Opinión

La Hiniesta

 

Andaba cazando el rey Sancho IV de Castilla y León por el bosque de Valorio, en las cercanías de Zamora, cuando, al ir a cobrar una pieza que se había enredado en una hiniesta, nombre que se da a una retama, observó algo que brillaba. Era una imagen Virginal, que sabe Dios cuanto tiempo llevaba allí, escondida de las depredaciones de la morisma.

Sobrecogido, el rey hincó su rodilla en tierra y llamó a su gente para que participasen en aquel milagro. En el lugar ordenó edificar inmediatamente una ermita que acogiese la Imagen, que se conoció con el nombre del arbusto en que estuvo escondida. El poblado que la acompañó comparte el mismo topónimo: La Hiniesta.

Cartel de la 714ª Romería de la Virgen de la Concha a La Hiniesta (2004).

Y desde entonces (1290), año tras año, sin ninguna interrupción, ni por guerras ni pestes, se viene celebrando una Romería, siempre en el Lunes de Pentecostés. Este año será la 729 vez que se cumple la tradición.

Ese día es festivo no sólo en el pueblo. También lo es en la vecina capital zamorana. Ambos alcaldes intercambian en tal ocasión sus bastones y mandos durante toda la jornada.

De Zamora parte ese día una multitudinaria muchedumbre que acompaña, entre música y cantos, a la Virgen de la Concha, Patrona de Zamora, que marcha a visitar a su Prima de La Hiniesta y pasar el día con ella. Antes de salir de la ciudad, entra en la iglesia de San Lázaro para saludar a la Virgen del Yermo. Lleva a su Niño prendido de una cadenita y cuando llegan a la Cruz del rey Sancho, donde, según la tradición, murió Sancho II el Bravo, ante los ojos del Cid Campeador, liberan al Niño para que corretee por el campo y recoja unas espigas, que al final del día se darán a los niños.

Los romeros aprovechan esta parada para saborear unas pastas y un vaso de limonada ofrecidas por los ayuntamientos.

Saliendo de Zamora, la Virgen de la Concha lleva a su Niño.

Durante todo el recorrido varias orquestas repiten una sencilla melodía, cortada, de cuando en cuando, por una letanía numérica similar a la famosa de Pérez Prado, pero, después del 8, se sustituye el «maambo» por el grito «¡Cooncha!». Y así, una y otra vez, hasta que se llega a La Hiniesta. Allí hay el cambio de bastones de alcaldes y el baile de los Pendones por los Mayordomos de las Cofradías… Y la Virgen de la Concha penetra en la impresionante iglesia de Santa María La Mayor, de gran fachada plateresca. ¿Cuánta gente asiste a esta Romería tradicional de Zamora? En algún sitio leí que 6.000; en otros, 10.000. Yo, que lo he vivido en varias ocasiones, soy testigo de que no es exagerado el número. Y lo que más me llamó la atención, siempre, es que jamás me sentí extraño, acogiéndome los zamoranos como uno más entre ellos. ¡A mí y a Pili!

En una ocasión me dijo una señora, sin detenernos, si yo era Emiliano Jiménez. Ante mi afirmación me soltó que no, que yo no era aquel profesor que le había dado clase y que por entonces la estaba dando a su hija. ¡Qué sí; que sí que soy yo! Pero nada, que no se lo creía. Tuve que enseñarle mi DNI para convencerla. ¡Tanto había cambiado yo por la operación que me dio la vista, librándome de aquellas gafas de «culo de botella» que me acompañaron hasta entonces!

En la Cruz del rey Sancho la Virgen de la Concha deja que su Niño recoja unas espigas del campo.

Cuatro veces acompañé a la Virgen de la Concha con los Amigos del Camino de Santiago, de Zamora. Precisamente fue en La Hiniesta donde les conocí. Un domingo de enero del 2004  leí en la prensa digital que aquel día comenzaban sus andaduras por el Camino Portugués de la Vía de La Plata, con llegada a esta población. Propuse a Pili ir a encontrarnos con ellos, y allá nos fuimos.

Y llegaron, con Alfonso Ramos de Castro, su presidente, a la cabeza. Fue un encuentro fraternal de los que no se olvidan nunca. No conocíamos a nadie pero nos trataron como si fuésemos amigos de toda la vida. ¡Y seguirán siéndolo!

Una multitud acompaña a la Virgen a su llegada a Santa María La Real de la Hiniesta (31 mayo 2004).

El Camino de Santiago, en sus distintos trazados –Francés, Mozárabe o de La Plata, Sanabrés, Portugués, del Norte, y muchos más– puede hacerse de muchas formas, física y espiritualmente. Nosotros lo hicimos en andaduras de unos 15 km cada dos semanas.

El Camino no es una serie de marchas turísticas ni deportivas. Es la Historia, que penetra en ti, atrayéndote hacia un pasado glorioso y sintiendo la fe que movió a tantísimos peregrinos y a los que se ocuparon de ayudarles y defenderles. En ese caminar encuentras personas muy singulares que difícilmente hallarás en otros lugares y circunstancias. Los que convivieron con Pili y conmigo dejaron en nuestros corazones un encadenamiento irrompible que nos une en el recuerdo eterno…



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