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Cultura

La mirada de su futuro

 

Foto. Ramón Masats.

Era una nublada mañana limeña del otoño del cincuenta y ocho. Mi contratante me había citado a las 12:30 en una céntrica calle del barrio de Miraflores para el trabajo más curioso que había tenido hasta entonces. Quería que hiciese fotos sobre el lugar que iba a visitar con él, documentaría la entrevista que tendría con una niña. Su deseo era dejar constancia mediante imágenes de que lo que estaba por ocurrir fuese real. Daba la sensación de que temía estar volviéndose loco.

A mi derecha se extendía un enorme acantilado que continuaba hasta perderse a la vista. Este accidente geográfico daba paso a una pequeña playa de arena amarilla, y tras ella, el infinito Océano Pacífico. Desvié la mirada de las olas que rompían contra la orilla, y continué mi camino. Seis minutos más tarde llegué a mi destino. Abimael estaba esperándome en la puerta de un edificio de arquitectura colonial, de paredes azules y ventanas con marcos blancos. Parecía nervioso, y nada más verme me animó a que entráramos. Nos unimos al grupo de hombres que también querían acceder al edificio, pero cuando Abimael enseñó una acreditación, nos separaron del gentío y nos condujeron a otra sala.

Un señor de edad avanzada, postura regia y altura elevada para los estándares de mi paísnos recibió en la solitaria habitación donde nos habían abandonado a ambos durante varios minutos. Parecía ser el encargado del lugar. Su mirada era penetrante.

– No se me ha dicho hasta qué punto se les ha informado de lo que sucede en este complejo, pero les haré una breve introducción para que no ocasionen problemas una vez accedan a la sala de lectura – comenzó a decir el señor.

– Únicamente me comentaron algunos detalles antes de que acudiese a la cita -respondió Abimael.

– Bien, seré rápido y breve – continuó aquel hombre -. Lo primero, deben quitarse las corbatas y dejarlas en una caja que encontrarán en el hall, es necesario, ya que son objetos que desfiguran el futuro. Apreciarán que todos los que se encuentren en la sala son hombres, pues hoy es su turno, y la próxima semanacorresponderá a las mujeres – hizo una breve pausa y prosiguió-.

– En las mesas de la sala de lectura están colocados infinidad de libros. Estos descubren al lector el futuro de las personas que han venido hoy a este lugar, futuro el cuál es imposible de alterar. Pueden leer cualquiera de ellos, pero deben de volver a situar el libro en la misma posición. Han sido escritos por niños que tienen el don de la clarividencia hasta el momento que cumplen la edad de nueve años. Pero en su caso, Abimael, su futuro ha sido escrito por una niña especial, única en su generación, que tiene la capacidad de vislumbrar un futuro horrible que sí puede ser alterado. Esta niña tiene su libro en una pequeña mochila de cuero oscuro, y se lo entregará en persona. En su caso sí puede llevarse el libro.

Mi cara tras escuchar este pequeño monólogo fue de estupor, pero yo no soy relevante en esta historia. Accedimos a la sala de lectura y pudimos observar a multitud de hombres absortos en sus libros, donde muchos lucían sonrisas en su rostro, otros reflejaban un tono muy serio, imagino que sería la consecuencia de descubrir un futuro propio nada alentador. Fue en ese momento cuando pude ver al fondo a la pequeña cría a la que debía fotografiar. Estaba observando fijamente a Abimael con una mirada inquietante.Quedó claro que le había reconocido, y mi primera ocurrencia fue si estaría pensando en si sería capaz de alterar el futuro que estaba por revelarle. Tras unos segundos reflexionando, fue cuando percibí que lo juzgaba con sus ojos, cómo si el futuro de mi contratante fuese un caso de especial horror.

Muchos años después sabría el por qué de esa mirada, y que no era en absoluto injusta el juicio que emitía con ella. Pese a saber cuál era el destino que a priori se le había determinado, decidió seguirlo al pie de la letra para desgracia de miles de personas. Guzmán, mi contratante, se convertiría en un asesino.

***** Abimael Guzmán:  Fue un personaje histórico y real, a diferencia de este cuento. Como líder y fundador del grupo terrorista peruano “Sendero Luminoso”, es responsable del asesinato de hasta 30 mil personas.

David García – Cervigón Romero de Ávila.

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