Opinión

Para echarse a temblar

La actual camada de políticos tiene, por lo común, pocos méritos que avalen su idoneidad para llevar las riendas de nuestro ayuntamiento, comunidad autónoma y país.

Pertenecen a una generación sin bagaje profesional, que hicieron de la política su medio de vida, para lo que solo hacía falta tener mucha paciencia y pocos escrúpulos.

Es un oficio poco exigente con ellos, porque cada vez suele llegar más alto el más inútil y trepa, y muy generoso en la recompensa que conllevan los cargos casi siempre bien remunerados a los que aspiran, con un sueldo bastante mejor del que podrían aspirar a tener en el mercado laboral de la empresa privada  y sin tener que trabajar duro para aprobar una oposición libre de sospechas de amaño en el sector público.

Llegan con la mochila vacía de méritos y suplen esa carencia con una ambición desmedida y ahora también con títulos académicos para tratar de deslumbrarnos (algunos ni eso).

Posiblemente no hayan improvisado nada y desde el principio hayan incluido en su estrategia inflar sus currículos y, en los casos más graves, hayan caído en la tentación de meterse en los circuitos VIP que les permitían conseguirlos por el morro, como Casado, Cifuentes y la exministra de Sanidad.

Creían que hacían una obra de arte con su engaño para vivir bien sin dar un golpe al agua, pero en realidad estaban edificando su descrédito. Nos estaban contando todo lo que ocultaban sus currículos manipulados.

Nos han hecho ver que son un fraude, incluso consigo mismos, algo que cada uno de nosotros traduce instintivamente en desconfianza hacia alguien que pretende llevar las riendas de nuestro ayuntamiento, comunidad autónoma o país. Si mienten en eso, qué no serán capaces de hacer desde sus despachos. Es para echarse a temblar.

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