Opinión

Por el Camino

Ya tenemos a Pepiño y a Catorcena en ruta hacia Galicia. Pero antes de entrar en ella, entre los puertos de Padornelo y de la Canda. Pepiño, como buen segador, tenía que hacer su ofrenda a su Protectora, la Virgen de la Tuiza en su Santuario.

Al llegar allí, había una romería de los vecinos de Chanos y Lubián, que siempre rivalizaban sobre la ubicación del Santuario, muy fieles a la tradición, que se resolvía con unas competiciones de fuerza y destreza. Un segador, Mando, paisano y compañero de Pepiño, les estaba esperando

A Catorcena le hubiese resultado muy sencillo ganar los concursos, pero le pareció más oportuno dejarlos para disfrute de los romeros.

Lo que allí degustó fue el pulpo que en esas ocasiones era típico; le pareció tan sabroso que pensó que si la Sirena de la Mar se lo hubiese ofrecido quizás hubiese caído en la tentación…

Pero al final la fiesta se empaño por una pelea entre dos lugareños que habían bebido demasiado… Uno de ellos sacó una navaja y la cosa hubiese podido ir a más si no hubiese sido por la rápida intervención de Catorcena, que cogiendo una piedra la arrojó, con no mucha fuerza pero si con gran puntería, al brazo derecha del navajero, haciendo que éste soltase el arma.

Todos celebraron el desenlace y así la fiesta pudo terminar en paz.

Al día siguiente reemprendieron la marcha Catorcena, Pepiño y Mando, acompañados de tres peregrinos que estaban haciendo el Camino de Santiago…

Pero -les preguntó Catorcena¿el Camino no viene de Francia? ¿No os habéis apartado mucho de él?

No. No. -le contestó uno de ellos-. Hay varios Caminos de Santiago. Nosotros seguimos el de la Plata o Mozárabe, que parte de Sevilla y Mérida, de dónde venimos. Si os parece os acompañaremos hasta Orense.

            – O teu golpe coa pedra a ese gañán foi moi oportuna, Catorcenadijo Mando-. ¡Sabe Dios cómo hubiese terminado todo sen ti! ¿Te acordas, Pepiño, da pelea en Castroverde de Campos?

            – ¡Xa o creo! Fue entre dos de allí, por cuestión dunhas faldas. Sacaron as navallas e terminaron os dos mortos. ¡Si hubieses estado allí, Catorcena…! Las peleas son frecuentes en las fiestas que nos dan a los segadores al final de nuestro trabajo en un lugar, pero nunca entre los de una misma cuadrilla. Se comienza por una simple discusión sobre quien es mejor y puede acabar a tortas entre andaluces, extremeños y nosotros. Al final, unos cuantos cardenales y ¡todos tan amigos! Pero aquello de Castroverde fue diferente… ¡Habiendo una mujer de por medio todo se complica…!

Y así, charlando y charlando, fueron recorriendo leguas y más leguas. En Verín volvieron a degustar el pulpo, que dicen que allí se prepara el mejor de Galicia ¡Y eso que está tan tierra adentro! ¿Será por hervirlo en sus famosas y salutíferas aguas?

Al acercarse a Xinzo de Limia salió a colación -¡cómo no!- el «esquecemento«, el paso del río por la legión romana. Como los peregrinos no sabían esta historia, Mando, que era de allí, les contó cómo entre la tropa se había corrido la voz de que aquel río era el Lethes, el río del olvido, y que todo el que lo atravesaba perdía totalmente la memoria. No se atrevían a cruzarlo. Y entonces su general, Decimo Junio Bruto, cogió el estandarte y, solo, pasó a la otra orilla. Una vez en ella, clavó la enseña en el suelo, se volvió y fue llamando a sus soldados, a cada uno por su nombre… A partir de este valeroso gesto los romanos conquistaron Galicia y la regalaron su idioma, sus leyes y su Cultura.

            – ¿Y eso es verdad os es un cuento?

            – Dice un mestre do meu pobo que seguramente algo habrá de cierto en ello; propagouse o infundio do olvido por aqueles fieros celtas de fai tantos siglos para atemorizar aos invasores. E que o xeneral, con algúns lexionarios, atravesaría o río por un vado baixo a protección dos seus arqueiros e, unha vez establecida a cabeza de ponte, convocarían ao resto. Despois farían ou contarían adornándoo á súa maneira e facendo do seu xeneral o heroe inmortal para a historia …

Llegados a Xinzo de Limia, Mando les invitó a comer en casa de sus padres y, antes de despedirse les contó otra historia:

            – Máis alá da cidade, á dereita, pasarás preto da Lagoa de Antela. Doulle este aceite para que poida manchar o corpo, porque a cantidade de mosquitos que hai é enorme e morden coma demos. Se escoitas os galos cantar, non te pares; son un moi mal presaxio. Dise que estes mosquitos son o que quedou do exército de cabaleiros do rei Arturo. Si, o da Mesa Redonda … As sanguessugas,  que vostedes chaman sanguijuelas, da lagoa son moi buscadas, usadas para tratar enfermos …

            «E tamén din que a lagoa, que algúns chaman Beón e ten máis dunha legua de longo e outra de ancho, cubrió unha cidade, Antioquía. Que un viaxeiro desfeito chegou a ela e ninguén lle quería dar esmola e que incluso o pegaron…

¡Andá! -dijo Catorcena¡Igual que en el lago de Sanabria! ¿Y también encontró unas almas caritativas y entonces clavó su estaca en el suelo y salió un borbotón de agua que inundó todo?

            -Non. Non foi así. Atopou unha vella moi pobre que lle deu unha cortiza de pan e deixoulo durmir na súa propia cama. Cando espertou, pilloula da man e saíu da cabana amosando que todo desaparecera baixo a auga.

            – ¿Y suena a veces la campana de la iglesia?

            – Non, porque entón non había igrexas. Eses pagáns adoraban galos. O que se escoita nas noites escuras é o distante e sombrío quiquiriquí de moitos deles.

            – ¿Y dónde está la barrera que forma el lago? ¡Porque todos los lagos tienen su barrera!

– No. No todos -intervino Mateo, el peregrino sevillano-. Hay algunos en los que todos los ríos le llevan sus aguas, pero de él no sale ninguno. Es como si se formasen en una depresión sin salida. ¡Éste debe ser de esos!

            – ¿Y no se ha intentado desecar?

            – Oh si! Moitas veces! Os romanos intentaron facer unha canle de máis de cinco leguas de longo, e máis de doce varas de ancho, para levar as súas augas ao río Limia, pero ao final non o conseguiron ou durou moi pouco.

Y después de escuchar esto, los viajeros se despidieron de Mando y prosiguieron sus andaduras, en busca de su destino…


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