Opinión

Un Hamlet político (I): las cinco renuncias de Cambó

La situación política en Cataluña, el soberanismo rebelde contra la Constitución, con práctica tolerancia del Gobierno de la Nación en pago a los votos recibidos por Sánchez para su mandato, ha traído en estos tiempos el recuerdo de Francesc Cambó. El político catalán que predicó la concordia, por mucho que a veces se le viera en la contradicción de ser como un Simón Bolívar para su tierra catalana, y un Bismarck para la España grande que preconizó en tiempos.

Precisamente a propósito de estas circunstancias, y con ocasión de participar en la presentación del reeditado libro sobre Cambó de Ignacio Buqueras (Editorial Almuzara), en el Ateneo de Madrid, el pasado 19 de diciembre, me referí a la figura de Cambó. Y lo hice, fijándome en varias renuncias a hacerse con la verdadera lideranza política de España entera, cuando así se lo ofrecieron ciertos momentos y en más de un caso, la invitación expresa del rey Alfonso XIII. Veremos a continuación esos diversos momentos:

PRIMERA RENUNCIA. LA SEMANA TRÁGICA (1909)

Los graves sucesos en Barcelona, de protestas obreras por las levas para la guerra de Marruecos y el asesinato del líder obrero Salvador Seguí (el noi del sucre), cogieron a Cambó en París, en tiempo de estudios y tal vez de negocios. Prefirió seguir allí los episodios, desde su observatorio relativamente lejano, en vez de volver a Barcelona para tomar partido, pronunciándose contra una guerra que no convenía a la nación, y una situación de crisis política del régimen monárquico, todavía en grado controlable.

SEGUNDA RENUNCIA, LA DE 1917

La crisis general de 1917 fue otra ocasión en que el político catalán no se decidió a ser el líder de un cambio a la verdadera democracia. En plena Primera Guerra Mundial, con el Parlamento cerrado, Cambó planteó al presidente del Gobierno, Eduardo Dato, la necesaria reunión de las Cortes. Y ante la negativa de éste, los catalanistas organizaron, para principios del mes de julio, una “Asamblea de Parlamentarios” a celebrar en Barcelona.

Lo que realmente se solicitó entonces era la formación de un gobierno provisional, y la puesta en marcha de un nuevo proceso constituyente para transformar España, a partir de la vieja restauración en total declive tras el desastre de 1898 y la semana trágica de 1909. Pero la Asamblea, a pesar de propósitos tan razonables –o precisamente por ello— fue disuelta por Dato el 19 de julio, sin mayor protesta por parte de Cambó en un contexto complejo como el que pasamos a ver.

Porque la referida Asamblea de Parlamentarios convergió con la inquietud sindical por el importante aumento de los precios de consumo mientras permanecían sin cambios los salarios, en lo que se llamó la “crisis de las subsistencias”.

A lo cual se unieron las reivindicaciones de las denominadas “Juntas de Defensa”, de los militares de las guarniciones de la península, frente a los privilegios que el rey y su gobierno otorgaban a los militares destinados en África, los “africanistas”, en general los más retrógrados políticamente hablando.

Toda esa situación tenía como ambiente internacional los sucesos de Rusia, en medio de revoluciones de febrero y de octubre de 1917. Lenin era popular entre los obreros de todo el mundo, y la huelga revolucionaria de 1917 se vislumbró como el arma para ultimar a la burguesía española.

La chispa fue un simple conflicto ferroviario en Valencia, que se mantuvo latente desde finales de julio, y que al final, el 9 de agosto, se vio agravado cuando la UGT se lanzó a la huelga en emulación con los anarquistas de la CNT. De modo que la revuelta ya conjunta de ambas centrales sindicales, se vio reprimida por la Guardia Civil y el Ejército, saldándose los sucesos con 70 muertos.

En esa situación, las Juntas de Defensa no se mostraron a favor de ningún cambio revolucionario, olvidándose de los obreros. Los parlamentarios, la inmensa mayoría, tampoco se decidió a apoyar a los trabajadores. En definitiva, Cambó fue la expresión misma de un catalanismo burgués y pactista con el poder central, que no compartía las justas reivindicaciones obreras. En otras palabras, el líder catalanista no supo asumir lo que habría sido una ocasión única de polarizar la protesta y conseguir un importante cambio político para el que España parecía haber madurado ya.

TERCERA RENUNCIA Y PRIMERA NEGATIVA AL REY

Borboneado, de hecho, el presidente del Consejo de Ministros Sánchez Guerra en 1922, Alfonso XIII llamó a Cambó, para consultas, recibiéndole en la mañana del 30 de noviembre de ese año. Para otorgarle el poder total, por haberse ganado la confianza del monarca cuando fue ministro de la Corona en dos ocasiones “gobiernos nacionales” de Don Antonio Maura: en 1918 al frente de Fomento, con buen hacer en materia de ferrocarriles, carreteras y electrificación; y en la primera parte de 1922, como ministro de Hacienda, con dos operaciones legislativas importantes, la llamada “Ley de quiebras” y el arancel aduanero proteccionista que históricamente lleva su nombre.

Es cierto que el rey exigió que “Cambó debería domiciliarse en Madrid; y españolizarse”, para no centrar toda su actividad en lo referente a la autonomía de Cataluña, y el proteccionismo industrial. Lo cual exasperó al candidatable, que dio una rotunda negativa al monarca. En ese momento, le faltó a Cambó decisión, cuando tenía al alcance de la mano el poder, y lo rechazó por una pretendida afrenta personal.

LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

La consecuencia de esa negativa fue en cierto modo que tras una débil situación gubernamental, el rey borboneó al presidente de turno, García Prieto, y aceptó de hecho la dictadura que en pocos meses se impondría con el golpe de Estado del General Miguel Primo de Rivera (1923), con plena aquiescencia del jefe del Estado, que se autocondenó a lo que luego sucedería, pasados unos años, de gobierno dictatorial, con indudables consecuencias positivas, como el final de la guerra de Marruecos, y el crecimiento económico durante seis años al 4,4 por 100 acumulativo.

La noticia del comienzo de la dictadura, le llegó a Cambó navegando en su yate personal por el Mediterráneo Oriental. En tan distantes latitudes, con algunas palabras en francés y otras que le intentaron traducir de un dia­rio turco, se dio cuenta de lo que había ocurrido en España. Sin embargo, en vez de retornar para defender el orden constitucional, continuó su viaje: Priene, el Bajo Meandro, Kovello, Halicarnaso, la isla de Thera, y vuelta al Pireo. Sólo en Atenas se dio por enterado de lo ocurrido, aunque aún tardaría en volver a Barcelona. Durante la dictadura (septiembre de 1923/enero de 1930), Cambó se mostró bastante favorable al general, y llegó a darle verdadero apoyo, discutiéndolo sólo algunas cuestiones económicas, y especialmente monetarias. Incluso dejó claro que “la dictadura nació en Barcelona, donde la demagogia sindicalista tenía una intensidad y una cronicidad intolerables. Y ante la cual, fallaron los recursos normales del poder, las defensas de la sociedad”.

Seguiremos la semana próxima, iniciando entonces la entrega con la “Cuarta renuncia de Cambó al poder”.

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