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El Rollo, el barrio con jurisdicción propia

La configuración del barrio del Rollo quedaría definido por la construcción del Colegio de las Esclavas en el Paseo del Rollo y la estación de ferrocarril.

E[/dropcap]l origen de los barrios del extrarradio de Salamanca se halla esencialmente en la aparición de una serie de edificios de ciertas dimensiones. Estos se levantaron en los últimos años del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Apunta Fátima Miranda en ‘Desarrollo urbanístico de Posguerra en Salamanca’.

Por. David García-Cervigón Romero de Ávila

La configuración del barrio del Rollo quedaría definido por la construcción del Colegio de las Esclavas en el Paseo del Rollo y la estación de ferrocarril. Harían la función de esos edificios anteriormente mencionados.

Qué es el Rollo

‘El rollo’ encarnaba el símbolo de una jurisdicción. Si una urbe disponía de rollo, significaba que gozaba de autonomía jurisdiccional y era un aviso a los forasteros que llegaban a la ciudad. En estas localidades también se levantaban picotas, donde los malhechores eran expuestos por violar la ley.

Las picotas estaban elaboradas de madera, mientras que los rollos eran de granito, arenisca o mármol. Además, estas construcciones solo se encuentran en la península Ibérica y en alguna colonia española o portuguesa.

Paseo del Rollo

Fue construido a finales del siglo XVIII y estuvo deshabitado durante todo XIX. Aquí se establecieron algunas instituciones religiosas y benéficas a principios del XX y acogió viviendas familiares a partir de los años veinte. Actualmente se encuentra urbanizado y cuenta con zonas públicas verdes y grandes bloques residenciales.

Como su nombre indica, esta fue antaño una de las zonas privilegiadas para los salmantinos a la hora de pasear por la ciudad. Estaba flanqueado por árboles y suponía un acercamiento a la naturaleza en una época en que la capital charra carecía de espacios verdes. Las características del paseo eran largos trazados rectilíneos y glorietas en los vértices. Entre los realizados en el siglo XVIII es el que mejor representa el concepto ilustrado de paseo.

El colegio Las Esclavas.

Con la construcción de la Plaza Mayor, el llamado ‘rollo de justicia’ fue trasladado y su nueva ubicación recibió el nombre de Alto del Rollo, la zona que ahora nos ocupa.

«El tramo desde la Puerta Toro hasta el Alto del Rollo fue arreglado como Paseo en 1793 y se añadieron los tramos que hoy corresponden con la calle del Parque de la Alamedilla, avenida Campoamor y Paseo del Rollo». Se menciona en el blog “Salamanca en el ayer”.

En el siglo XIX, el Paseo se refería exclusivamente a este tramo mencionado, pero a partir de 1906 se denominó avenida de Rodríguez San Pedro y en 1942 cambió a Hermanos Pérez Almeida. Finalmente, desde 1980 se conoce como avenida de los Comuneros.

Hoy se conoce como paseo del Rollo al tramo entre la glorieta de Cuatro Caminos y la glorieta del Alto del Rollo.

En 1905 la asociación religiosa de las Esclavas del Sagrado Corazón adquieren un terreno junto al Paseo del Rollo. Aquí, en 1907, establecen su Noviciado. Será un colegio para señoritas, con internado, media pensión y unas escuelas gratuitas para niñas pobres.

En 1906 el patronato del asilo de San Rafael, creado en 1880, compra en el paseo un terreno de trece mil metros cuadrados para la construcción de una nueva casa-asilo. Se inauguró el edificio en 1908 y permaneció en funcionamiento hasta 1970, cuando fue derribada y se levantó en su lugar una residencia de ancianos en 1972.

Apareció algo de sector industrial en aquellos años. En 1911 se instala la fábrica de harinas El Ángel, construida en la avenida Rodríguez Sampedro. Más tarde se une en la zona la fábrica de mosaicos de D. Tomás Martín Bazán en la misma avenida.

El Paseo del Rollo.

En 1912 se aprueba un proyecto para traer agua a Salamanca ante la falta de higiene. Se levanta para ello en 1914 un depósito en las inmediaciones del paseo y comienza a funcionar en 1918. Esta edificación fue el revulsivo que impulsó el interés inmobiliario en esta zona de la ciudad. El depósito fue derribado en el año 2002.

La construcción residencial del paseo del Rollo fue responsabilidad de Esteban Corral y Castro. Adquirió la franja izquierda del paseo y dividió el terreno en diecisiete parcelas y se reservó la de mayor tamaño. En las parcelas se construyeron viviendas con corrales, pero a partir de la República se impuso la edificación de bloques de dos plantas o más.

Las obras de Esteban Corral provocaron la aparición de dos calles perpendiculares al paseo del Rollo, la Ecuador y Bolivia, y otra paralela, la Chile. Los precios por metro cuadrado rondaron las cinco pesetas (0,03€).

La actividad constructora entre 1920 y 1925 fue escasa, hubo que esperar a la década de los treinta para una mayor ocupación. Por ejemplo, el enlace entre el paseo del Rollo y la glorieta del Rollo no se produce hasta después de la Guerra Civil.

Los Jesuitas.

En torno a la Glorieta del Rollo, en este periodo se realiza una pequeña ocupación urbanística sin planificación alguna. «El tipo de vivienda predominante fue la casa de planta baja (…) también edificios de dos pisos», señala José Ignacio Díez Elcuaz en “Arquitectura y urbanismo en Salamanca (1890-1939)”.

En 1931 se levanta el Preventorio-Escuela. No mantuvo mucho su función pues en la Guerra Civil fue utilizado como hospital y después fue cedido a la Falange quien lo empleó como hogar-cuna. El edificio fue derribado en 1997 para urbanizar la zona. En 1931 también se construyó un parque de bomberos.

Con el ensanche de 1943 se regulariza la glorieta del Alto del Rollo para impedir el chabolismo que afloraba en la zona. Las casas de una o dos plantas comenzaron a sustituirse en los sesenta y setenta por bloques de edificios.

Terrenos del Rollo

Aquí también es protagonista a Esteban Corral y Castro. Era un contratista de obras que regresó de Argentina alrededor de la década de los 20 dispuesto a invertir su capital en proyectos urbanísticos.

En 1918 compra los terrenos entre el paseo de San Antonio, el camino de los Depósitos y la línea del ferrocarril a Cáceres, los parcelaría a continuación. Los solares resultantes tenían suficiente espacio para construir una vivienda con corral.

El barrio de El Rollo.

Empezó a vender las parcelas y sus nuevos propietarios iniciaron antes que él las primeras construcciones de viviendas. Cada terreno incluía la propiedad de la parte de la calle que ocupaba. La actividad constructora de Esteban Corral se inició en 1921, tras conseguir ingresos suficientes por la venta masiva de parcelas.

Aunque la mayor parte de los compradores respetaron el plan urbanístico de Esteban Corral, muchos no lo hicieron. «Algunos construyeron en la zona del solar prevista como calle, con lo que bloqueaban el acceso a otros propietarios», explicó José Ignacio Díez Elcuaz en su libro: ‘Arquitectura y el urbanismo en Salamanca (1890-1939)’.

Para solucionar el problema de construcción aleatoria, en 1926 se ordenó la elaboración de plantes de alineación para la zona y fueron aprobados por el ayuntamiento.

Desde dentro

Marisa Martín, presidenta de la asociación de vecinos Los Comuneros, destaca de su barrio el libre albedrío con que este nació (consecuencia de sus orígenes en la década de los veinte).

«Eran casitas de planta baja, colocadas sin uniformidad. Los que poblaron el lugar fue gente de clase media. Hoy hay muchos profesores y matrimonios jóvenes, es una zona muy tranquila», explica Marisa Martín.

Desde la asociación de vecinos hablan de antiguas construcciones que dinamizaron el barrio. «Estaban las viviendas de Renfe que fueron habitadas por los trabajadores de dicha empresa. En segundo lugar, La fábrica de zapatillas Tejisa, en la calle Colombia. Aquí acudían más de mil personas a trabajar a diario. También había una fábrica de persianas y de harinas donde después surgió el edificio de Citroën».

Un grupo de personas juegan a la calva en el parque Picasso.

Hay que subrayar el pasado futbolístico del Rollo. «Todos los futbolistas famosos de la Unión Deportiva compraron pisos en la zona de Citroën y allí vivían. También es de aquí la atleta Rosa Colorado», recordó Marisa Martín.

Antes de la instalación del parque Picasso, los niños jugaban en la calle. «No había tantos coches y era más seguro. La gente mayor sacaba la silla al umbral de sus casas en verano», recuerdan desde la asociación de vecinos Los Comuneros.

Hace décadas, la población no tenía las grandes superficies comerciales donde adquirir los productos más básicos. «Eran tiendas familiares. Estaba la de Ángel Borregos, en la avenida Comuneros y la de la familia Hermosa, en la misma calle», hace memoria Marisa Martín, presidenta de la asociación de vecinos.

Muy típico del barrio eran sus mercerías, hoy desaparecidas. «Las han absorbido las grandes superficies y los “chinos”. La única que se mantiene está en el paseo del Rollo y pertenece a una chica portuguesa», explican desde Los Comuneros.

Salamanca hoy está totalmente urbanizada, pero hace escasas décadas, la ciudad y el Rollo era barro. En vez de farolas había bombillas. «Cuando éramos niños y llovía teníamos que llevar las “katiuskas”, porque era imposible transitar la avenida Comuneros por el barrizal que se originaba», dijo Marisa Martín.

Parque Picasso

Su nacimiento sucede tras la cesión por parte de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús al Ayuntamiento más de 13.000 metros cuadrados de su propiedad. Esta zona constituían para ellos su huerta hasta el momento.

El parque Picasso.

Se construyeron pistas de calva y petanca y pasó a ser el cuarto parque por extensión de Salamanca. En 1982 se aprobó su urbanización con un presupuesto de 37,2 millones de pesetas (223.576,5€). Las obras comenzaron en 1983 y se inauguró el 25 de noviembre de 1984 con actuaciones folclóricas, deportes tradicionales y juegos infantiles.

El primer alcalde democrático

Cuando Salamanca recibió su primer alcalde democrático, el barrio presentaba una situación particular que Jesús Málaga, dicho alcalde, recuerda en su libro ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor: memorias de un alcalde’.

En el Rollo se vivía como en un pueblo. Una zona con muchos problemas eran las casas viejas, donde se alojaban 500 familias con escasez de servicios de limpieza y salubridad. «Se instalaron casas prefabricadas que fueron habitadas por población envejecida. Los pozos ciegos drenaban mal y producían malos olores», recordó Jesús Málaga.

En ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’, Jesús Málaga menciona que a su llegada a la alcaldía el Rollo era un distrito aislado por el barro y los socavones. «Los taxis, las ambulancias y repartidores de butano se negaban a entrar. Los problemas más graves eran de asfaltado y alumbrado».

El Museo del Comercio.

El Rollo sufría enormes deficiencias. Escombreras ilegales y basureros ocupaban amplias zonas. No había escuela y los niños debían matricularse en los colegios de la Prosperidad o en la Alamedilla. Tampoco tenían centro social, espacio para jóvenes, carecían de zonas verdes y deportivas. Además, «necesitaban consultorio médico», apuntó Jesús Málaga.

En aquellos años, un fenómeno curioso fue la revista que editaban desde la asociación de vecinos Los Comuneros, cuyo nombre era ‘Nuestro Barrio’.

Actualidad

La población mayor del barrio puede encontrársela uno en el parque Picasso. A los que su estado físico les permite salir de casa, se reúnen en las competiciones de petanca y calva que atrae a gran expectación. Se producen auténticas competiciones urbanas donde los abuelos animan a sus competidores favoritos.

Desde la asociación de vecinos lamentan que la juventud esté desconectada del espíritu del barrio que en otros tiempos reunía a muchos adolescentes para realizar actividades colectivas. Sueñan con un resurgir del interés de los más pequeños que tal vez aún estén a tiempo de reencontrar.

Pero lo más importante para los forasteros que visiten el Rollo es que pueden estar tranquilos, la zona actualmente no goza de una jurisdicción propia que lo diferencia del resto del territorio, como sí sucedió hace siglos, pese a lo que pueda indicar su nombre. El Rollo se siente orgulloso de su pasado y quiere hacer prevalecer su historia.

Bibliografía

  • “Desarrollo urbanístico de Posguerra en Salamanca”, de Fátima Miranda
  • “Arquitectura y el urbanismo en Salamanca (1890-1939)”, de José Ignacio Díez Elcuaz
  • “Desde el Balcón de la Plaza Mayor: memorias de un alcalde”, de Jesús Málaga
  • Blog “Salamanca en el ayer”

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