Opinión

Mil caminos hacia la esperanza

 

Los caminos nos llevaron hasta Gomecello para visitar la quesería. Nos atendieron Manel Camp y Chuchi, de la Fundación Mil Caminos, y Olivier, el maestro quesero. La estancia nos permitió al observar íntegramente el proceso productivo y descubrir que, con lo que hay detrás, los quesos son lo menos importante.

 

Mil Caminos es una de las muchas obras que ha dejado el padre Antonio Romo, el ya mítico párroco de Puente Ladrillo que consiguió el premio de Castilla y León a los Valores Humanos y las medallas de Oro de Salamanca y la provincia. En su afán por encontrar una salida para los más desfavorecidos fundó la Asociación Puente Vida. Es un camino para acoger, alfabetizar e insertar laboralmente a personas en riesgo de exclusión social. A partir de ella se fueron propiciando medios de capacitación en distintas áreas del sector primario. Así surgió la escuela de pastores y en relación con ella la producción de estos quesos artesanales.

Hace un año que Antonio Romo cedió a otros el testigo de sus obras. Y Mil Caminos, convertida en Fundación, ha quedado vinculada a la Casa Escuela Santiago Uno, que trabaja también con jóvenes cuya trayectoria para nada ha sido fácil. Quizás con el tiempo esta actividad de recuperación y dignificación de la persona, a través del trabajo en el medio rural, pueda estar reglada académicamente y convertirse en un grado medio de Formación Profesional. De momento, la Escuela Lorenzo Milani está poniendo los medios para que los jóvenes puedan salir de esta etapa, como mínimo, con el título de Formación Profesional Básica. Apenas es nada, pero les permitirá disponer del mínimo exigible para acceder al mercado laboral.

Allí, en Gomecello, pudimos comprobar cómo una granja y la pequeña fábrica aneja pueden ser autosuficientes. La energía solar, el pozo de sondeo y las tierras circundantes dedicadas al cultivo de las plantas forrajeras, permiten la manutención de un rebaño de seiscientas ovejas y el funcionamiento de la industria quesera. Tan solo el pastor y el maestro quesero trabajan de manera continuada en las instalaciones. El resto del personal son educadores o alumnos que buscan dejar atrás un pasado demasiado convulso mientras se labran un porvenir aprendiendo oficios vinculados al sector agropecuario.

Iniciativas como esta son las que procuran un mundo algo más justo y solidario. El tema de la exclusión resulta siempre espinoso, difícil de abordar y gestionar por cuanto le rodea. Pero por una u otra razón siempre hay personas a las que la vida deja al margen. Esa es la realidad. Y ante ella no queda más remedio que actuar. Dar oportunidades, con una formación ligada al compromiso de la inserción será siempre mucho mejor que la nada o el subsidio de la miseria que a la larga destruye la dignidad de la persona.

La obra del padre Romo, un coloso de los valores humanos, ha quedado en buenas manos. Cambiaron los gestores, pero el espíritu permanece y con el soporte y experiencia de entidades como Santiago Uno y Lorenzo Milani, Mil Caminos continuará ayudando con sus quesos solidarios a quienes más lo necesitan.


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