Opinión

Miguel Escudero: “Sostiene mengano”

Ediciones Carena, Barcelona, 2019
Un comentario de Ramón Tamames

Pocas veces dedicamos este espacio a comentar libros. Pero la verdad es que hoy no he podido resistirme a hacerlo, porque el pasado lunes 18 de marzo, estuve en la Casa del Libro de la calle Fuencarral de Madrid (bonito escenario), contribuyendo a la presentación de la última obra de Miguel Escudero, junto con el editor de Carena, y Francesc de Carreras.

Ese libro de Miguel Escudero, Sostiene Mengano (Ediciones Carena, Barcelona), es una especie de antología de personajes más o menos conocidos, por él mismo, o indirectamente por su conocimiento de la Historia, la Filosofía, la Política, etc. De modo que de cada uno de ellos extrae una tesis o proposición, para comentarla en positivo o negativamente, las más de las veces a favor.

Escudero divide sus personajes en tres grupos: I. Sociedad, Ciencia y Arte; II. Pensamiento y Literatura; III. Historia y Política, con 37, 70 y 67 nombres, respectivamente, habiendo seleccionado yo 7, 7 y 1, también en respectiva. En total, 174 autores, con quince seleccionados por mí, con el tercer grupo, todos vivos. Y es que Miguel Escudero es muy valiente, al calificar a sus coetáneos y vecinos, y yo respeto lo que él dice. Pero no quiero opinar sobre los seres vivientes y molientes, que podría encontrarme en Madrid o Barcelona, por la calle o en alguna conferencia o cosa más entretenida.

Obviamente, el título del libro está relacionado con el Sostiene Pereira, del escritor italo-luso Antonio Tabucchi, y será interesante subrayar que Mengano –dentro de Fulano y Zutano—, significa quien sea, originariamente del árabe.

De mi particular selección, el primer caso es Isabel COIXET, cineasta, de quien –aparte el interesante filme La librería—, vi en Shanghái, en 2010, su presentación fílmica en El cesto, el pabellón español en la Exposición Universal. Evocó Doña Isabel, y lo hizo muy bien, a España para chinos, con mucho color y gracia y de manera muy movida. Sobresaliente.

Segundo, José Ignacio GONZÁLEZ FAUS, teólogo, exégeta de “La religión es el opio del pueblo”, de Karl Marx, una frase que es de puro consuelo caritativo y no de desprecio sino para el capitalismo. Engels incluso quiso incorporar a los cristianos a la lucha obrera, y Lenin dijo: “Los comunistas de hoy somos como los cristianos primitivos, pero con ametralladora”.

Tercero, Concepción ARENAL, educadora magistral, de los siglos XIX-XX españoles, partidaria de corregir y cambiar al delincuente. A veces con excesivo celo en ello, porque la maldad a veces más que merece el castigo, que algunos ven como la venganza de la sociedad, más o menos. Ya lo dijo Shakespeare: la distancia entre justicia y venganza es muy tenue.

Cuarto, Santiago RAMÓN Y CAJAL, histólogo y Premio Nobel de Medicina de 1906, ya se sabe. Y de acuerdo con Cajal, que vio en la educación la forma de acabar con la torpeza: hay que ayudar al torpe para que deje de serlo. Una gran enseñanza de Don Santiago, que vio en las neuronas, con sus sinapsis, algo más que meras conexiones electronizadas.

 Quinto, Federico GARCÍA LORCA. Evocado por Miguel Escudero, nació en 1898, el año del Desastre. Murió en 1936, 18 de agosto, al comienzo de otro Desastre, aún mayor: la Guerra Civil. Con sólo 38 años. ¿Qué habría hecho si hubiera llegado a los 80? Sin duda, la tragedia le hizo el mayor héroe soñador de nuestra Literatura en la Historia universal.

Sexto, Don José ORTEGA Y GASSET le dice a Miguel: “Yo tengo, quiera o no, que justificar ante mí cada uno de mis actos. La vida humana es, pues, a un tiempo delito, reo y juez”. Una frase terrible, pero que da sentido a la vida. Si has tenido el privilegio de nacer, tienes el deber kantiano de aprovechar la vida para el bien.

Séptimo, Thomas MANN. Quiso una Alemania europea y no una Europa alemana: la antítesis de Hitler, en vez de Deutschland über (Alemania sobre todo lo demás), y Gott mi Uns, Dios entre nosotros, de la Wehrmacht (Ejército). Más templado, Mann propuso las densas y sorprendentes conversaciones entre Naphta y Settembrini en su Montaña mágica, que sigue siendo la mejor novela del siglo XX.

Octavo, Zenobia CAMPRUBÍ, la esposa de Juan Ramón Jiménez, y entre otras cosas traductora de Rabindranath Tagore, sostenía que a medida que pasaban los años se daba cuenta de que amaba más y más: “¡cuánta alegría me ha dado en la vida la hermosura! ¡Gracias a Dios las mejores cosas no cuestan nada! ¡Qué paz y qué tranquilidad! ¡Quisiera poder estirar esta vida hasta el infinito!”. Coincidencia plena. Pero aclarando que la suya fue una vida de rara beatitud, porque la vida es mucho más complicada y dura que el Platero y yo. Y ella, en el fondo, también lo sabía.

 

Noveno, Julián MARÍAS, filósofo, discípulo clave de José Ortega y Gasset, dijo: “Los catalanes, ciertamente, tienen un hondo apego personal por su lengua privativa y la mayoría de ellos tienen una casa lingüística de dos pisos con posibilidades propias, el primero para la vida cotidiana, pasan en él muchas horas del día. Pero suben con toda frecuencia y normalidad, muchas veces al día, al segundo, y cuando lo hacen siguen en casa”. Dos lenguas propias en definitiva: bien dicho y con la industria editorial de la lengua en Cataluña y España entera, sobre todo con el segundo piso, con el castellano (idioma antiguo según la RAE) o español (la lengua de hoy, que es de toda España). Es una razón más para que muchos vuelvan a la Constitución votada por el 68 por 100 de los mayores de edad en Cataluña en 1978, con un sí del 92.

Décimo, Salvador PANIKER, pensador. Fue empresario, editor, escritor, ingeniero y filósofo y gran amigo de servidor, Ramón Tamames. Aplicó el modelo retroprogresivo en sus dietarios: “anécdota y reflexión”. Publicaba esos sus escritos memoriales con varios años de retraso, poniendo a prueba la sentencia de Wittgenstein: “quien vive en el presente, vive eternamente”. Proclamaba la carencia de identidad fija: “Yo me invento a mí mismo con cada decisión”. Decididamente, fue un lúcido cabalgador del propio corcel de su propio yo, en Adiós a casi todo, un artículo que salió publicado pocos días después de su muerte. Se definía como agnóstico místico. Sí señor: él era lo que él quería ser. Creía en lo que creía, y podría decir, incluso, que no se declaró budista porque ya lo era su hermano, y no quería coincidir y menos aún competir.

Undécimo, Josep PLA, también le conocí, por correspondencia. Reflexivo, un poco payés y siempre irónico. Pla concluyó para su obra en casi tres mil artículos escritos en Destino, afirmando: “la literatura es siempre una huida del tedio, y yo he combatido el aburrimiento emborronando papeles”. Yo leí muchos de esos artículos en Inca, Baleares, en la biblioteca de La Caixa, durante los seis meses que viví allí, haciendo las prácticas de la Milicia Universitaria. ¡Cuántos viajes proyecté leyendo a Pla! Casi tantos como leyendo La vuelta al mundo de un novelista de Vicente Blasco Ibáñez.

Duodécimo, Luigi PIRANDELLO. Le leí muy joven, en El difunto Matías Pascal, texto en el que afirmó algo lapidario: la vida o se vive o se escribe. Disiento de ello: lo bueno es vivir la vida, y luego escribirla. En Más que unas Memorias (RBA, 2013), yo conté lo que quise de mí mismo: lo mejor que me pasó en la vida. ¿Para qué iba a contar miserias y padecimientos varios?

Decimotercero, Miguel HERNÁNDEZ. El gran poeta. En el 2017 se cumplieron 75 años de su. Sergio Vila-Sanjuán ofreció la primicia de un texto inédito del poeta alicantino, una elegía a la muerte de su amigo Manolo, “aguador ahogado”. También podría haber escogido la Elegía a Ramón Sijé, con aquellos dos tercetos que cambio de orden:

Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado.

Daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,

que por doler me duele hasta el aliento.

Decimocuarto, Arthur KOESTLER, escritor formidable. Nacido en Hungría, en 1905, Koestler se afilió al Partido Comunista de Alemania; en 1931. El infinito era para el Partido una cantidad políticamente sospechosa. En tanto que “la definición del individuo era: una multitud de un millón dividida por un millón”. Su teoría de las esclusas del canal, para pasar de lo más bajo a lo más alto –al Lago Gatún, en Panamá digo yo, el metafórico paraíso del proletariado—, se reveló por lo menos prematura, sino inaceptable.

Decimoquinto y último, y aquí me paro definitivamente. Ramón TAMAMES. Dice Escudero, Miguel, que por mi intensidad polifacética, soy “un nombre mítico de la cultura española del último medio siglo”. Podría pensar y no sé, todavía, si estoy o no de acuerdo; aunque, en todo caso, se lo agradezco. Pero a fin de no ser juez y parte, no opino sobre tal particular ni sobre los demás, vivos y enteros personajes, que vienen en el tercer grupo seleccionado por el valiente Miguel Escudero.

En resumen, un libro que da mucho para la reflexión. Culto y divertido. Merece leerse y haberse escrito. Da mucho que pensar. Enhorabuena, Miguel.

Después de habernos relajado, creo que todos, con el inteligente libro de Escudero, el autor queda a disposición de los lectores en castecien@bitmailer.net. Serán bienvenidas las observaciones que puedan hacer al texto de hoy.

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