Opinión

¿Y lo mío para cuándo?

 

Pues a ver cómo te respondo yo a esto, es que vaya preguntas. Tres meses. En unos tres meses te sentirás más o menos como ahora. Es curioso, sirve para casi todo. ¿Cuánto dura el amor verdadero para siempre? Pues tres meses. ¿Cuánto duran la primavera, el verano, el otoño y el invierno? Mmmm, déjame ver, doce entre cuatro… Tres meses. Hay incluso quien afirma que una rutina necesita de 90 días para fijarse y lo mismo sucede con (insisto en el hay quien dice) las adicciones. 90 días. 3 meses.

 

Todo para siempre podría tener una esperanza de vida de tres meses. La felicidad, por ejemplo. Y también la pena. Todo esto tiene que ver con la teoría de la rueda hedónica de Michael Eysenck. Con ella nos compara con un hámster, ya sabes, ratones de familia bien, que corren como posesos poseídos hacia delante sin avanzar un solo centímetro.

Afila así el lápiz del afán del consumismo, de la adquisición de gratificaciones. ¿Se te ocurre algo que pueda hacerte feliz para siempre? Apuesta solo el meñique de otro. A la gratificación de un impulso le seguirán tu adaptación y posterior regreso al punto de partida. Abre una gaseosa, bebe un sorbo, guárdala en el frigorífico y un par de días después, dale otro sorbo. Incluso con la botella bien cerrada habrá perdido carbónico. Pues eso.

¿Por qué? Pues porque, parece ser, eres un ser incapaz de lograr un bienestar duradero por tu natural insaciabilidad. No es nada personal, sencillamente no existe placer del que no te canses o al que no te acostumbres. ¿Cómo se te queda el cuerpo? ¿Te acabo de contar, quizá, algo que de sobra sabías? Si lo sabías, tranquilidad, sabiéndolo… Si no lo sabías, tranquilidad, tampoco te ha pasado nada, ¿verdad?

El día que consigas ese aumento de sueldo, ese ascenso, ese puesto al que aspiras, será un gran día… que terminará por desvanecerse en otro, uno en el que pensarás que aquel tesoro no es el adecuado a tus méritos, te dará tanto como te quite y de lo que pensabas de ese nuevo puesto a lo que está resultando ser… Como de comer jamón a que te lo cuenten.

En el ámbito del amor en cambio, es distinto. Totalmente distinto. No tiene nada que ver. En absoluto. Ya te gustaría… Es exactamente igual. Una vez que has descubierto las sendas secretas que esconden el nacimiento de la fuente de la verdad del que manan las más puras aguas… Pues eso, la verdad.

¿Y cuál es la verdad que nos interesa hoy? A mí, aquella que dice que nunca tardamos en volver a un estado normal después de un estímulo positivo, porque nos adaptamos fenomenal a ellos y la de que con los negativos, sin embargo, viene a suceder un tanto de lo mismo.

Seguro que te lo he dicho más veces, lo que diga el médico cuando dice aquello de “todo bien, ahora, vida normal”.

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