Opinión

La primavera

 

Toda noche, por sombría que parezca, tiene su amanecer.
William Shakespeare (Macbeth)

Ya estamos en primavera, que este año ha llegado sin anuncio previo del Corte Inglés, una primavera diferente y mucho mejor que la que (mal)vivimos hace un año y que solo pudimos entrever tras los cristales de las ventanas. No será aún una primavera plena como las que disfrutábamos años atrás ni como las que deseamos poder saborear de nuevo dentro de un año y en el resto de los años por venir.

La primavera es el despertar cíclico de la vida que llena de luz y color nuestra existencia, es la vuelta a casa de días soleados que nos acarician suavemente, el regreso del cielo azul de luz intensa durante el día y de noches oscuras y estrelladas, es también el brote de savia y hormonas que alteran el equilibrio interior de los seres vivos, vegetales y animales. Es, en definitiva, la vuelta del pulso de la vida que nos devuelve el optimismo.

Después de un año de intenso sufrimiento, ¡acordaos de los idus de marzo!, la primavera significa la reafirmación de la esperanza, el convencimiento de que por muy mal que se pongan las cosas la vida siempre vuelve. Señala Khalil Gibran que “en el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente”. El tiempo de invierno ha pasado y la primavera nos sonríe; debemos ser capaces de observar como un pequeño brote verde, o una flor, nace y se abre paso en las grietas del asfalto o entre las piedras, como símbolos de que finalmente la vida continúa a pesar de todo.

Necesitamos creer en la vida, necesitamos la esperanza para alimentar la propia vida, para creer en nosotros y en la gente que nos rodea, para reafirmar la confianza de que más pronto que tarde la vida se impondrá. Necesitamos ser portadores de la alegría incluso en los momentos difíciles, en los momentos más terribles. Me vienen a la memoria unas palabras de Salvador Allende pronunciadas en el momento más trágico de su vida: Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

Por eso tenemos que aprovechar la primavera para alimentar el anhelo de que sigue mereciendo la pena vivir, que la vida es un regalo que compartir y que, mucho más allá de un eslogan político vacío de contenido, como que de esta pandemia saldremos mejores, debemos aprender que la vida es un suceso colectivo que tenemos que proteger entre todos, manteniendo la esperanza y la solidaridad en el corazón. La primavera nos marca el camino y nos invita, como Benedetti, a defender la alegría.

 

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