Opinión

Los olvidados por la vacuna

Hemos sido la generación que más ha expuesto en la historia reciente de nuestro país. Somos hijos de la Guerra Civil o de la post guerra. Nuestra adolescencia, juventud y madurez transcurrió en una dictadura. Llegó la Democracia y con ella nuestros mejores años porque rondábamos los cuarenta, con la fuerza que ello supone.

Llegó la crisis de 2008 y ayudamos a nuestros hijos y nietos, porque nosotros ya estábamos jubilados. Ahora, con la crisis sanitaria nos han tenido en su boca todas las formaciones políticas. Pero solo para hacer un triaje porque desde el primer momento nos han dejado desamparados de cara a ir en las ambulancias y ocupar camas en la UCI en las tres olas anteriores.

Eso sí, seguíamos siendo parte importante en este juego de fichas en el que se ha convertido la crisis sanitaria. Todos aquellos mayores que vivían en las residencias de ancianos tuvieron la suerte de recibir la vacuna para combatir la Covid-19. Fotos y más fotos de médicos, enfermeras, pacientes y políticos, aunque estos menos, quizá por temor a ser reconocidos por alguna persona y descubrir que ya se habían vacunado.

Después, se olvidaron de nosotros, los octogenarios. Hace unas semanas vacunaron, también con mucho bombo y platillo, a los que pasaban de los noventa años. ¡Bien por ello! Porque al igual que nosotros son unos supervivientes, en todos los sentidos.

Entre los nonagenarios y nosotros, hemos visto pasar por delante a funcionarios de toda índole, estudiantes de las ramas sanitarias de toda clase y nuestras vacunas parece que no están, pero lo peor de todo, no se las espera. Aunque este lunes he preguntado en el centro de salud de San Juan y me han dicho que quizá esta semana. ¡Qué Dios te oiga! Le he dicho a la persona que estaba en la puerta. Aunque parece que a nuestra generación Dios la ha escuchado poco y eso que rezarle, le hemos rezado más que ninguna otra, por ser de obligado cumplimiento durante toda nuestra niñez.

En resumen, que hace unos meses, íbamos a ser de los primeros, pero parece que en esta ocasión si se ha cumplido la parábola de Jesús en el Evangelio según San Mateo: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Vayan también ustedes a mi viña, y les pagaré lo debido.»

Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que están aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Vayan también ustedes a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y lo primeros los últimos.»

Pues eso, seguimos siendo los últimos, pero sin denario, o lo que es lo mismo, sin vacuna.

Por: Un octogenario salmantino

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