Opinión

Políticamente Incorrecto

 

Hay aventuras en la vida que uno ha de empezar con la certeza de hacerlo de la manera correcta, y qué mejor manera de hacerlo que con la pregunta que nos amarga como especie:

¿Es usted feliz?

Si la respuesta ha sido binaria, rápida y no han dudado, créanme, les envidio. Para aquellos indecisos que viven en el amplio espectro de la duda permítanme decirles que no están solos y que somos mayoría.

Me gustaría decirle que esto es una desgracia mayúscula, pero por mucho que podamos pensarlo así; no lo es en absoluto, más bien es una bendición porque en los tiempos que corren somos aquellos funambulistas que nos permitimos el lujo de pensar que la solución nunca está en los extremos, si no mas bien en todos esos miles de pequeños matices que se esconden entre el negro y el blanco.

Estará usted pensando que soy un diletante y prepotente más que aspira a ser un junta letras de medio pelo, y no le falta razón porque para ser escritor hace falta un talento del que carezco, pero eso no me impide ver que la sociedad va camino de una deriva peligrosa en la que la desconfianza y el recelo surgen entre géneros, países, personas de un mismo territorio y hasta en parejas que llevan juntas toda una vida…

¿Y si esa felicidad que nos negamos como personas está en entender las diferencias como capacidades que nos hacen únicos a ojos de un mundo que nos quiere medir a todos por la misma regla?

Gente del mundo, somos diferentes, hay que normalizarlo ya que eso siempre ha sido la esencia del progreso. Darles el espaldarazo necesario a los genios de nuestra historia nos permitió avanzar como sociedad, construir lo imposible, descubrir la rueda, la electricidad, el arte, la música y todas las cosas que a ustedes les faciliten la vida y les haga “Felices”.

Hoy, apelo a esa capacidad de ver los matices, a esa capacidad innata del ser humano a darle un espaldarazo al que tienen al lado sin importar las edades, razas, géneros, naciones y demás categorías que nos separan. Hoy apelo a esa sociedad que se esconde y vive con la mascara del miedo porque temen ser los siguientes en caer en esa rueda social que machaca todo lo que se pone bajo su maquiavélico engranaje.

Hoy les pido que reaccionen, que se posicionen del lado del que necesite ayuda, que uno a uno sumamos para ser brigada de una bandera llamada empatía y que, de una vez, seamos simplemente eso, una sociedad de personas que se apoyan en el de al lado para avanzar y ser mejores que nuestros padres.

Eso empieza con pequeños gestos tan sencillos como una mano en el momento adecuado. Y eso llegara cuando por fin decidamos ser lo que nos pide el cuerpo, es decir, ser tan felices como políticamente incorrectos.

Christian L.G.


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