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La calle con diez edificios singulares

Con mucho, el azafrán es la especie más valiosa del mundo. Un kilo de hebras de azafrán puede llegar a valer más de 15.000€

 

Si la calle San Pablo es la de los palacios, Azafranal es la de los edificios singulares de Salamanca. No vamos a hablar de los tres pistilos de la flor del azafrán, pero si nos vamos a centrar en su nombre, porque es el de una de las calles más impresionantes, en lo que arquitectura civil se refiere, de Salamanca.

Una calle, la de Azafranal, que ya en 1606, Gil González Dávila en su obra ‘Historia de las antigüedades de la ciudad de Salamanca’, hablaba de ella. Era conocida con este nombre porque este terreno se sembraba azafrán.

Los edificios que dan forma a esta céntrica calle son tan valiosos y bellos como la propia flor. Este calle debe su esplendor a que en 1918 cambia el urbanismo de la ciudad. Fue ese año cuando se abrió en toda su extensión, las obras para establecer las rasantes de la plaza de Santa Eulalia estaban rematadas y se quería abrir la plaza a la calle del Pozo Amarillo.

Precisamente ese año es cuando se edifica el más antiguo catalogado de interés. Es obra del arquitecto Santiago Madrigal y ocupa el número 57. Su estilo es Noeplateresco. Tiene la fachada de cemento moldeado y estuco y entre las características singulares que se pueden apreciar está el mirador de esquina y la gran decoración con frisos, medallones,…

Cuando se edificó, estaba en el límite de la ciudad antigua con la parte de ensanche que se hizo en Salamanca hace un siglo.

En la década de los 20.

1920 vio cómo Joaquí Secall, uno de los grandes arquitectos que ha trabajado en Salamanca, de él es la biblioteca de Gabriel y Galán, construía en el número 48 de la calle Azafranal un edificio de estilo ecléctico , con sillería de piedra franca y rejerías de hierro. Entre las partes singulares destaca el gran mirador de esquina y otros laterales rematados en frontones. También cabe reseñar la gran riqueza y variedad decorativa con interpretación personal de propio Secall.

En 1925 se levantó el que está situado en el número 15. No conocemos la autoría del bloque, pero sí sabemos que su estilo es historicista. Entre las partes singulares de este edificio catalogado de interés, se puede señalar los recercos de huecos con frisos decorados y frontales curvos, así como el tratamiento decorativo de inspiración plateresca.

La década de los 30

Fue la mejor para esta calle, en lo que a levantar edificios nos referimos. Cinco bloques se edificaron entre 1930 y 1939.

Los dos primeros bloques que se edificaron en la década de los 30 fueron en 1932 los situados en los números 7 y 13.

El primero, el del número 7, es obra de Genaro de No, que dejó su impronta en la ciudad entre otros lugares en el retablo de la iglesia nueva del Arrabal. Este edificio es de estilo eclectico y en la fachada presenta una sillería de piedra franca en planta baja y revocados pintados en las superiores. Genaro de No estructuró la fachada en tres cuerpos: los laterales ligeramente volados.

Ricardo Pérez Fernández, el arquitecto que firmó la gasolinera de la avenida de Mirat entre otras obras, es el edificio situado en Azafranal, 13. Su estilo tienen influencias del Art-Dèco. Destaca que el cuerpo central es volado y remate a modo de frontón. La decoración es geométrica.

Joaquín Secall vuelve a trabajar en la calle Azafranal en 1933, construyendo el edificio del número 14, que es la primera muestra de arquitectura racionalista en Salamanca. Entre las singularidades de este edificio está las plantas voladas con esquinas redondeadas.

El edifico del número 44, uno de los más curiosos de la calle, desconocemos quién firmó el proyecto. Su estilo es racionalista y se levantó en 1935. Entre las singularidades de su arquitectura presenta una secuencia de planos, formas y colores dentro de los límites excesivos del estilo.

Y el último edificio de la década de los 30, lo firma Francisco Gil, el autor de la torre de la avenida de Portugal o la estación de servicio de la avenida de Reyes de España, entre otras edificaciones, y lo hace en 1939. Está ubicado en el número 5 y la fallada es de sillería de piedra franca y rejerías metálicas. Es un edificio que ejemplifica el radical cambio estilístico que se produce al final de la Guerra Civil.

Década de los 60

Hasta 1960 no se construye ningún edificio singular en la calle Azafranal, por aquel entonces denominada calle de José Antonio Primo de Rivera, ningún edificio. Será de nuevo Francisco Gil quién firme otro bloque de viviendas en esta calle, el situado en el número 21. Su estilo es historicista y su fachada es de sillería de piedra franca. Entre las características singulares está la del empleo deorden gigante, frisos, columnas, fontones, pináculos, cariátides,…

El edificio tiene tres torreones y carácter monumentalista. Hablamos del hotel Monterrey.

Y por último, el edificio del número 45, del que desconocemos su autoría tiene un estilo historicista de postguerra, con una sillería de piedra franca y rejería de hierro en su fachada. Es singular el tratamiento y molduración barroca de hueco, diferenciada según las plantas. Este edifico ayuda a configurar el inicio de la Gran Vía.

 

“Estos edificios, junto al hospital de la Santísima Trinidad, el puente Enrique Estevan, la Casa Lis, los conventos de las Esclavas, Jesuitinas, Salesas Reales y Siervas de San José, la Casa de Socorro, el asilo de la Vega, los colegios de Salesianos y Salesianas, el comienzo de la Gran Vía fueron transformando el rostro urbano de la Salamanca del primer tercio del siglo XX”, estribe Jesús Málaga en su libro ‘La vida cotidiana en la Salamanca del siglo XX 1898-1923.  

Algunas cosas curiosas de la calle Azafranal

Allá por 1898, en la calle Azafranal había una escuela que el Ayuntamiento tuvo que cerrar porque no reunía las condiciones higiénicas necesarias, que por aquel entonces, no eran muy exigentes. Así que, cómo sería el centro.

En 1900 se colocaron las primeras aceras de Salamanca y una de las calles que ‘gozó’ de ese privilegio fue Azafranal, junto con Cuesta del Carmen, Pozo Amarillo, Consuelo, Luna y Azotados.

Entrado 1906, un vecino de la calle Azafranal ofreció al Consistorio mil duros (30€) para que el Ayuntamiento abriera su calle, comunicándola con la zona de La Alamedilla. Ni por esas. El derribo de la casa que cerraba la Gran Vía en su acceso a La Alamedilla se produjo en 1918, dando así un gran avance a la construcción de esta gran avenida salmantina. Este derribo dejó también expeditiva la calle Azafranal

En 1908 se trasladó la Casa de Socorro a la calle Azafranal, 2, anteriormente, este edificio había sido la sede del juzgado.

En este mismo año, las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús abrieron una escuela gratuita para la educación de niñas pobres. Les enseñaban catecismo, religión, gramática, geografía, historia sagrada, historia profana, costura, marcar, dibujo y bordado. Recibían las clases en horarios de mañana, de 9 a 12 y de tarde de 14. a 17. Horas. Las niñas se distribuían según los conocimientos.

La calle Azafranal fue un lugar de encuentro en 1918, ya que se abrió ese verano una horchatería y heladería propiedad de Francisco Torres.


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