Cultura

Neguentropía, de Ander Balzategui gana el concurso ‘San Silvestre Salmantina’

El segundo premio del concurso de microrelatos fue para Patricia Collazo y el tercero para Modes Lobato

 

 

Neguentropía, de Ander Balzategui gana el concurso ‘San Silvestre Salmantina’. El segundo premio del concurso de microrelatos fue para Patricia Collazo y el tercero para Modes Lobato

El número de relatos presentados fue 279 y el jurado valoró positivamente el incremento respecto la edición anterior y la presencia de destacados microrrelatistas que contribuyen a la consolidación del certamen de Microrrelatos Concurso ‘San Silvestre Salmantina’

Microrelatos

Ganador: Neguentropía, de Ander Balzategui Juldain

Aplicó todos sus conocimientos científicos. Minimizó a lo imprescindible la ingesta calórica, estudió el gradiente térmico en función del recorrido y de la previsión meteorológica, monitorizó el ritmo cardiaco, el nivel de ácido láctico en el músculo y del calcio en la sangre, y redujo el rozamiento de sus mallas y zapatillas a valores inapreciables. Se había propuesto un objetivo, reducir al mínimo el aumento de la entropía, la pérdida inútil de energía. Todo iba perfecto hasta que llegó a la Glorieta de los Milagros, allí se le cruzó una variable inesperada, tropezó con él, desestabilizó su ritmo, y para más inri, se puso a darle conversación. Por no ser descortés con la variable permitió que la entropía aumentase exponencialmente. Más tarde vendría lo de despejar la variable y casarse con ella, pero ésa es otra historia.

Segundo clasificado. ¿Está usted seguro de que desea eliminar la Carpeta “Fotos San Silvestres” de forma permanente?, de Patricia Collazo González

No sabe qué tecla apretó por error, pero la ventana ha preguntado, se ha contestado y ha desaparecido, sin darle tiempo a escoger respuesta. Con el corazón en un puño, abre el explorador. La carpeta no está. No lo puede creer. En esa carpeta guardaban las fotos de las últimas cinco San Silvestres. Desde aquella en que se conocieron, hasta la última en la que corrieron empujando el cochecito de Alba. Se pone en pie con dificultad, como si el cuerpo le pesara más y recorre el pasillo con las piernas agarrotadas. – Cariño… ¡no sabes lo que ha pasado! Pero al llegar al cuarto, la cuna de la niña ha desaparecido, la cama está vacía, y tiene solo una plaza. Los retratos se han esfumado. Y el anillo que hasta hace un momento adornaba su mano izquierda, descansa junto a otro, desconocido, sobre la mesilla de luz.

Tercer clasificado. Melodía de libertad, de Modes Lobato Marcos

Quería morir. Ella sólo quería morir. Estaba harta de espacios cerrados, olor a rancio y días sin sol. Estaba agotada de moverse y girar, volver a moverse y volver a girar en un bucle infinito, y hasta la última molécula de su ser suplicaba poner fin a semejante tortura. Y sabía que de nada sirve lamerse las heridas cuando el dolor dibuja interrogantes en el alma. Por eso esta mañana, haciendo un esfuerzo sobrehumano, logró por fin romper el mecanismo que la condenaba a una vida miserable. Después empezó a correr por las calles de la milenaria ciudad, y así, con los pies ensangrentados y una sonrisa en su boca, la bailarina se alejó para siempre de aquella maldita caja de música.

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