- La fijación de la paridad de cada moneda nacional con el oro y el dólar. Cada país miembro del FMI venía obligado —salvo en circunstancias excepcionales— a declarar el valor de cambio de su moneda en términos de gramos de oro fino (es decir, puro al 100 por 100) y asimismo en relación con el dólar, cuya paridad en 1944 era de 35 dólares por una onza troy de oro fino (equivalente a 31,10 gramos). El establecimiento de la paridad, que implicaba la aspiración de mantener un cambio prácticamente fijo, comportaba además la obligación de adoptar y aplicar las medidas para sostenerlo efectivamente. De forma que el cambio real no se apartase, en más o en menos, del 1 por 100 del tipo central declarado.
- El cambio de paridad, por devaluación o revaluación, debía ajustarse a determinados requisitos, siempre previa consulta con el FMI. Hasta un 10 por 100 de modificación, el cambio de paridad podía hacerse sin que el FMI pudiera poner objeciones. Pero en caso de que la variación fuese superior a ese porcentaje, el país en cuestión debía comunicarlo al FMI, demostrando que no se encontraba en dificultades simplemente transitorias, sino que se enfrentaba con la necesidad de corregir un «desequilibrio fundamental» de su balanza de pagos.

- El artículo VIII del Convenio constitutivo del FMI, en congruencia con las aspiraciones de facilitar la expansión del comercio internacional, establecía que, en principio, los Estados miembros deberían garantizar el comercio multilateral libre, sin restricciones de ninguna clase, así como la convertibilidad exterior de sus monedas.
Como resultado final de esta evolución de la balanza de pagos de EE.UU., en 1971 había unos 62.100 millones de dólares fuera del país, la mayor parte circulando en forma de eurodólares y eurobonos frente a sólo unas reservas de 10.500 millones de dólares en oro en el Fort Knox.No es extraño, por tanto, que creciesen los rumores sobre la futura devaluación del dólar, especialmente después de la declaración de su no convertibilidad en agosto de 1971. Inconvertibilidad que se acompañó de un paquete de medidas económicas de defensa del dólar, lo que ponía más de relieve su crítica situación: fijación de una sobretasa para las importaciones en EE.UU. de un 10 por 100 de aumento de los derechos arancelarios, congelación de precios y salarios por tres meses, y petición al FMI de que acelerase los trabajos para la reforma del sistema monetario internacional. Sin embargo, todas esas medidas resultaron insuficientes por la intensa presión sobre el dólar a que antes hemos aludido. La decisión final, que estaba latente desde varios meses antes, se adoptó finalmente en diciembre de 1971, por el Presidente Nixon.Las devaluaciones del dólar de 1971 a 1973Coincidiendo con la reunión del «Grupo de los Diez» —los mayores bancos centrales que colaboraban con el FMI— en Washington, el 18 de diciembre de 1971 se decidió fijar la nueva paridad pasando de 33 a 38 dólares por onza troy, lo que equivalía a una devaluación de un 7,89 por 100. Casi simultáneamente, se produjo una realineación general monetaria, con revaluaciones en el caso del DM, del yen y del florín holandés.No obstante, la decisión no resultó suficiente, pues a lo largo de 1972 prosiguieron la especulación contra el dólar y el déficit de la balanza de pagos de los EE.UU. De modo que se hizo necesario un nuevo ajuste que se produjo en febrero de 1973, con una segunda devaluación que en este caso fue de un 11,10 por 100, al pasar la paridad de 38 a 42,22 dólares la onza.Consecuencia de ello fue la flotación de algunas monedas que por ese procedimiento, antes de fijar una nueva paridad del oro, aspiraban a encontrar su nivel más idóneo en función de las fuerzas del mercado. Y como el mercado estaba absolutamente distorsionado por las ingentes masas de eurodólares, el resultado no fue sorprendente: aunque los más optimistas pensaban que se trataría de flotaciones de breve duración, lo cierto es que se prolongaron indefinidamente, generalizándose a gran número de países. Se había acabado el SMI del patrón de cambios oro-dólar.En última instancia, la flotación vino a significar el virtual abandono de la regla básica del FMI: la estabilidad de los cambios. Y ello, a pesar de que coincidiendo con la primera devaluación del dólar, los directores del FMI acordaron, en diciembre de 1971, ampliar las bandas de fluctuación de las monedas respecto de su tipo de cambio central, pasando de 1 por 100 en más o menos (Convenio del Fondo), al 2,25 por 100 por encima o por debajo.Con la medida indicada se pensó que podría resolverse en parte el problema de muchos países que por el estrecho margen de fluctuación del 1 por 100 se veían continuamente acosados por el riesgo de devaluación o revaluación y en la necesidad de intervenir en los mercados monetarios internacionales para sostener un cambio tan «excesivamente rígido» de sus valutas. Con la holgura de 2,5 puntos más en la fluctuación —se afirmaba—, las necesidades de intervención serían menores.Sin embargo, todas las medidas internacionales que hemos comentado no representaron una solución definitiva. La verdad es que los abusos de EE.UU. respecto de los pactos de Bretton Woods habían sido demasiado graves como para resolverlos con unos simples reajustes. El precio del oro en el mercado libre, por primera vez en la historia, llegó a 134 dólares la onza troy en los primeros meses de 1973.Así pues, a partir del 14 de noviembre de 1973, las paridades oro fijadas en el FMI se convirtieron en puramente simbólicas, prevaleciendo los cambios flotantes. En 1976, en las llamadas Reglas de Jamaica, se acordó la defunción definitiva del SMI mantenido desde 1944. No obstante, el FMI sigue funcionando como agencia económica de las Naciones Unidas.Terminaremos la semana próxima con el panorama que se abrió en 1973 en el escenario monetario internacional y, hasta entonces, el autor queda a disposición de los lectores en castecien@bitmailer.net.----------1Las normas iniciales del FMI se modificaron sustancialmente en dos ocasiones. La primera en 1968 para introducir los Derechos Especiales de Giro. La segunda en 1978 para legalizar la flotación de las monedas y para desmonetizar el sistema monetario internacional.2Los datos del cuadro proceden del artículo de Max Ikle «La crise du système monétaire», del Bulletin de l’Union de Banque Suisse, Zurich, septiembre de 1971.* Relativamente, claro está. De hecho, el oro sigue sirviendo de referencia de mercado de la cotización del dólar.
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