Opinión

La gran transformación de los servicios públicos (y II)

Como segunda y última parte del artículo de referencia, publicamos hoy las referencias que el 8 de octubre hubo, en el Congreso de los Diputados, entre los actos de conmemoración de la Constitución de 1978, sobre el estado de bienestar, como complemento de la primera parte, acerca de infraestructuras. En esa segunda fase de la sesión intervinieron personas tan conocidas como el filósofo Juan Antonio Marina, el ex ministro Julián García Vargas, el catedrático Jesús Sánchez Lambás, y el también ex ministro Francisco Caamaño.

Seguidamente hacemos una síntesis de sus intervenciones:

Juan Antonio Marina: educación

El sistema educativo español ha descuidado siempre la enseñanza de lenguas extranjeras. En muchas comunidades se está implantando la enseñanza bilingüe (español/inglés) o trilingüe (español/inglés/lengua cooficial), pero con resultados insuficientes. Y creo que todos estos problemas pueden resolverse.

En el libro Despertad al diplodocus (Ariel), propuse un plan que denominé 5-5-5. España puede tener un sistema educativo de alto rendimiento en cinco años, dedicando el 5% del PIB a educación (cantidad que ya se alcanzó en el 2008, pero que ahora ha disminuido hasta rondar el 4%) y cumpliendo 5 objetivos mensurables: (1) Reducir el abandono escolar (2) Subir 35 puntos en el ranking PISA, (3) Atender a los alumnos con necesidades educativas especiales, bien por dificultades de aprendizaje, bien por altas capacidades, (4) Crear una prestigiosa Formación profesional, (5) Desarrollar las competencias del siglo XXI, que implican un enlace de la teoría y la práctica, las nuevas tecnologías, una redefinición del humanismo, y el desarrollo de lo que empieza a denominarse learnability, el deseo y la capacidad de seguir aprendiendo toda la vida.

Julián García Vargas: 40 años de sanidad

En todos los sistemas asistenciales desarrollados, existen más o menos dificultades financieras, lo que aboca, de tiempo en tiempo, a la reestructuración de los servicios de sanidad, dentro de lo que es una fuerte tendencia al alza del gasto, que coincide con un sistema fiscal que está perdiendo progresividad.

La razón de lo dicho radica en que hay nuevas demandas sociales que exigen servicios personalizados, aparte del envejecimiento, que va a más, de la población, con tratamientos farmacológicos y de diagnostico de costes más y más elevados. Por eso, la inacción no es una opción ante problemas que no pueden esperar a ser afrontados con realismo.

Los elementos para la reforma son del tipo de introducción de nuevos copagos, en función de la renta personal, los estímulos a la mayor responsabilidad en el autocuidado de la salud, y los cambios profundos en la gestión. Todos ellos, temas difíciles de aplicar, a veces impopulares, y expuestos a la demagogia.

La conclusión es que no existe un modelo sanitario ideal en el amplio espectro de los países desarrollados. En ese contexto se sitúa el caso español, configurado por cuatro elementos críticos: es un modelo europeo de financiación predominantemente pública y cobertura universal; buenos resultados en términos generales; elemento básico de cohesión social; y problemas de sostenibilidad y retos de salud del resto de los países europeos.

Siguiendo los estudios comparativos más serios, puede afirmarse que los servicios de asistencia sanitaria en España figuran entre los mejores del mundo, con alta calidad y bajo coste relativo, a pesar de los defectos. Por eso, los ciudadanos les pedimos a los representantes de las dos Cámaras de las Cortes Generales que aborden las reformas que vienen demandando los profesionales y expertos del Sistema Nacional de Salud, con sentido de Estado y sin excesivos prejuicios ideológicos. Todos deseamos que lo consigan.

Jesús Sánchez Lambás: servicios públicos municipales

Cómo deben de asumir el reto del futuro los ayuntamientos y el mercado, para prestar servicios esenciales a sus vecinos, es el gran desafío de hoy en todos los municipios.

En realidad se trata de un reto para todos: Tenemos algo más de 8.000 municipios en España, pero el 95 por 100 de la población se concentra en 1.500. España se centrifuga, pues el territorio interior se vacía y Madrid y el litoral se sobrepueblan en una dinámica demográfica que compartimos con otros países europeos, aunque seguramente estemos a la cabeza. Ante lo cual, llega la pregunta: ¿cómo van a articularse modelos de colaboración en un futuro para atender a poblaciones insertas en grandes conurbaciones y en localidades de menos de 500 habitantes?

La tecnología será relevante, pero el éxito estará en definir los modelos necesariamente de geometría variable. Esa es la cuestión para construir el futuro. Dejemos las futilidades y ocupémonos del futuro, con lealtad constitucional: una gran tarea sobre la cual aquí sólo hemos hecho un primer esbozo.

Y para terminar, permítaseme una cita casi obvia: “La vida es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser”.

Francisco Caamaño: la Constitución como proveedora de servicios públicos

En los cuarenta años de vida de nuestra Constitución de 1978, se ha generalizado, como en ningún otro momento de nuestra historia el acceso universal a los derechos y libertades públicas. El servicio que ha prestado nuestra Ley de Leyes a las mujeres, a los dependientes, a las personas del colectivo LGTB, a los migrantes indocumentados, no tiene precedentes en nuestra historia. Claramente, el tiempo de la Constitución ha sido alentador a efectos de igualar los derechos de las personas.

También se ha ajustado nuestra Constitución al principio de neutralidad, facilitando la alternancia en el poder, la pluralidad ideológica y la formación de una opinión pública libre, en correspondencia con lo que Hesse denominó “una sociedad abierta de los intérpretes constitucionales”.

No es un servicio público, pero la de 1978 ha sido y es la Constitución más servicial que hasta ahora ha tenido España. Mejorémosla, sin olvidar que, como ocurre con los servicios públicos, reformar significa reafirmar, es decir, asegurar la continuidad y la calidad del servicio.

Las reseñas de las ocho ponencias sirven de síntesis de la parte central de la Jornada del 8 de octubre de 2018 en el Congreso de los Diputados –con la valiosa cooperación del equipo del Congreso, con Jaime Morate al frente—, que tuvo lugar en la Sala Ernest Lluch, con una nutrida presencia de asistentes: universitarios, empresarios, parlamentarios, periodistas, etc.

Además de presenciar las intervenciones de apertura de la Jornada por Ana Pastor, y la de clausura por Pío García Escudero, los coordinadores del Encuentro, Ramón Tamames y Ramiro Aurín, presentaron a los ponentes y formularon comentarios sobre algunas de las cuestiones analizadas.

El referido libro ha sido revisado por el Doctor en Económicas Christian Careaga, que nos ha hecho el gran favor de hacer una breve caracterización del trabajo en cuestión, que se publica a continuación, como cierre de este artículo:

Rememorando la Constitución Española de 1978 y su compromiso histórico

El profesor D. Ramón Tamames nos tiene acostumbrados a sus lectores a libros profundos y de gran claridad. Recientemente, con Ramiro Aurín, ha publicado La Gran Transformación de los Servicios Públicos, una compilación de las ponencias de la jornada promovida en la Cortes Generales sobre dicho tema el 8 de octubre de 2018, dentro de las celebraciones de los 40 años de la Constitución de 1978.

Es un acierto que las presentaciones de aquel 8 de octubre se recojan y publiquen para que más ciudadanos puedan entender lo que realmente ha supuesto el hecho de que nuestra Carta Magna nos haya permitido disponer de un marco jurídico estable y seguro, no solamente para la convivencia y el respeto entre los españoles, sino para la provisión en infraestructuras. Ayer mismo, tuve la ocasión de escuchar a Florentino Pérez, el Presidente y Director General de ACS –la empresa más exitosa de España en su capacidad de crear infraestructuras— que no era posible entender la modernidad actual de nuestra nación sin la enorme provisión infraestructural que ha tenido lugar en España durante los últimos cuarenta años.

Como empleado del Banco Europeo de Inversiones, tuve la oportunidad de participar en los Planes de Infraestructuras del Ministerio de Fomento y anteriormente en multitud de proyectos asociados a la construcción de carreteras, ferrocarriles, telecomunicaciones, puertos, aeropuertos, hospitales, escuelas, al abastecimiento y tratamiento de aguas, así como en inversiones para la reforestación de nuestras regiones más desérticas o a la dotación de aviones al ICONA para la lucha contra incendios.

Resultado de toda esta actividad –enmarcada institucional y jurídicamente en la Constitución Española de 1978— ha sido el aumento sustancial de la calidad de vida de los españoles, la integración territorial y la consolidación de redes de la nación, lo cual ha contribuido a un aumento del bienestar y de la felicidad ciudadana. En ese sentido, España ha sido en estas últimas décadas un modelo internacional de excelencia en la provisión de servicios públicos encaminados a reforzar la cohesión social.

Fue un acierto centrar la atención del 40 aniversario de la Constitución Española, en una jornada organizada en el mismo Congreso de los Diputados, con el fin de reconocer el papel fundamental institucional que ha tenido y sigue teniendo nuestra Carta Magna para favorecer la actividad pública y privada a nivel de Estado, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, así como de entidades empresariales públicas y privadas. Un trabajo que honra a la Asociación por la Excelencia de los Servicios Públicos (AESP), que preside Ramón Tamames y la cual es Director General Ramiro Aurín. Mi más cálida enhorabuena a esta valiosa iniciativa de publicar aquella jornada, para que su recuerdo, en formato de un librito de fácil lectura.

Christian Careaga

15 de abril de 2018

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