Opinión

O Menino da Cartolinha

 

Miranda do Douro es una ciudad fronteriza portuguesa muy agradable y acogedora. Había estado en ella muchas veces, pero ocurre como con todo: hace falta que alguien te explique las cosas para que de ellas te enteres. O lo lees…

 

En cierta ocasión estaba allí, por la mañana, con los Amigos del Camino de Santiago, de Zamora, para participar por la tarde en la Romería de los Viriatos, de Fariza. Un amigo nos enseñó la Catedral con detenimiento, hablándonos de la curiosa historia de sus obispos. Uno de ellos, en el XVIII, decidió trasladar la Sede a Braganza. Hubo, después, diversos avatares y hoy es una única diócesis con dos concatedrales. Pero los mirandeses, despechados, no quieren ni oír hablar de aquel que quiso irse…

Capilla del Menino Jesús da Cartolinha.

Esto me recuerda algo que me contaron hace muchos años. Por lo visto el nombre de Diego está proscrito para los nacidos en el Occidente del Principado de Asturias. ¿Sabéis por qué?

Parece ser que hubo un mandamás con ese nombre, «el conde Diego», que cometió muchas iniquidades o, al menos, pretendió hacerlas. Una de ellas fue que quiso castrar a todos los vaqueiros de alzada para que no se reprodujesen, por considerarlos una raza inferior. No sé si será cierto o se trata de una leyenda de Los Oscos y las Brañas, pero así me lo contaron.

Bien. Pues volviendo a Miranda do Douro, en aquel feliz día nos enseñaron la capilla de O Menino da Cartolinha, que está a la derecha del altar principal de la Catedral.

En 1711 las tropas españolas estaban asediando la ciudad, que estaba a punto de capitular tras un intenso bombardeo. La victoria estaba ya al alcance de las huestes invasoras cuando sobre las murallas apareció un niño resplandeciente, vestido de fidalgo cavaleiro.

O Menino da Cartolinha.

Aquello enardeció a los defensores que, con gran empuje, embistieron a los españoles y estos tuvieron que retirarse.

Nadie encontró ni supo decir quién era aquel Menino, achacando la victoria a un milagro celestial. Agradecidos, los mirandeses tallaron una imagen que fue llevada con toda veneración a la Catedral, donde se cantó un tedeum. Una mujer le vistió, según la tradición, arreglando la ropa de su novio, un soldado portugués muerto en la batalla. Desde entonces las donaciones han sido muy frecuentes. A finales del siglo XIX se le cubrió con la famosa cartolinha, un sombrerito de copa como símbolo de jerarquía militar y cívica.

Desde entonces está allí, en una gran vitrina iluminada, y los mirandeses se encargan de cambiarle de ropa cada cierto tiempo, conservando, colgadas en las paredes, todos sus trajecitos.

Cuando oí aquello se me ocurrió que el milagroso Niño podía ostentar en su guardarropa el atuendo de un peregrino de Santiago. Se lo propuse al presidente de la Asociación, Alfonso Ramos de Castro, que acogió la idea con entusiasmo.

El 14 de mayo de 2006 fue el día señalado para cumplir este deseo de los peregrinos de Zamora. Después de una mañana de marcha a pie, que nos sirvió para conocer las «Chiviteras» de Torregamones (Zamora), construcciones ingeniosas para defender al ganado de la depredación de los en otros tiempos abundantes lobos, llegamos a Miranda do Douro.

Monumento a los Mirandeses.

La sorpresa para muchos de nosotros fue que aquel día era Grande en Portugal: se celebraba nada menos que la Aparición de la Virgen de Fátima, fiesta con desfile en la que participaba toda la población. La Catedral estaba llena, pero la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Miranda, cuyo presidente resultó que era mi amigo el arqueólogo Herminio Augusto Bernardo, nos tenía reservado un espacio y una hora para hacer la ofrenda del bordón con la calabaza, la concha y la capela al Menino. Como no pretendíamos que el Menino se quitase la Cartolinha, no le llevamos el sombrero de ala ancha

Me correspondió a mí el honor de hablar. Pero no pude hacerlo por la gran emoción que atenazó mi garganta. Sólo pude dar las gracias por la protección que le achaqué al Menino en un reciente trance de salud, que pasé favorablemente.

Después he vuelto varias veces a Miranda y siempre tuve tiempo para ir a saludarle y ver el atuendo jacobeo entre las otras prendas. Lo que no he conseguido ver es al Menino vestidito con ellas. ¡Quizás sería una buena ocasión celebrar algún acto en el que participasen todas las Asociaciones para verle ataviado con ellas!


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