Opinión

Razonamiento selectivo

 

Suena de lujo, ¿verdad? Razonar es lo razonable, parece incluir la crítica, la valoración de las opciones, la mesura, la falta de corporativismo o camisetismo, la militancia, el deseo personal, el gusto, la gula y el resto de pecados capitales, capitales del pecado.

 

Es un potente opiáceo cuando se presenta de manera selectiva. ¿Sabes quienes se valen de esta tergiversadora figura? Los lectores de mentes y los vendedores de elixires. A condición de tu condicionamiento. Sumarás atinos, descartarás errores, no lo van a clavar todo. Mentirosos, maledicentes, ignominiosos. Censores, limitantes y burlones. El desodorante antes de la ducha, plancha sin lavadora. Y sí, como el tequila, embaraza durante meses y responsabiliza con dependencias durante toda una vida. Y esa terrible resaca…

Funciona, como cuando sospechas de tu pareja y el cambio de su perfume confirma el engaño, ¿para qué valorar que el frasco que le trajeron los reyes sencillamente no lo gustó pero no te lo dijo para no hacerte sentir mal? Si es así, hizo bien en no decirte.

Funciona, como las primeras impresiones. Las segundas, las terceras y todas las venideras solo tendrán hueco en la estantería que creó la original. ¿Para qué pensar que a veces yerras en tu opinión? ¿Acaso te has equivocado alguna vez en la vida? Seguro que no (pocas).

Funciona, como la imparidad de los pétalos de la margarita. Si son nones te querrá. ¿Quién puede dudar? Mierda, son pares, venga, a la mejor de tres. O de cinco. ¿Lo ves? ¡Me quiere!

Funciona, cuando quieres abandonar, pero no con la legitimidad de querer abandonar. Leerás miles de historias de pura fantasía de personas que no eran nada, rompieron el tablero y ganaron la apuesta. Desde entonces viven en la abundancia. ¿No queda claro entonces que tirar por el balcón el damero garantiza tarifa plana de felicidad y alegría y riquezas incontables?

Funciona, cuando no te atreves a abandonar o quebrar y te abruman los terribles peligros y dramas épicos seguros, incluyendo cocodrilos y dragones, que acechan detrás de esa posibilidad. ¿Cocodrilos y dragones? Virgencita, virgencita…

Funciona, cuando te ves por debajo de él o de ella. ¿Cómo alguien semejante se va a fijar en mí? Tiene razón Pepe Luís, demasiado arroz para tan poco pollo. Trabajaré con diligencia el cretinismo con mi imposible e impensable futuro amor, ya me tomo el café echando un ojo al móvil. Otra vez.

Funciona, como cuando no haces caso de las impresiones que te gritan al oído cómo de bueno, malo, sensata o loca, tranquilo o nervioso, inteligente o estúpida son ella o él. Ha dicho que no tiene ningún problema con los negros, pero prefiere no relacionarse con ellos. ¿Ves? Lo ha dicho claramente, no tiene nada en contra de los negros.

Funciona. Pero mal. Las respuestas son eso, simplemente respuestas. Por defecto buenas. La respuesta es provinciana. Lo capital es la pregunta.

Moveyourself. 

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