Opinión

Englobando

 

En los laboratorios del Doctor Félix Terine, como de costumbre, no te cuentan nada nuevo. No se hacen grandes descubrimientos por allí. En esa casa todo es pequeño. Es la que idea que tienen para que sus remedios puedan llevarse encima sin que pesen a la espalda ni estorben en los bolsillos al buscar esa moneda o las llaves de casa.

 

Quizá tampoco sea cierto del todo, pero ¡ay! si solo se dijeran las cosas ciertas. ¿Imaginas? – Sí Mari, estás bastante más gorda. – No Paco, no estás más rubio, estás más calvo.

Su último buen remedio pretende tratar todas esas cosas verdaderas, de verdad de las buenas, que a veces llenan la boca de un mal sabor de palabras empujadas por los pulmones, véanse lecturas de cartillas a humanos ajenos, resguardo de facturas para cuando seamos arrieros y nos encontremos en el camino y tremendos disgustos banales que se tintan insoportables.

Ofrecen lo que a la vista parecen globos de distintos colores. Rojos para quien se enfada fuertemente, verdes para cuando te ataca la envidia hasta el rechinar de los dientes, azules si algo te deja la espalda helada, blancos, muy útiles para quien siente grandes temores, negros para los casos de los que se ven en la derrota irremontable y así.

Dicen que son mágicos y que se han diseñado con un polímero producto místico descubierto en un pequeño rincón de la selva africana que ha sido bendecido por el jefe y hechicero de la principal tribu local. Por eso, por cuestiones tanto naturales como de fe, esos globos de goma natural son capaces de contener y aplacar cualquier mala energía brotada del alma y/o el espíritu hasta el punto de silenciar el grito y convertirlo en aire bueno.

Basta con escoger el color adecuado, concentrarse bien en la cosa en cuestión hasta rozar la inconsciencia y el sueño y entonces, sólo entonces, soplar y soplar con tanta fuerza como seas capaz de encontrar en lo más recóndito de tus alvéolos.

Garantizan unos resultados abrumadores. Más del 99% de efectividad según datos de sus propios estudios. Ciertamente no pudieron encontrar, y mira que buscaron, un centro independiente donde testarlos.

Así me lo ha contado mi amigo Iñaki Tadeaki, vasco de padre japonés. Jura y perjura que desde que compró el lote de globos de colores por 99.99 €, su vida ha cambiado para bien. Afronta cada pequeño conflicto por la vía de la concentración, la reflexión y el soplido y ha dejado, por tanto, de sentir enfado, envidia, frío espiritual, temores vitales y derrotas.

Quizá sea cierto y en ese laboratorio hayan dado con la gran tecla de la humanidad. Quizá no haga falta, siempre que creas que lo que crees no es ni más ni menos que lo que necesitas. Quizá también todo se deba a que con esa concentración, esa reflexión y ese soplido, no haga falta almacenaje alguno.

Lo digo porque le veo un punto pálido y mareado de tanto “englobar”. La casa llena tiene…

Moveyourself. 

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