en la calle Fernando VI. Algún día os contaré algunas anécdotas en relación con este personaje.

¡Qué tiempos! Como casi nadie tenía una cámara fotográfica algunos que sí la tenían vivían de ella, haciendo su trabajo por las calles. Los recuerdo en la de Alcalá, en Correos con las típicas palomas, en la Puerta del Sol, en la Plaza Mayor, dentro del Retiro, es decir, en los sitios emblemáticos. ¿Quién no tendrá alguna foto hecha por estos fotógrafos ambulantes, símbolo perdido y poco recordado de aquellos alegres –aunque ahora muchos dicen que eran tristes– años?

Ofrenda Floral de los Enfermos de Alzhéimer (AFA) a la Virgen de la Vega (13 octubre 2014). Catedral Vieja, Salamanca.

Pero, contemplando esa foto tan entrañable, tan antigua, en la que estoy con Marisina, cogido de la mano de Angelines, –¡que guapísimo estaba yo entonces, vestido de maño!–, se pone uno a pensar en las vueltas que da la vida. ¿Qué habrá sido de Marisina? Mi último recuerdo de ella es de cuando tenía dieciséis años. ¿Dónde estará? ¿Tendrá hijos, nietos, o será célibe o monja, o…? De Angelines, sé que se fue hace ya muchos años al Cielo, llevándose todo el cariño que puso en mí.

Nunca más me volví a vestir de maño ni de otra cosa. Y, pensándolo bien, me hubiese gustado hacerlo, pero de CHARRO. ¿Sabéis cuándo? ¡Pues está claro!: el día que Pili aún pudo ofrendar a la Virgen de la Vega, Patrona de Salamanca, un ramo de flores en nombre de los Enfermos de Alzhéimer. Ella sí iba ataviada y guapa como nunca, como debía ser en tan señalada ocasión. ¡MI CHARRITA!

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One Comment

  1. Gracias, Emiliano, tus escrito es un canto a la vida que nos va cambiando sin prisa pero inexorablemente. Dejas claro que la vida va dejando un rastro de cariño y que suerte que te tengamos a ti para evidenciarlo con tu prosa llana y entrañable. Un abrazo, Ilde

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