Opinión

Ahorcándose con la soga facilitada por el PP

Quienes, después de 32 años de gobierno del PP, creíamos haberlo visto todo en esta comunidad, no salimos de nuestro asombro ante la sucesión de acontecimientos que han venido sucediéndose a partir del pacto alcanzado entre populares y Ciudadanos para repartirse el poder en las Cortes y en la Junta de Castilla y León.

Una vez que Albert Rivera, en lugar de propiciar la alternancia política de la mano del partido más votado, optó por apuntalar al PP, se suponía que, siquiera fuera por guardar las apariencias o por la mala conciencia de su candidato a la presidencia de la Junta, Francisco Igea, Ciudadanos introduciría nuevos modos de gobierno en la Junta, erradicando el clientelismo, nepotismo, amiguismo y demás “ismos” que tanto había denunciado el partido naranja…
Igea y Mañueco

Y dos meses después, el balance no puede ser más desolador. Antes aun de la investidura de Alfonso Fernández Mañueco, lo primero que hicieron PP y Ciudadanos fue incrementar sin ningún rubor en un 10 por ciento las subvenciones que reciben los grupos parlamentarios, sobre cuyo empleo reina la más absoluta opacidad puesto que no son fiscalizadas por nadie.

Era solo el anticipo del festín de gasto puramente político que habían decidido darse los coaligados, que no se han cortado un pelo a la hora de crear y repartirse nuevos puestos en la Junta, ya fueran de altos cargos o de asesores igualmente de libre designación.

Para empezar, agotando el número máximo que permite la vigente Ley de Gobierno y Administración de Castilla y León, se creaba la consejería de “Transparencia, Ordenación del Territorio y Acción Exterior”, o, lo que es lo mismo, la consejería-trampantojo diseñada a la carta a mayor gloria del además vicepresidente y Portavoz. Pese a que esta consejería consta de siete altos cargos, incluido el propio Igea, las nuevas estructuras orgánicas han engordado la nómina política de la Junta en más de un 15 por ciento, de forma, que, con las mismas competencias del último gobierno de Juan Vicente Herrera, el de Fernández Mañueco ha pasado de 80 a 93 altos cargos.

 

Javier Maroto, el sobrevenido «vecino» de Sotosalbos

Apenas daba sus primeros pasos el nuevo gobierno autonómico cuando la renovación de los tres escaños del Senado que corresponde designar a las Cortes de Castilla y León iba a poner a prueba el vasallaje del PP de Castilla y León ante la dirección de Génova y las inconmensurables tragaderas de Ciudadanos. Sin que se les cayera la cara de vergüenza, ambos sumaban sus votos para proporcionar uno de esos escaños a Javier Maroto, el dirigente nacional del PP que no había conseguido renovar su escaño de diputado por Álava en las pasadas elecciones generales.

 

Se comprende que Fernández Mañueco, que todavía tenía que hacerse perdonar su antiguo apoyo a Soraya Sáez de Santamaría, accediera a perpetrar la felonía política instada por Pablo Casado. Más difícil resultaba entender qué obligaba a Ciudadanos a prestar su voto para consumar semejante ignominia política.
Atrapados en la tela de araña del PP.– A mi juicio, y después de lo que ha ido aflorando, ese bochornoso apoyo naranja a la elección de Maroto no obedeció a una lealtad política mal entendida, sino que a esas alturas las componendas alcanzadas para el reparto del poder ya habían minado el supuesto margen de independencia de Ciudadanos para oponerse cualquier tropelía propuesta por el PP. Deslumbrados por el oropel del Poder -qué decir de la trapisonda del apartamento de las Cortes- los de naranja han sucumbido desde el minuto uno a los tentadores trapicheos y cambalaches ofrecidos por sus resabiados socios de gobierno, que rápidamente les han atraído y atrapado en su tela de araña. Y me temo que esa insana complicidad se ha constituido ya en la principal argamasa de un gobierno bipartito que que a priori se presumía conflictivo.
Ángel Ibañez

Una muestra de lo anterior ha sido la ocultación del acuerdo del Consejo de Gobierno tomado el 25 de julio mediante el que se incrementaba hasta el número de 44 la nómina de personal eventual (de confianza y libre designación) al servicio del Presidente y de los Consejeros de la Junta. El acuerdo suponía la creación de 14 nuevos puestos de esa naturaleza, sin que de ello nos hayamos enterado hasta esta misma semana a través de la denuncia realizada el grupo parlamentario socialista. Una denuncia que dejaba con las posaderas al aire a Igea, quien, además de no informar del acuerdo en la rueda de prensa del Consejo, se “olvidó” de la preceptiva obligación legal de colgar esa información datos en el Portal de Transparencia. Cazado en ese doble renuncio, el vicepresidente, consejero y portavoz se limitaba a pedir disculpas por “el error”, mientras que al consejero de la Presidencia,Ángel Ibáñez, le parece «banal» que la Junta incremente en un 50 por ciento el personal eventual contratado a dedo.

 

El verano»horriblis» de Igea.- La verdad es que Igea ha protagonizado un verano ciertamente “horribilis”, ya que a todo lo reseñado hay que añadir las distintas polémicas generadas por la composición del equipo de altos cargos de su consejería, en el que inicialmente no contó con una sola mujer. Primero fue esa especie de “maroto” que se marcó al nombrar como viceconsejero a un ex diputado de Ciudadanos por Baleares que tampoco pudo renovar su escaño en las pasadas elecciones generales. Luego vino “el gatillazo” de nombrar director general al juez José María Crespo, quien a los dos días renunció al cargo al enterarse de que su nombramiento no garantizaba el retorno al mismo destino del que procedía. (Eso sí, la renuncia de Crespo, muy cuestionado por alguna de sus instrucciones judiciales, proporcionó a Igea la oportunidad de incorporar a una mujer a su equipo de altos cargos).

 

Mientras el nuevo presidente de la Junta mantiene deliberadamente un perfil muy discreto, el afán de protagonismo del vicepresidente-portavoz y consejero roza lo patológico, sin que nadie de su nutrido grupo de asesores sea capaz de advertirle de lo contraproducente de tan excesiva exposición mediática.

 

Viñeta de Rodera el pasado lunes en «Diario de Valladolid»

El dibujante Ernesto Rodera lo clavaba en la viñeta publicada el lunes en “Diario de Valladolid” que reproducimos al lado. Igea será finalmente el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro”, rezaba el titular de un periódico. “No descarta incluso ser la novia en el entierro, el niño en la boda y el muerto en el bautizo”, añadía más abajo un subtítulo.

 

No sospechaba Rodera que en la tarde del mismo lunes el propio Igea se veía forzado a anunciar que el próximo 15 de octubre le espera otro rol nada apetecible, cual es sentarse en el banquillo de un juzgado vallisoletano acusado de amenazas leves por otro afiliado a Ciudadanos con el que mantuvo una acalorada discusión callejera durante la campaña de primarias disputada en su día a Silvia Clemente. Y el asunto no es nada baladí, ya que los Estatutos de Ciudadanos (art. 12) consideran infracción grave la amenaza a cualquier afiliado o trabajador del partido, castigando dicha conducta con sanciones que van desde la suspensión de la militancia a la inhabilitación para ocupar tanto cargos orgánicos como cargos públicos en representación del partido.
En desgracia ante Albert Rivera y enfrentado al sector de la militancia de Castilla y León afín a la cúpula estatal, en poco más de dos meses Igea se ha achicharrado. Después de presentarse como una especie de “enfant terrible” de conducta intachable que iba a “regenerar” políticamente la Junta, ha ido arruinando por completo su credibilidad y lleva camino de ahorcarse políticamente con la generosa soga suministrada por el PP. Su figura política comienza a resultar patética, a tal punto que Mañueco, que al principio le tenía verdadero pánico, hoy siente hacia él casi conmiseración. La conocida maldición que pesa sobre la vicepresidencia de la Junta se ha manifestado esta vez en tiempo récord.

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