Opinión

¿A qué estamos esperando para proteger a nuestros hijos, a que enfermen?

 

Mañana se inicia la vuelta al colegio en Salamanca.

Empecemos por lo fundamental y más evidente: la gestión de esa vuelta al colegio ha sido una chapuza. No vamos a ir más allá de lo que conocemos y nos afecta directamente, aunque seamos conscientes de que no solo ha ocurrido (está ocurriendo) en Salamanca.

En segundo lugar, dejemos clara también desde el principio otra cuestión: los mensajes de tranquilidad que nos están transmitiendo desde los poderes públicos sobre la seguridad de las escuelas para la salud de nuestros hijos, en las actuales circunstancias, son falsos y quienes los emiten lo saben.

¿Estamos exagerando? Desde los medios de comunicación se lleva días alertando sobre la situación, más que preocupante, que se plantea con la vuelta a clase en un escenario de transmisión comunitaria de la pandemia. Como es el caso. Quienes suscriben esas alertas son epidemiólogos, médicos, docentes…, o el director de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el irlandés Mike Ryan. Su diagnóstico es bastante tajante: “reabrir las escuelas donde la transmisión del coronavirus aún sea alta sólo empeorará la situación». Ryan ha aconsejado que se haga sólo si los niveles de contagio son bajos y hay preparadas medidas de reacción en caso de aparición de positivos.

En Salamanca, no hace falta recordarlo pues lo vemos en las noticias diarias, los niveles de contagio son altos. Y, por si alguien se lo pregunta, las únicas medidas de reacción previstas si aparecen positivos en los colegios consisten en cerrar aulas selectivamente, y capear el temporal como buenamente se pueda ¿No aconsejaría la situación en Salamanca, con las altas tasas actuales de transmisión, esperar unas semanas a rebajar el ritmo de los contagios antes que arriesgarse a un escenario de propagación del virus en las aulas?

Los niños tienen que regresar a los colegios, desde luego, por muchos y muy justificados motivos. Pero ¿deben hacerlo con tan pocas garantías de seguridad para su salud, la de los docentes y la de las familias? Los profesores, nos consta por lo que se ha hecho en el colegio de nuestros hijos (el CEIP Francisco de Vitoria, un centro público), han puesto toda su capacidad y energía en intentar minimizar los riesgos. Se lo agradecemos de corazón, como todos sus desvelos durante el confinamiento para que los niños continuaran de la mejor manera posible con su proceso de aprendizaje, y para que mantuvieran un mínimo contacto con sus compañeros. Pero son docentes, no son personal sanitario, no tienen capacidad de respuesta eficaz para una situación como ésta. El equipo directivo elaboró un protocolo a finales del mes de julio que, todavía hoy, no ha recibido contestación por parte de la Dirección Provincial de Educación de Salamanca ¿Es posible tanta indolencia, tanto ninguneo a los docentes y tanta falta de compromiso por parte de la administración?

Desde los organismos centrales y autonómicos prometieron, entre otras cosas, reducir las ratios de niños en clase (a 15), contratar profesores y dotar a los colegios de asistencia sanitaria. Nada de esto se ha cumplido, o se ha hecho tan a pequeña escala que resulta del todo insignificante ¿Están esperando a la campaña de Navidad?

Los poderes públicos, empezando por los responsables de la Autonomía de Castilla y León (con su Presidente y su Consejera de Educación a la cabeza), siguiendo por los dirigentes locales del Ayuntamiento de Salamanca (con el Alcalde y la Concejal de Educación al frente), los inspectores de educación, etc. ¿Por qué no firman todos ellos la carta de responsabilidad que tenemos que firmar los padres para corroborar que, efectivamente, no hay riesgo? ¿Qué han hecho todos estos meses, desde que se inició la crisis, o desde que entró en vigor la “nueva normalidad”? Aparte de declaraciones, eso sí, en las que se nos dice que se cumplen las medidas básicas de seguridad, como hacía la Consejera de Educación Rocío Lucas en declaraciones el día 7 de septiembre.

¿Debemos tomárnosla en serio?  Nos gustaría, desde luego, pero lamentablemente no podemos. No por capricho, sino porque no se cumple la primera y principal de las medidas: una ratio máxima de 15 alumnos por clase. No, porque en un escenario de transmisión comunitaria, como el actual, no deberían abrirse los colegios. No, porque los colegios han tenido que preparar a la carrera y sin el necesario concurso de especialistas sanitarios unos protocolos que son declaraciones de buena voluntad. No, porque las administraciones no han hecho su trabajo: no han contratado con la antelación suficiente ni más docentes ni personal sanitario para actuar como enlaces Covid entre los colegios y los centros asistenciales, no han habilitado con el tiempo preciso espacios alternativos en los cuales poder desdoblar las clases… ¿Seguimos? Luego se pasarán la pelota por las responsabilidades entre las administraciones, pero se trata de nuestros hijos y nuestros niños.

Repitámoslo, aún a riesgo de parecer reiterativos: Con clases de 25 niños, no se van a poder aplicar con garantías los protocolos que se han elaborado. Con transmisión comunitaria, abrir los colegios es jugar a la ruleta rusa con los niños. Así, es imposible reanudar las clases en un escenario mínimamente seguro.

Esta crisis debiera ser la ocasión para que de una vez por todas la educación se convierta en una prioridad nacional. No el turismo de borrachera y balconing, ni la industria de bajo valor añadido, ni otras actividades económicas que demandan solo personal de baja cualificación y pagan sueldos míseros. Nuestros políticos se llenan la boca hablando de nuevo modelo productivo ¿sin personal bien formado? ¿o es que se han creído de verdad que se puede educar en condiciones de competir por el mundo con los medios que se dedican a nuestros colegios, institutos y universidades? Basta ya de tomarnos el pelo.

Tampoco debemos engañarnos: aquí hay mucha gente a la que le preocupa más la seguridad de los equipos de fútbol que la de las escuelas. Que no nos vengan a contar luego que, así, nuestro país tiene futuro. Por cierto, se han preguntado ustedes si los cargos públicos que nos garantizan que las aulas de nuestros hijos son seguras las han visitado ¿Cómo es posible que la mayoría de inspectores de educación no hayan puesto un pie en los colegios de su distrito, ni siquiera en estas circunstancias? ¿Cómo es posible que desde la Consejería de Educación afirmen, sin que se les caiga la cara de vergüenza, que en todos los colegios de Salamanca está garantizada la distancia de seguridad? ¿Cómo es posible que hagan recaer la responsabilidad en los profesores y los equipos directivos, que estos días se han convertido en gestores, arquitectos, porteadores, limpiadores, lo que sea para intentar paliar la catástrofe que se avecina? Las respuestas a tales preguntas debieran sonrojar a más de uno o de una, seguros y a distancia en sus espaciosos despachos.

Empezar las clases en estas condiciones es un acto de inconsciencia, de temeridad y, digámoslo sin tapujos, de indiferencia y desprecio hacia la ya bastante vapuleada educación pública. Algo similar a lo que se viene haciendo con la sanidad pública (luego esperamos que nos salven la vida, eso sí), o con la investigación pública (pero que encuentren pronto una vacuna, por favor). Los padres manifiestan (manifestamos) nuestra intranquilidad, desconcierto y enfado ante una situación donde la improvisación se combina con la dejadez y las mentiras. No podemos quedarnos de brazos cruzados en una situación como ésta y esperar que no pase nada. No debemos. ¿Dónde está la sociedad civil para oponerse a tanto desatino? De la política, salta a la vista, se puede esperar bien poco.

Por: Esther M. Sánchez (Universidad de Salamanca) y Lorenzo Delgado (CSIC), padres de hijos en edad escolar en Salamanca.


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2 comentarios

  1. Yo creó que estamos todos perdidos sin saber que camino tomar, padres preocupados y profesores muy perdidos por lo que se les puede venir encima.

  2. Si muy bonito,pero hoy llevamos a los niños al colegio, sin alzar la voz, obedientes ante un poder político que nos lleva al abismo. Conscientes del peligro y sumisos , luego vendrán las lamentaciones, el querer poner denuncias. Pero señores, la culpa es nuestro porque hoy faltaremos a A nuestro primer deber como padres, que es proteger a nuestros hijos y Y lo peor es que somos conscientes de ello. La suerte está echada, Sálvese quien pueda

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