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La Puente Mayor

 

Tal y como concebimos la vida, el agua es imprescindible, sin su presencia no es posible nuestro existir; agua y vida que nos hacen intuir una relación necesaria y natural entre río y ciudad. Que Salamanca es una joya en piedra y el Tormes es como nuestra sangre nadie lo pone en duda, conforman una simbiosis perfecta.

 

A nivel arquitectónico, el trayecto durante veintisiete siglos nos ha llevado desde la choza tribal, pasando por el visigodo, mozárabe, románico, gótico, renacentista (el mudéjar incorpora influencias hispano-musulmanas a estos tres últimos), barroco y neoclásico hasta los más modernos o contemporáneos estilos; ésta no es ni más ni menos que nuestra ciudad tallada a lo largo de los años, a veces con filigrana plateresca.

Nivel bajo del río Tormes un 29 de junio de 2014.

Así como los orfebres elaboran sus joyas y engarzan en último término la piedra al anillo, es al contrario lo que sucedió con Salamanca y el Tormes: el río es el aro no cerrado sino abierto a todo el mundo, mientras que nuestra ciudad es la piedra en bruto engarzada desde un primer momento mediante el puente romano. Veinte siglos lleva «la puente mayor desa dicha çibdad» favoreciendo el trasiego, las comunicaciones, las relaciones sociales, culturales y comerciales con el sur; elemento de engarce sólido, equilibrado y simétrico por su forma, con una longitud de 358’70m. y anchura libre de calzada entre 5’50m. y 5’90m., pretiles que oscilan entre 0’80m. y 1’10m. de altura y 0’60m. de grosor y desde el punto más alto de éstos hasta la lámina del agua son 10m. en su parte central.

Crecida del río Tormes un 18 de marzo de 2018

Veinte de veintisiete siglos, casi el 75% del tiempo, convierten a este monumento en el mejor cronista de nuestra historia. Sus 2.500m2 aprox. en planta son el único paso del arrabal de «aquende la puente» al arrabal de «allende la puente», cercano a la presa pesquera del vado de Santervás (que va desde las aceñas del Muradal -lado derecho del río- hasta las aceñas del Arnal -en el izquierdo-).

Detalles del puente romano al atardecer de un 2 de enero de 2020.

Su representación más antigua -encima de él un toro y un lobo- se halla en un sello pendiente de cera, de forma almendrada, perteneciente a un acuerdo del cabildo catedralicio con la Clerecía de San Marcos de fecha 26 de abril de 1259. Otro sello -redondo, de 9cm. de diámetro- aparece plasmado en un diploma de 1289 del concejo y representa a un toro sobre el puente con la leyenda «SIGILLUM CONCILII SALAMANTINI DV» por el anverso y el texto «ANFOSUS DEI GRATIA REX DE LEONE» por el reverso, que pudo ser grabado durante el reinado de Alfonso IX.

Declarado Monumento Histórico Artístico el 3 de junio de 1931.

Tres sucesos no coincidentes en el tiempo crearon un sonsonete propio salmantino: «media Plaza, medio Puente, medio convento de San Vicente». Una tarde-noche del 26 de enero de 1626, San Policarpo, una crecida del río se llevó la vida de 142 personas y la parte del puente más alejada de la ciudad, dejando en pie catorce arcos y medio de veintiseis; así relató el bachiller Juan Ramón de Trasmiera: «La puente fue edificada/por artificio romano/lo otro medio es hispano». A principios del siglo XVI se decía que «Tajo y Tormes, ríos son de Castilla, muy poderosos de grandes crecidas»; como ejemplo de otras avenidas importantes destacaremos la de 1229, la de difuntos de 1256, 1422, 1479, 1482 y la de Sta. Bárbara de 1498.

Desde 1960 «la puente mayor» tiene su máximo protector en el pantano de Santa Teresa.

Detalles del puente romano al mediodía de un 6 de enero de 2020
En 1973 se prohíbe el tráfico rodado sobre su calzada y desde 1998 es Bien de Interés Cultural.
Arcos de medio punto con luces entre 9’60-9’80m. y 32-33 dovelas
Aguas arriba las pilas llevan tajamar triangular y sin espolón o tajamar de popa aguas abajo.


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