Opinión

Sobre polemología (IV)

Volvemos a nuestro artículo en curso, “Sobre Polemologia”; ya en su IV entrega, en la que encontraran los lectores a Napoleón Bonaparte y a Carl von Causewitz.

Napoleón Bonaparte

Napoleón (corso, nacido en Ajaccio en 1769, y muerto en Santa Helena en 1821) es tenido como el mayor genio militar, y su carrera desde teniente del ejército revolucionario francés que se dio a conocer públicamente en el sitio inglés de Tolón, fue meteórica hasta llegar a Emperador de Francia (1802). Napoleón resumió sus pensamientos sobre la guerra en una serie de máximas que en buena medida recuerdan las de Sun Tzu:

  1. Los Estados tienen por fronteras o anchos ríos, o cadenas de montaña o desierto. De todos estos obstáculos que se oponen a la marcha de un ejército [su experiencia en España], el más difícil de superar es el desierto; después las montañas [los Alpes para entrar en Italia], y luego los anchos ríos [Rusia].
  2. Al formar un plan de campaña debe preverse lo que el enemigo puede hacer, y apercibirse de todos los medios necesarios para hacerle oposición. Pueden los planes de campaña modificarse hasta el infinito, según las circunstancias: el genio del Generales se ve en el carácter de las tropas, y la superación de la topografía del teatro de la acción.
  3. El ejército que emprende la conquista de un país tiene sus dos alas, o apoyadas en territorios neutrales, o en grandes obstáculos naturales, como son ríos o cadenas de montañas. En algunos casos sucede que una de las alas tiene estos apoyos, y otras veces las dos están descubiertas. En el primer caso, es decir, cuando ambas alas están protegidas, tiene el general solamente que atender a su frente para no ser roto. En el segundo caso, cuando una sola de las alas está apoyada, debe descansar en ella. En el tercero, cuando ambas están descubiertas, debe depender de un una formación central, y no permitir que los diferentes cuerpos de su mando se aparten de ella, porque si dificultoso es pelear teniendo dos flancos expuestos.
  4. Cuando emprenden la conquista de un país dos o tres ejércitos, que obran separadamente hasta llegar al punto fijado para su concentración, debe sentarse principio, que la unión de sus diferentes cuerpos no debe efectuarse cerca del enemigo.
  5. Deben regirse las guerras por ciertos principios, pues cada una ha de tener un objeto marcado, y llevarse a término según las reglas del arte militar. Deben emprenderse solamente contando con fuerzas proporcionadas a los obstáculos que se han de vencer.
  6. Un ejército debe estar dispuesto todos los días, todas las noches, y todas las horas del día y de la noche, a oponer toda la resistencia de que es capaz. Con este objeto, el soldado debe estar siempre provisto de armas y municiones; la infantería no debe estar sin su artillería, caballería y generales; y las diferentes divisiones del ejército deben estar constantemente en estado de sostener, ser sostenidas y protegerse mutuamente.
  7. Al principio de una campaña, es materia de grave consideración si se debe avanzar o no; pero, una vez tomada la ofensiva, hay que sostenerse hasta el último trance. Por diestras que sean las maniobras de una retirada siempre debilitan la moral de un ejército, que pierde las oportunidades de conseguir un feliz éxito, mientras el enemigo las tiene casi seguras.
  8. Un general en jefe debe preguntarse frecuentemente durante el día: ¿Qué tendría yo que hacer si el ejército enemigo apareciese ahora en mi frente, a mi derecha o a mi izquierda? Si tiene dificultad de responder a estas preguntas, la posición es mala y hay que remediarla.
  9. La fuerza de un ejército, como la potencia en mecánica, se estima multiplicando la masa por la velocidad; una marcha rápida aumenta la moral de un ejército y también sus medios de victoria.
  10. Cuando un ejército es inferior en número, en caballería y artillería, es esencial evitar una acción general. La inferioridad en número debe suplirse con la rapidez del movimiento, la falta de artillería con la naturaleza de la maniobra y la inferioridad en la caballería con la buena elección de posición. En tales circunstancias, la moral del ejército hace mucho.

En frente a con las máximas de Napoleón, cabría recordar aquí las palabras que dijo el Almirante Nelson antes de la batalla de Trafalgar, y que se transmitieron a toda la marinería inglesa por código de banderas: “En esta ocasión, Inglaterra espera que todos cumpláis con vuestro deber”. Una máxima, o mantra, que en pocas palabras sintetizó todo un código de conducta. Y que no en vano se utiliza también en estado de las empresas en las Escuelas de Negocio.

Carl von Clausewitz

Terminamos los rudimentos de polemología que aquí proponemos en el capítulo 1 del Informe con un autor legendario por las muchas veces que se cita: Carl von Clausewitz (Burg, ducado de Magdeburgo, 1 de junio de 17801? – Breslau, Silesia, 16 de noviembre de 1831), autor del célebre libro De la Guerra.

Militar prusiano, fue uno de los más influyentes historiadores y teóricos del arte militar moderno, que aborda en su tratado De la guerra, en el que aborda, a lo largo de ocho volúmenes un análisis sobre los conflictos armados, desde su planteamiento y motivaciones hasta su ejecución, abarcando comentarios sobre estrategia, táctica, y filosofía. Sus obras influyeron de forma decisiva en el desarrollo de la ciencia militar occidental, y se enseñan hoy día tanto en la mayoría de las academias militares del mundo como en cursos avanzados de gestión empresarial y marketing.

La obra, cuyo título original es Vom Kriege, fue escrita en su mayoría tras las Guerras napoleónicas, entre los años 1816 y 1830, y es en realidad una obra incompleta; Clausewitz se propuso revisar sus propios manuscritos en 1827, pero murió antes de poder finalizar la tarea, y el libro fue publicado póstumamente por su esposa en 1832. Ha sido traducido a numerosos idiomas, y es uno de los libros más conocido mundialmente, además de ser de lectura obligada en varias academias militares.

Los ocho libros (los dos últimos quizás en estado borrador, debido a la muerte prematura del autor), cabe sintetizarlos así:

  1. Sobre la naturaleza de la guerra. Desarrollado en ocho capítulos. Se trata del único libro completo, o que por lo menos tuvo aceptación completa por parte del autor. Es uno de los más prolíficos en conceptos e ideas de todo el libro, en él se define el objeto mismo de la guerra (escindiendo claramente entre el fin militar y el político). Para ello aborda tres partes: imponer la voluntad al enemigo, usar como medio la máxima fuerza disponible, privar al enemigo de su poder. Menciona la angustia por la brutalidad como un elemento inhibidor del uso de los medios, indicando que el principio de moderación aplicado a la guerra conduce al absurdo.
  2. Sobre la teoría de la guerra. Desarrollado en seis capítulos. En este libro se dirime entre la táctica (estudio del empleo de las fuerzas en el combate) y la estrategia (el estudio del empleo de los combates para alcanzar el objetivo de la guerra). Realiza una comparativa entre estudiosos anteriores, apreciando diferencias entre ellos. Propone el estudio de la teoría de la guerra haciendo un balance entre medios y fines, trata la cuestión de si la dirección de la guerra es un arte o una ciencia (para él es un choque de intereses y actividades humanas), afirma la inexistencia de leyes precisas (o predecibles) en la guerra.
  3. Sobre la estrategia en general. Compuesto de dieciocho capítulos. En este libro indaga en el significado más profundo del genio militar. Muestra que la ventaja aislada del enemigo no debe tenerse en cuenta, sino el balance final. Analiza los factores morales, el espíritu militar, la audacia del comandante, la brillantez (menciona que un comandante brillante ha ganado un combate a un oponente inferior aunque numéricamente superior), el factor sorpresa (la sorpresa está en el origen de todas las operaciones sin excepción), la astucia o el uso de estratagemas, el estudio de la concentración de fuerzas en el espacio (no hay patrón más alto que el de mantener las fuerzas concentradas), el empleo de las fuerzas en el tiempo, la economía de fuerzas y la reserva estratégica.
  4. El combate. Compuesto de catorce capítulos, se preocupa de la actividad militar esencial durante el combate, desde la perspectiva de los invariables: la economía y la concentración de fuerzas. Se pregunta por la esencia de comprender dónde está el límite para acabar con el enemigo, analizando la cuestión desde diferentes factores como puede ser la pérdida de territorio, de vidas humanas o materiales.
  5. Las fuerzas militares. Consiste en dieciocho capítulos. Trata de múltiples áreas relacionadas con la historia militar, del aprovisionamiento de los ejércitos, de la logística y de temas similares, las líneas de comunicaciones, de la estrategia de las posiciones elevadas, etc.
  6. La defensa. Es una publicación de treinta capítulos. Clausewitz defiende la defensa como una de las formas más importantes a considerar de la guerra, la economía de las bajas, las fortalezas, el principio de apoyo de la población. Describe en estos capítulos una batalla imaginaria basada en las tácticas de entonces.
  7. El ataque. Solo un bosquejo
  8. Planes de guerra. Idem.

Clausewitz es, pues, el último de los grandes clásicos de la polemología.

Y después de tan exaltados protagonistas de del gran corso, guerrero  toda la vida,y  el gran estudioso del conflicto politica-guerra, dejamos el final de esta serie para el próximo artículo. Cuando tendremos un verdadero broche de oro, con el enunciado de de los propósitos del gran filósofo alemán Immanuel Kant, sobre la paz perpetua.

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