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Los huevos ‘vip’ se ponen en Salamanca

Sergio García Panero es un un emprendedor salmantino con una granja de gallinas camperas en Tardáguila que pasa en dos años de 500 a 2.000 especies

 

En Tardáguila se encuentra un «peculiar hotel casi de cinco estrellas» para gallinas camperas. Sergio García Panero es el artífice de este proyecto que emprendió hace dos años. Cuando terminó sus estudios de grado superior para Agente Medioambiental y «como no salían oposiciones ni había trabajo estable», después de meditarlo durante un tiempo, decidió arriesgarse y montar su propio negocio: una granja».

Beatriz Jiménez/ ICAL.  Su pasión por la cría de aves, la recuperación y conservación de las distintas razas de gallinas españolas, le llevó a ostentar los títulos de campeón y subcampeón de España de Avicultura, con la raza ‘Pardo de León’ y ‘Pinta Asturiana’.

Aunque todavía colecciona algunas gallinas de raza, reconoce que ya «no puede dedicar todo el tiempo que le gustaría». Antes acudía a las ferias con ellas, es «como un concurso de belleza para gallinas» dice y «del hobby llegó el trabajo». Por ello emprendió «un proyecto de calidad y frescura», porque como asegura «estos huevos van directamente de la granja a la mesa».

Huevos de gallina campera en la granja del emprendedor Sergio García Panero en Tardáguila. Foto. Jesús Formigo/ICAL.

Ecológico Vs Campero

Este joven salmantino explica que la diferencia entre las gallinas camperas y las ecológicas radica en el tipo de alimentación y el proceso de producción. Los productos ecológicos no están tratados con productos químicos ni manufacturados, son más naturales, por lo que no contienen residuos tóxicos y, muchas veces, sus propiedades nutricionales son mejores que la alternativa convencional. Pero el proceso productivo es mucho más caro que con los métodos industrializados en masa.

Pero como indica Sergio García, «hay que tener en cuenta la calidad de vida de las gallinas». No será lo mismo que vivan hacinadas en una jaula a que correteen a sus anchas por los campos, como es el caso de esta granja en Tardáguila. Vivir al aire libre les permite «estar más saludables ya que tienen más actividad» y es que «su salud es importante en cuanto a la calidad de los huevos».

En ese sentido, remarca que los huevos camperos provienen de gallinas que viven con más espacio a su disposición y que campan más tranquilas. Según la normativa, deben tener acceso al exterior y contar con un espacio mínimo de cuatro gallinas por metro cuadrado, y con un máximo de nueve. El secreto de la calidad de los huevos García Panero radica en «las condiciones óptimas de calidad de vida y alimentación», porque en esta granja disponen de todo lo necesario y «viven a su aire».

Calidad y frescura

En su caso, Sergio eligió las gallinas camperas porque vio en este negocio una buena previsión de futuro, además contaba con el terreno y las condiciones para emprender. Asegura que los comienzos fueron duros, aunque siempre contó con el apoyo de su familia, pero «emprender un negocio desde cero no siempre es fácil».

Tuvo que «patear mucho por Salamanca» para darse a conocer, ahora reconoce que están «bien posicionados» y se va viendo que el esfuerzo tiene su recompensa. Vende casi toda la producción en Salamanca y provincia aunque también envían lotes a Madrid, Valencia, o Valladolid y Granada. En este caso envían los pedidos por agencia, porque el resto es Sergio el que se encarga de repartir en mano los huevos «casi recién puestos» en su furgoneta, que no pasa desapercibida.

La granja de gallinas camperas del emprendedor salmantino Segio García Panero en Tardáguila. Fotos. Jesús Formigo/ICAL.

Su proyecto comenzó con 500 gallinas y en tan solo dos años ha conseguido reunir 2.000 gallinas camperas en su granja. Su madre dice que le ayudan en todo lo que pueden, ellos tenían media docena de gallinas de las clásicas para consumo propio, pero no una producción tan grande, así que el esfuerzo ha sido mayor. En el día a día señala que «no paramos», desde primera hora se acercan a atender la granja y a terminar de arreglar los pedidos para que estén listos para repartir, de este modo, aseguran una calidad natural, correctamente identificada y con todos los procesos sanitarios exigidos por ley.

Granja de cinco estrellas

Esta granja en Tardáguila cuenta con cuatro amplias naves y cada una lleva un lote de gallinas, que como explica Sergio,» llegan y se reponen todas a la vez», de manera que se puedan hacer los vacíos sanitarios correctamente como marca la normativa. Además, están rodeadas de unos parques donde cada día salen a disfrutar de la luz solar y de la libertad que les otorga este espacio.

La granja de gallinas camperas del emprendedor Sergio García Panero en Tardáguila. Foto. Jesús Formigo/ICAL.

Su producto se diferencia de otros porque «más frescos no los hay». «Los huevos salen prácticamente al día». Sostiene que recolectan al día cerca del 90 por ciento de la producción, es decir, 1.700 huevos diarios, que una vez certificados y envasados, al día siguiente ya están el punto de venta o destinatarios. Resalta que incluso hay veces que «a finales de semana nos faltan huevos», por eso los sábados y domingos agradecen que se reponga la producción y «vuelta a empezar». A pesar de contar con la ayuda de sus padres y su hermano en todo lo que pueden, ya que ellos tienen otros empleos, no siempre es fácil y «es un no parar».

Joven emprendedor

Ser emprendedor y joven tiene sus ventajas, porque «se están poniendo cada vez más en boga los productos de este tipo, ecológico y campero», donde el bienestar del animal prima sobre otras cosas. Reitera que ellos «no fuerzan a las gallinas a poner» como ocurre en una granja de jaula, donde se juega con el horario de luz para conseguir más de un huevo al día.

Aquí «ponen pero también descansan» y eso en la calidad del producto «se nota». Como apunta este joven, en otras granjas se rigen por un fotoperiodo, es decir, cuantas más horas de luz tengan más activas se encuentran. Sin embargo en esta granja campera de Tardáguila se encuentran al aire libre y «viven casi siempre en horario de verano, como en un junio constante». Cuando hay muchas variaciones de tiempo siempre hay un descenso en la puesta, «porque los animales también lo notan y entra dentro de lo normal».

Echa en falta más ayudas para los jóvenes emprendedores. Reclama más apoyos al sector, porque los jóvenes como él, deciden quedarse en el campo con un producto de primera necesidad, y «el tema del asentamiento no es fácil». En ese sentido, reflexiona «la ciudad sin el campo no come».

En su caso hizo un proyecto para un millar de gallinas para tener una previsión y contar con el vacío sanitario y tener que quitarlas cuando ya no producen y tienen que estar un tiempo para limpiar los espacios. Por lo que ellos pensaron en tener 500 produciendo y otras 500 de repuesto y puestas a punto. Pero al hacer sólo el proyecto de nueva incorporación para este número, no recibió ninguna ayuda.

La granja de gallinas camperas del emprendedor Sergio García Panero en Tardáguila. Foto. Jesús Formigo/ICAL.

Así explica que el mínimo eran 2.615 gallinas y una hectárea de frutales para poder conseguir una subvención y él no podía hacer frente a esa exigencia. Intentaron a través de los Fondos Leader, pero no tuvo resultado, por lo que comenzó desde cero. Consiguió préstamos y avales de su familia para poder empezar y reconoce sentirse satisfecho de haber emprendido este negocio, que cada vez va viendo sus frutos. Su intención, por el momento, es quedarse en su pueblo y seguir adelante con su proyecto.

Sergio García Panero, emprendedor salmantino que regenta su propia granja de gallinas camperas en Tardáguila. Foto. Jesús Formigo/ICAL.

Tradicional y moderno

A sus 27 años, Sergio se siente orgulloso de regentar esta granja en su pueblo. La zona invita a la paz y sus gallinas están rodeadas de campo, encinas junto a un pequeño huerto con plantas naturales, que emplea en alguna ocasión como medicamento. Además, en verano como escasea el aporte de verde del campo, tiene alfalfa que se siega cada tarde para ofrecérsela recién cortada. De este modo, sus huevos son «como los de siempre», como los que tenían nuestros abuelos en casa. Entre sus amigos bromean «con los huevos que tiene» y entre risas asegura que está acostumbrado a este tipo de comentarios que se toma con mucho humor.

Asimismo, dice que las redes sociales les están ayudando mucho a darse a conocer, incluso «muchos pedidos se realizan por whatsaap», también hay muchos particulares que se acercan hasta Tardáguila a comprar y además de las tiendas a las que suministran, algún día la semana hacen una ruta por los pueblos del alfoz para vender a particulares. De esta manera se asegura que su producto llega «fresco y con el sabor de lo auténtico», igual que la pasión y el entusiasmo que pone este joven salmantino en su ‘proyecto campero’ que espera «siga teniendo éxito».



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