Opinión

Navidad 2020: Defender la alegría

 

Transcurrida la Navidad permítanme comenzar esta semana parafraseando a Joan Manuel Serrat y, a punto de caer “la última hoja del calendario” del maldito huerto que ha sido el año 2020, muerto de muerte natural, nadie mentirá un padrenuestro ni comprará flores para su funeral. Pondremos fin a su diario sin rezar a su memoria, Dios no lo tenga en su gloria.

Hasta donde pueden alcanzar mis recuerdos la Navidad siempre ha despertado en mí, y creo que en muchas personas, un sentimiento ambivalente situado en algún lugar entre la alegría y la tristeza, contenidas ambas en un extraño equilibrio. Es como si todos, llegadas estas fechas, cada año representáramos la misma obra teatral colectiva, algo así como un Fuenteovejuna navideño, en la que la puesta en escena es un claroscuro donde el foco de luz  se desplaza por el escenario para marcar el paso del tiempo y, conforme avanzan los años y cambia el foco, la melancolía termina dominando la representación teatral.

Representamos entre todos un auto sacramental adelantado desde el Corpus a la Navidad, una nueva representación del auto del año 1145 titulado Representación de los Reyes Magos, donde el boato litúrgico se ha trasformado en un gran aparato comercial destinado a fomentar el consumo desenfrenado, donde el sentimiento religioso ha sido sustituido por el sentimiento de posesión.

Sin embargo, a pesar de las guirnaldas de colores, las luces, los árboles de Navidad y personajes incorporados recientemente al plantel de la obra, como Papa Noel, a pesar del esfuerzo colectivo por “defender la alegría” de las ausencias transitorias y las definitivas como escribe Mario Benedetti, a pesar de defenderla como una trinchera, como un principio, como una bandera, como un destino, como una certeza, como un derecho, a pesar de todo ese esfuerzo la melancolía se termina abriendo paso en estas fechas porque siempre recordamos la infancia, porque siempre falta alguien a la mesa de Navidad, y especialmente este maldito 2020.

Estas navidades tenemos que poner la obra patas arriba: necesitamos cambiar entre todos el foco de la luz sobre el escenario, necesitamos cambiar el guión de la representación teatral que interpretamos estos días, necesitamos olvidar el claroscuro y llenar la escena con una luz que permita el optimismo.

Desde esta columna este escribidor quiere felicitarles la Navidad de todo corazón y, sobre todo, desearles un año 2021 corriente, nada extraordinario, un año normal como eran antes todos los años, con alegrías y penas, con momentos buenos y malos, que nos permita “defender la alegría”, comenzar, vivir y acabar el año con optimismo, pero para ello recuerden: antes de salir al escenario y durante toda la representación  lávense las manos, usen mascarilla, mantengan la distancia social y, por favor, ¡vacúnense! Todos a una.


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