Opinión

Conciliación familiar (o lo que sea) en la era Covid (y en la anterior)

El teletrabajo en el 2020 viene a ser una niña de cinco años pidiéndome que le dicte el e-mail para que ella lo envíe… y una de tres pasándome las llamadas al más puro estilo secretariado años cincuenta.

Nos confinan por unas décimas de fiebre de las niñas que acabamos compartiendo toda la familia y hasta que nos hacen las PCR a todos acaban pasando dos semanas. Dos semanas sin trabajar, sin estar de baja más de tres días y sin ayudas de nadie. Esta es la nueva realidad de muchas familias en los tiempos que corren. Pero esas décimas de fiebre que no llegaron a ninguna parte y que acabaron siendo compartidas por toda la familia, esta dolencia del desastre y el colapso en la que hemos vivido estas dos semanas tampoco son de nuestra exclusividad. Es la realidad del 2020.

Y así, haciendo malabares con dos niñas para intentar sacar trabajo adelante, Lola, la becaria de tres años, me pasa una llamada “de trabajo” muy importante:

– Es la Bisa, ya tiene nuestros filetes.

– Pero eso no es una llamada de trabajo, mi amor. – Le digo absolutamente convencida.

– Sí que lo es, trabaja en la cocina.

De un zarpazo, una niña de 42 meses, me recuerda aquello de lo que a veces nos olvidamos cuando nos intentamos centrar en el trabajo para demostrar que podemos con todo y nos olvidamos de que todo, hasta la casa, también lo es.

Yo no me esperaba un nuevo giro de escenario tan pronto y verme confinada nada más empezar el colegio, pero a veces la vida tiene estas cosas… y me encanta poder atender las llamadas que me pasa mi becaria y dictarle e-mails a la mayor, aunque eso signifique que luego el trabajo haya que sacarlo adelante a las cuatro de la mañana. La vida es así, siempre sorprende. Creo que las fechorías que nos está haciendo este año no son como para llevarnos las manos a la cabeza y no saber por dónde salir, sino para disfrutar como podamos de lo que nos toca, porque si algo tengo claro desde que el 14 de marzo nos confinaron, es que de nosotros solo depende el hacer bien las cosas y respetar las normas, que todo lo demás está en manos ajenas… las decisiones, las ayudas a la economía, la prolongación de los ERTES, la conciliación familiar y laboral… Mientras todo eso llega, o no, solo busco la manera de no envenenarme. Dejemos de ver vídeos que solo acabarán enfrentándonos más, dejemos de chismorrear, quejarnos, llorar. Sí, démonos la licencia de poner a escurrir a los políticos de turno, cinco minutos, y fin. Porque la demagogia no nos va a salvar de la que está cayendo y sí puede hacer que lo vivamos de una manera bastante deplorable.

Ojalá nos sentemos en nuestras mesas y hablemos de nuestra situación y de cómo mejorarla desde nuestra área de influencia, que poca no es. Porque no es lo mismo afrontarlo todo desde el drama que desde el humor. Y porque, sobre todo, los niños no lo reciben igual.

Pocas cosas me preocupan más en estos tiempos que el crecimiento de todas esas cabecillas, que ahora son esponjas, escuchando COVID a todas horas, quejas, lamentos y un sinfín de noticias tóxicas. Cuando veo familias que transmiten buen rollo a raudales, los envidio sanamente por todos esos momentos en los que yo no he sido capaz de hacerlo y los admiro porque en esos niños está el futuro del mundo.

Pero volviendo a lo importante de esta reflexión, los filetes de mi abuela. Son delicia, las cosas como son. Yo se los pido y ella sabe que me está salvando la vida regalándome ese tiempo que yo tardaría en hacerlos. Y eso es mucho. Sobre todo, cuando viene de alguien que empieza a perder un poco la noción del tiempo, el si los filetes están o no hechos o si me los dio ayer o el mes pasado. Y ella me salva la vida casi cada semana, con mucho aceite y todo el amor del mundo.

Esos filetes sí son una verdadera ayuda a la conciliación familiar y laboral y este un homenaje a los abuelos (y hasta bisabuelos en mi caso) que nos están salvando la vida (también) en esta pandemia. En nuestro caso mandando filetes por paquetería y en otros, ayudando a todo en el día a día. Porque ellos hicieron España y porque ellos nos están salvando de nuevo.

Cristina Acebedo.

Madre, abogada y mediadora. Y fiel creyente en la humanidad.


Deja un comentario

Botón volver arriba