Opinión

Morriña

 

No creo que haya alguien que no sepa lo que es la morriña por haberla sentido alguna vez.

Pero para estar seguro, veamos que nos dice María Moliner: «Melancolía o añoranza, particularmente la que se siente por estar lejos de la tierra en que se ha nacido. Se usa sobre todo, aunque no exclusivamente, entre gallegos o referido a gallegos«.

No puede estar más claro. Y yo añado que, conociendo a fondo Galicia, su paisaje, sus pueblos, oyendo su dulcísima lengua, ¿cómo no tener morriña estando lejos de ella?

Pazo. Reigosa, Pastoriza (Lugo)

Esa morriña se ve en Galicia por todas partes. Sus hijos afincados en Iberoamérica, nunca dejaron de pensar en ella y enviaron sus caudales para formar escuelas y centros culturales. En las placas que ennoblecen sus fachadas figuran los nombres de sus benefactores, desde Buenos Aires, La Habana, o de tantos y tantos lugares donde también plantaron su huella española. Muchos volvieron, los indianos, y dejaron su testimonio en cruceiros, edificios e instituciones. Pero muchos más quedaron allí y fueron sus descendientes los que vinieron a respirar la añorada tierra de sus abuelos…

En una plaza de Mondoñedo hay una placa en la casa natal de Manuel Leiras Pulpeiro (1854-1912) con un poema suyo, que dice:

¡Miña casiña, meu horto,
Meu caxigo e meus loureiros,
Partem´a y alma o deixarvos,
Pro non teño mais remedio!

¿Se puede expresar mejor el sentir del alma al dejar lo que tanto se ha amado? ¿Cómo, pensando así, no se puede sentir morriña lejos?

Contaba Santiago Jiménez que, estando en un puerto de Sudamérica, vio como una barca, en la que remaba dificultosamente un anciano, se acercaba lentamente a un trasatlántico español, y que al estar debajo de la bandera, se puso en pie y la besó. Le contaron los marineros que aquel hombre hacia eso todos los días y que era frecuente en los puertos en que recalaban. ¡Morriña! ¡Amor a la lejana tierra donde se nace!

Los que hemos vivido siempre en esta bendita Piel de Toro quizás no nos demos cuenta de lo que tenemos y que haga falta irse fuera para sentirlo.

Yo creo que todos también tenemos añoranza por aquellos tiempos que vivimos en aquel lugar. Permitidme que exprese mi sentimiento con este seudopoema:

Mis paraísos perdidos

¡Volver!

¡Volver a aquel lugar!
Pero… ¿a cuál?
¡Fueron tantos!

Y en todos ellos estabas tú,
con tu mano en la mía,
haciendo de cada lugar
un paraíso…

Pero ahora…
tu alma está ahí;
sonríes, miras, pero no hablas.
Tu mente enferma no puede pensar.

Pero la mía sí,
y con ella podría volver,
volver a aquellos lugares
que nos vieron tan felices
cogiditos de la mano.

Eso… podría pensarlo…
pero no hacerlo.
¡Me faltarías tú!

Hoy no puedo ni acercarme.
Sólo mirarte y hablarte,
pero tú no me contestas.
¡No puedes!

¡Vives feliz en tu inocencia,
sin preocupaciones, sin dolores!

Pero… ¿y yo? ¿Estoy vivo?
Respiro, ando, hablo…
¡Pero me falta tu mano
cogidita entre las mías!

Ese era mi sustento, mi vivir.
¡Ya no lo tengo!

¿Dónde está mi paraíso?
¡Para mí no existe si no te tengo
cogidita de la mano!

Salamanca, 8 de septiembre 2020 (Año del coronavirus)

Su mano.

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4 comentarios

  1. Precioso, Emiliano. Por la morriña y por el inmenso amor que
    Destila tu escrito. Enhorabuena por ser capaz de expresarlo

  2. Excelente tu crónica sobre la morriña. Pero en particular esa poesía que me ha llegado muy, muy adentro. Un fuerte abrazo.

  3. Qué «morriña» más triste la nuestra, querido Amigo, pero como bien dices esto nos ha enseñado a vivir este particular presente, el pasado se fue y el futuro es incierto. Disfrutemos el Hoy. Salud

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