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Salamanca y la prostitución, la prostitución y Salamanca

Desde la Celestina, las escaleras de la Universidad hasta el Lunes de Aguas, del barrio de los Milagros, al Barrio Chino, la capital del Tormes y las meretrices tienen una historia en común

Salamanca y la prostitución, la prostitución y Salamanca. Parecen ir ligadas y las acompañan multitud de leyendas e historias.

Por. Aurora Corvo Félix

Salamanca y las meretrices tienen una historia común. La primera tiene tintes literarios: La Celestina, de Fernando de Rojas publicada por primera vez en 1500, cuya trama tiene lugar aquí en Salamanca. La Celestina es una alcahueta, hechicera y con pasado de meretriz, aparte de su labor de casamentera para unir a Calisto y Melibea, cuida de otras dos muchachas Areúsa y Felicia ambas prostitutas.

Estas tres meretrices representaban por lado la lujuria que recorría las calles de Salamanca hace 500 años y por otro la miseria que empujaba a las mujeres a comerciar con su cuerpo. Además de la marca psicológica que supone, las prostitutas de aquella época estaban marcadas también con su atuendo para así poder diferenciarlas del resto de mujeres de la sociedad. Esa marca eran unos picos de color pardo en el bajo de sus vestidos que las calificaba como putas. De ahí, nace la expresión tan salmantina ‘ir de picos pardos’ que significa ir de fiesta o ir a divertirse, pero que en principio era una forma de señalar.

Una de las calles del barrio Antiguo de Salamanca. Foto. Almudena Iglesias Martín.

Más o menos por la época en la que se publicó La Celestina se construyeron las escaleras del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca. «El primer tramo de la decoración de las escaleras de la Universidad está dedicada a la vida jocosa y lasciva de la época juvenil. Alrededor de la dama de vida libre unos juglares bailan con cintas cascabeles en pies y manos, la danza morisca”. Según publica Paulette Gabaudan en El Mito Imperial. En este tramo también se pueden ver dos mujeres que lucen los picos pardos.

La escultura de La Celestina, obra de Agustín Casillas, en el Huerto de Calisto y Melibea.
La escultura de La Celestina, obra de Agustín Casillas, en el Huerto de Calisto y Melibea. Foto. Almudena Iglesias Martín.

A lo largo de la historia de Salamanca, la prostitución, la universidad y la ciudad han estado relacionadas entre sí. La juventud de los estudiantes conlleva libertinaje y desenfreno y en el Renacimiento no era distinto.

El monarca meapilas que trajo el Lunes de Aguas

Un adolescente Felipe II llegó a mediados del siglo XVI para desposarse con María de Portugal a nuestra ciudad. Fue en ese noviembre de 1543 cuando Felipe II sin saberlo, le iba a dar a los salmantinos su fiesta por antonomasia: El Lunes de Aguas. 

El Lunes de Aguas debe su existencia al momento en el que Felipe II ve que hay demasiada lujuria y desenfreno en Salamanca. El rey, en ese momento príncipe, llega a Salamanca con motivo de la celebración de su boda con María Manuela de Portugal, y queda escandalizado por como en una ciudad de cultura y cristianismo conviven el culto y la sabiduría con la prostitución.

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La zona del Puente Romano. ARCHIVO.

Como buen meapilas, y para poner fin a esto, el monarca decide ampliar las pautas de la Cuaresma, no solo no se podía comer carne, sino que tampoco se podían tener acercamientos carnales fuera del matrimonio, y para evitarlo decidió que durante ese periodo del año, las prostitutas serían enviadas al Arrabal, la parte izquierda del rio Tormes, evitando así que los hombres se acercasen a las señoritas.

Abandonaban la ciudad antes de empezar la Cuaresma y a su vuelta, con el fin de la Semana Santa, se montaba un gran jolgorio al que acudía toda la ciudad, pero principalmente los estudiantes que esperaban ansiosos la vuelta. Mientras las veían volver en barca acompañadas siempre por un pintoresco personaje, el Padre Lucas, que en parte gracias a estos estudiantes se terminó conociendo como ‘el Padre Putas, merendaban a la vera del río. Así, nace el hornazo salamantino, y es que en vez de comer el embutido y después el pan, descubrieron que era más sencillo hornearlos juntos, dando lugar así a uno de los productos más charros.

La historia del Padre Putas

Jesús Málaga explica que para entender bien el tema de la historia de la prostitución en Salamanca hay un lugar que muy poca gente conoce, «son las Tabernas del Vino Blanco, que salen hasta en una novela de Lope de Vega».

Málaga cuenta que as prostitutas estaban en unas taberna, ubicadas donde ahora está la facultad de Ciencias, en la subida del Alcazar, allí vivía la gente muy humilde. «En estas tabernas los clientes iban a buscar a las mujeres y después se iban a la casa de las putas, que estaba donde actualmente está la farmacia del Arrabal».

La antigua calle de las Tabernas del Vino Blanco. Foto. Almudena Iglesias Martín.
La antigua calle de las Tabernas del Vino Blanco. Foto. Almudena Iglesias Martín.

 

La casa de prostitución era un edificio cerrado hacia el exterior con un pequeño claustro y del claustro salían cubículos con una manta y poco más. «Al anochecer iban allí las prostitutas con sus clientes y abría la puerta ‘El padre putas’, que antes se conocía como el Padre Lucas, las mujeres se dirigían al cubículo y los hombres tenían una tablilla donde estaban los precios: la Dolores: 40, la Pili 50… Podían estar con ellas toda la noche hasta que amaneciera, entonces sonaba una campanilla y el padre putas retiraba a todos los hombres mientras las mujeres iban a una capilla con un fraile a decir misa», apunta Málaga.

Del barrio de los Caídos al Chino

Si hablamos de la prostitución en Salamanca tenemos que hablar del Barrio Chino, que fue el barrio de la prostitución desde finales del siglo XIX hasta los años 80. En 1808 comienza en España la Guerra de la Independencia. Esta zona, ahora conocida como La Vaguada de la Palma quedó completamente destruida durante la guerra debido a la explosión de un polvorín.

Así se convierte en un barrio de miseria, pobreza y decadencia, donde vivían los más pobres, los mendigos, las prostitutas… Esta zona se empezó a conocer como el Barrio de los Caídos.  En la década de los años 30 se empiezan a ver bares y locales de prostitución, y este barrio comienza a hacerse conocido por la calidad de las mujeres que trabajaban en los garitos. El barrio comienza a llamarse Barrio Chino e importantes personalidades comienzan a pasar por sus calles. Había lugar tanto para clientes más humildes como para aquellos de posiciones más altas y ambos disfrutaban del producto que pagaban: las mujeres.

Matilde Cherner (el Francisco de Vitoria de las prostitutas)

Algo antes de estos años de esplendor del Barrio Chino, donde la prostitución desde e punto de vista masculino parece algo divertido y sin malicia, aparece una escritora que por fin da voz en su libro a una prostituta. Habla de sus derechos y dignidad de una forma de la que no se había planteado antes -algo similar a lo que hizo Francisco de Vitoria, también en Salamanca, con el Derecho de Gentes, dignificar a los indígenas-. Se trata de Matilde Cherner.

La escritora salmantina, nacida en 1833, de madre natural de Aldeadávila y padre gaditano que llegó a Salamanca por trabajo al ser procurador de Juzgado, escribía bajo el paraguas de Rafael Luna –su segundo nombre, se llamaba Rafaela, y el segundo apellido de su padre, Luna-, lo cierto es que fue bajo ese nombre, con el que se hizo un nombre, valga la redundancia, en el panorama periodístico y literario de su época.

Matilde Cherner, la escritora salmantina que firmaba con el seudónimo de Rafael Luna en el siglo XIX.
Matilde Cherner, la escritora salmantina que firmaba con el seudónimo de Rafael Luna en el siglo XIX.

María Magdalena fue su última novela, ambientada en Salamanca. A través de lo que cuenta la protagonista, una joven prostituta, podemos ver mucho del pensamiento abierto y adelanto de Matilde Cherner en el terreno social y político.

La escritora salmantina, a través de uno de los personajes de su novela, habla de la posibilidad de legalizar la prostitución:

“Por primera vez en mi vida me puse a considerar por su lado de vergüenza y oprobio para la sociedad que la tolera, la prostitución legal de la mujer, autorizada por las leyes de todos los pueblos civilizados, y tolerada por la religión cristiana”.

Sobre el oficio de meretriz, el personaje de Magdalena, la protagonista, dice.

También pienso ahora con profunda tristeza que si el mundo, ese mundo que se dice tan ilustrado, no abrigara en su seno llagas tan gangrenosas, no tolerara infamias tan horribles, no permitiera que la mujer, esa dulce mitad del género humano, cayera en tal extremo de degradación, que de un ser puro, santo, respetable, que de una criatura humana hija de Dios y favorecida con sus dones, se trocara en una vil mercancía que cualquiera puede alcanzar por un infame precio; que si el mundo no tolerara tan vergonzosas monstruosidades, no tendría yo, pobre niña abandonada, que haberme visto arrastrada en el más inmundo fango”.

A pesar de ir ligadas, la prostitución y Salamanca, aun en los años del Barrio Chino el oficio estaba “escondido” y no eran para todo el mundo las calles de este barrio. La salamantina Carmen Martín Gaite volvió en los años ochenta con un programa para TVE a pasear por el mítico Barrio Chino diciendo que en su época ninguna chica “de bien” podría hacerlo, y se puede afirmar, sin equivocarse, que las mujeres que sí lo hacían, o ejercer ahora la prostitución, no estaban, ni están, por placer.

Fotografía. Almudena Iglesias Martín. 

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