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Opinión

Carta de un trabajador del transporte sanitario de emergencias a la consejera

 

No soy un héroe, ni pretendo serlo. Solo soy un trabajador del transporte sanitario de emergencias. Un conductor, cuya principal hazaña es ver crecer a mis hijos, y créame que no es poco.

Como bien sabe, en esta comunidad los trabajadores y trabajadoras de sector de transporte sanitarios no somos empleados públicos, somos trabajadores de una empresa que presta sus servicios contratada por la consejería que usted dirige, lo que hace que sin ser héroes, al menos yo, seamos INVISIBLES.

Me explicare: todo los empleados públicos que han estado y están haciendo frente a esta terrible situación que nos ha traído la dichosa pandemia, están siendo o serán recompensados en sus salarios, bien sean de manera económica o de manera no económica (salario emocional). Nosotros no lo seremos nunca. Como bien se encargan en su departamento de recordamos, cada vez que los representantes de los trabajadores llaman a sus puertas solicitando ayuda para conseguir mejoras laborales. Nuestras condiciones laborales se rigen por un convenio colectivo que nace fruto de la negociación entre los representantes de los trabajadores y las empresas del sector. Pero no es menos cierto que desde su departamento se podría hacer mucho más, sobre todo en lo concerniente al “salario emocional”. Por si no lo sabe, que no debe saberlo, en mucho de los centros donde se ubican nuestras bases de referencia, esto es, centros de salud de titularidad de SACYL, no tenemos aseo, ni vestuarios, ni duchas, nuestras zonas de descanso se limitan a unos camastros puestos en cualquier rincón que no molesten mucho.

Por otro lado, cuando nuestros representantes se dirigen a su Consejería, no debemos de olvidarnos de que el transporte sanitario es un servicio esencial para la comunidad, y en caso de darse una situación de conflicto colectivo que derivase en la convocatoria de una huelga (como ya ha ocurrido alguna vez), los servicios mínimos serian nombrados desde su departamento.

Servicios mínimos cuya decisión sobre la adopción de las garantías de funcionamiento no puede ponerse en manos de ninguna de las partes implicadas, sino que debe ser sometida a un tercero imparcial. Y no parece muy imparcial que los establezca quien recibe la prestación de esos servicios, que hasta ahora han sido siempre del 100%, lo que restringe mucho el poder de negociación, al vernos desposeídos de una de las instituciones laborales reconocidas por nuestra constitución, si bien es una situación a la que nunca se debiera de llegar.

Pero, volvamos al principio, ya que no es mi intención hacerle una disertación sobre las herramientas con las que cuentan los representantes de los trabajadores. Le decía, que NO SOY UN HÉROE, NI PRETENDO SERLO, solo soy un trabajador que trato de cumplir con todas mis obligaciones, pero que, por ello, no tengo qué renunciar a ninguno de mis derechos. Derecho a la seguridad, a la higiene, a la intimidad, al respeto, al buen trato, a disfrutar de buenas condiciones laborales, a no tener que estar siempre preocupado por lo que pueda “llevar a casa”; derecho a contar con el apoyo suficiente para no sufrir estrés post-traumático, a no tener que elegir entre proteger a mi familia y hacer mi trabajo. En todo ello, a mi entender, señora Casado, si tiene usted y la consejería que dirige mucho por hacer, mucho que trabajar, mucho por intervenir, mucho por aportar a la parte emocional de mi salario.

P.D. Me gustaría algún día, cuando toda esta situación se normalice, con toda la tranquilidad y normalidad de siempre, poder tomar con usted un café en la plaza mayor de Salamanca.

NO QUIERO SER UN HÉROE

 

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