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Regeneración imposible

El PP alcanza la cima montando una policía patriótica en la 'operación Kitchen' para neutralizar sus trapos sucios que revela una forma de entender la vida

Casos aislados, cosas del pasado y hechos atribuidos a esa persona que usted se refiere. Ahora, la excusa es que yo pasaba por allí. Son las excusas a las que ha recurrido sistemáticamente el PP para tratar de escurrir el bulto cada vez que se desvelaba algún caso de corrupción en su organización.

 

Los enjuagues conocidos hasta ahora estaban montados para enriquecerse desde la política, pero al enturbiarse el futuro judicial del principal caso, el de la Gürtel, dio un paso más y cruzó una nueva barrera para tratar de tapar las pruebas de sus maquinaciones que desvela una forma de entender la vida pública.

Organizó desde el Ministerio del Interior una policía patriótica para neutralizar las pruebas que podían retratarlo de nuevo como una presunta organización criminal, también con el convencimiento de que sería difícil probar sus fechorías.

Generó más trapos sucios para lavar los anteriores, pero en su afán por tratar de evitar que el caso salpicara a las alturas fabricaron el eslabón débil de la cadena buscando una cabeza de turco.

Los autores intelectuales de esas artimañas encasquetaron toda la responsabilidad a un subordinado, que se ha propuesto tirar de la manta y cantar La Traviata.

Todo se urdió en el Ministerio del Interior del que era titular Jorge Fernández Díaz, estrecho colaborador de Rajoy desde su paso por el Ministerio de Administraciones Públicas en tiempos de Aznar, donde también hicieron buenas migas con Francisco Marhuenda.

Los tres prosperaron con el paso de los años. Rajoy llegó a lo más alto y siempre contó con Fernández Díaz en sus responsabilidades, mientras que con el paso de los años Marhuenda acabó como director de La Razón.

Ya con Rajoy como presidente, el PP se vio acorralado por el caso Gürtel, del que ha salido con la consideración judicial de “organización criminal”, en el que estaba implicado el extesorero del PP, Luis Bárcenas, que también se vio de repente en el papel de eslabón más débil de la cadena (“Sé fuerte Luis”, le llegó a poner Rajoy por WhatsApp) y dispuesto a tirar de la manta si no se le proporcionaba una salida airosa.

Disponía de pruebas sobre la existencia de la caja B del PP, esa de la que tiraba el partido para tener más recursos para engrasar su portentosa maquinaria electoral y seguir en el poder. Recibía dinero de empresas a cambio de favores futuros.

La reacción fue la puesta en marcha de la denominada operación kitchen (cocina) para neutralizar las nuevas y temibles amenazas. Empezó en 2013 y se prolongó, al menos, hasta 2015.

Y ahí es donde aparece Jorge Fernández Díaz, beato y ministro del Interior de Rajoy, como presunto cerebro de la denominada policía patriótica, según acaba de denunciar este mismo domingo en El País, Francisco Martínez, exsecretario de Estado de Seguridad en Interior, el número dos del ministerio. La mano derecha del ministro entre 2013 y 2016.

En resumen, lo que hizo el PP fue pagar con dinero de los fondos reservados de Interior (dinero público, ni siquiera del partido, que es una entidad privada), a 70 policías nacionales (ya les vale) para investigar al extesorero del PP, Luis Bárcenas, para robar las pruebas que guardaba sobre la financiación ilegal del partido.

Contactaron con el chófer, Sergio Ríos, al que se le dio dinero y se le facilitó el ingreso en la propia Policía Nacional, y con el comisario Villarejo, que está en todos los asuntos turbios de la reciente historia democrática española y que, entre otras virtudes, aprovecha sus contactos en el cuerpo para obtener información confidencial.

Con Villajero por el medio es como tirar del hilo y viene la madeja, más aún con los pleitos que le esperan. Y una cosa lleva a la otra.

La Fiscalía Anticorrupción ha pedido al juez del caso Villarejo que cite en calidad de investigados al exministro del Interior Jorge Fernández Díaz y a la exsecretaria general del PP María Dolores de Cospedal, así como a su marido, el empresario Ignacio López del Hierro, en la pieza relativa al presunto espionaje al extesorero del partido Luis Bárcenas, la llamada operación Kitchen.

Esta trama es una pieza derivada del caso Villarejo, que se investiga en la Audiencia Nacional, y que se centra en el posible espionaje al extesorero del PP por parte del Ministerio del Interior, entonces dirigido por Jorge Fernández Díaz, y por parte del partido de la calle Génova.

En un pendrive hallado en un registro en el despacho de Villarejo se encontraron los pormenores de la operación kitchen montada para arrebatarle a Bárcenas su munición contra el PP.

El juez Manuel García Castellón tiene imputados, por el momento, al exnúmero dos de Jorge Fernández Díaz, Francisco Martínez, por ser el que supuestamente autorizó el pago de los fondos reservados durante la operación Kitchen.

También ha imputado a la cúpula policial de aquella época como es el director operativo adjunto de entonces, Eugenio Pino. También se investiga a los entonces inspectores jefe José Ángel Fuentes Gago y Bonifacio Díaz Sevillano, así como el exjefe de la Unidad de Asuntos Internos, Marcelino Martín-Blas.

Además, se encuentra imputado el conductor de la mujer de Bárcenas, Sergio Ríos Esgueva, por su actuación como confidente, labor por la que cobró 48.000 euros de los fondos reservados.

La Fiscalía sostiene que la exministra y exsecretaria general del PP María Dolores de Cospedal habría tenido «interés personal» en esta trama porque la documentación que se buscaba era «supuestamente comprometedora para ella» en relación con la actividad de la trama de la Gürtel.

Anticorrupción solicita al juez del caso Villarejo la imputación de Cospedal y del exministro del Interior Jorge Fernández Díaz por presuntos delitos de prevaricación, descubrimiento y revelación de secretos y malversación.

El nombre de Rajoy aparece en el informe del juez en varias ocasiones en las conversaciones pinchadas al excomisario José Villarejo. Además, el exsecretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez, imputado en el caso, advirtió en varios mensajes de que si él era citado a declarar, posteriormente lo sería Jorge Fernández Díaz y «probablemente MR», en referencia a Mariano Rajoy.

Los trapos sucios de la cocina del PP salen a la luz.


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