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Las dos ‘orillas’ de Puente Ladrillo

Puente Ladrillo nació como barrio ilegal separado de Salamanca. El esfuerzo y solidaridad entre sus vecinos los unió al resto de la capital

 

El nombre del barrio se debe a la construcción de un puente de ladrillo rojo que cruza la vía férrea en dirección a Madrid. Localizado en la parte más antigua del barrio, permitía cruzar a las ovejas la línea del ferrocarril en tiempos de trashumancia. Pero, el barrio tenía un segundo puente más abstracto y menos conocido, pero que es el alma del barrio.

El origen de Puente Ladrillo comienza en las primeras décadas del siglo XX debido a la falta de viviendas en Salamanca. Los pioneros fueron trabajadores ferroviarios que levantaron casitas de planta baja en unos terrenos que no les pertenecía. Estas primeras viviendas se construyeron en terrenos ilegales y sin orden alguno.

El barrio nació separado del resto de la ciudad. El Rollo era lo que más cerca tenía, pero entre ambos se expandía una esplanada y escombreras. Puente Ladrillo fue un barrio marginal que no contaba para el resto de la ciudad. Pero hubo una institución que sí se interesó en su desarrollo, la Iglesia.

Un corredor atraviesa el Puente de Ladrillo que pasa por encima de las vías del tren.

 

Cuando Puente Ladrillo acumuló cerca de quinientos habitantes, se envió a un cura, don Heliodoro Morales. El párroco animó a la población a seguir construyendo casas pese a no pertenecerles el terreno. Un cura en aquellos tiempos representaba autoridad, y los vecinos ampliaron el barrio bajo la legitimidad del sacerdote. Nadie se atrevió a frenarles.

Pero don Heliodoro Morales también necesitaba un hogar, y para conseguirlo imitó al resto de habitantes. Levantó la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción en terrenos que pertenecían a la Renfe, sin licencia ni permiso. La obra dejaría una deuda de cien mil pesetas. Años más tarde la empresa donaría el espacio, pero en la actualidad se desconoce a quién le pertenece dicho terreno.

El templo no contó con un arquitecto, pero sí con un aparejador, demetrio Gómez, y un maestro de obra, Jesús Gil Cacho. Heliodoro Morales agradece el trabajo que hicieron los vecinos «hicieron lo que pudieron» y la colaboración de «los seminaristas del Salvador y Santa María».

La parroquia de Puente Ladrillo.

 

Puente Ladrillo acabó unido al Rollo, y por ende, al resto de la capital charra, pero este fue un largo proceso que duró décadas. En 1986 se construyen unas viviendas sociales por iniciativa de la Junta de Castilla y León. En estos bloques de dos plantas se instalan familias de otros barrios de la ciudad. «Fue un acierto que en el mismo edificio se diesen viviendas a familias payas y gitanas», explicó Paco Buitrago.

Más viviendas sociales surgen en la calle Borneo, Puente Ladrillo se acercaba un poco más. En el año 2000 aparecen edificios en torno a la carretera de Aldealengua, y en 2005 varias manzanas junto a Cabrerizos. En el siglo XXI el barrio se une a Salamanca y muchas familias de profesiones liberales se desplazan al pujante Puente Ladrillo. El servicio de autobús termina por conectar la barriada con el resto de la capital.

El segundo puente

Del alma del barrio hablan dos personajes responsables del desarrollo y bienestar que goza hoy Puente Ladrillo. Son: Antonio Romo y Paco Buitrago.

«Cuando llegué no estaba asfaltado, había chabolas, y carecían del servicio de agua», comenta el párroco Antonio Romo. Pero de lo que sí disponían era la solidaridad entre vecinos. Si alguien necesitaba ayuda, todos acudían en su auxilio.

Lo que también descubrió Antonio Romo el día que acudió a su nuevo puesto de trabajo, la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, fue las carreras que algunas gallinas realizaban en plena calle. «Había un gallinero cerca de la iglesia y estaban sueltas», recuerda.

Uno de los laterales del puente de ladrillo que atraviesa la vía.

La llegada de la Iglesia al barrio fue fundamental. Desde la parroquia se canalizaba el espíritu solidario que ya se propagaba entre su población previamente. Antonio Romo y Paco Buitrago trabajaron en dicha iglesia, pero tienen claro que quien inició todo fue don Heliodoro. Este cura fundó la parroquia e instaló el legado que los siguientes párrocos continuarían.

Don Heliodoro es un personaje especial que seguía sus propias normas. Tal es así que levantó la iglesia sin licencia y animó a los vecinos a construir sus hogares en terrenos ilegales. Pero en su trabajo también imponía sus propias normas. «Tenía un perro que hacía de monaguillo durante la misa y eso era un sacrilegio entonces», comenta Antonio Romo.

Una de las muestras de la enorme solidaridad de Puente Ladrillo llegó cuando se unieron para traer el agua al barrio. Los setecientos habitantes que reunía la barriada se organizaron para cavar zanjas y construir las dos primeras fuentes; una llamada Virgen María y la otra la Misión. Cavaron mujeres y niños incluidos.

El barrio fue una amalgama de culturas. Convivían inmigrantes, gitanos y payos. La solidaridad original no desapareció cuando se trasladó a Puente Ladrillo población de otras partes de la ciudad. «El ayudar al prójimo lo recibieron los nuevos vecinos como por ósmosis del propio barrio», manifestó Paco Buitrago.

Uno de los bares de Puente Ladrillo.

La Iglesia inició diversos proyectos para ayudar a los vecinos, muchos de ellos acusaban graves problemas de pobreza y desestructuración familiar. Uno de los programas más relevantes fue la construcción de una escuela y guardería comedor que funcionó durante veinte años. «Los niños desayunaban, comían y merendaban», explica Antonio Romo.

También promovieron un ropero solidario y la asociación juvenil. «Ayudábamos a los jóvenes que estaban en el borde de la delincuencia, aquellos niños que abandonaban la escuela. A través de actividades se les reconducía», apunta Paco Buitrago.

En los años noventa, el problema de la droga se propagó por toda España, y Salamanca no fue una excepción. Puente Ladrillo se ofreció a colaborar con los afectados por esta lacra y los responsables servían en la parroquia vecinal. Abrieron una casa de acogida. «Ahora hay muchas más facilidades para ayudar a esta gente, se nos murieron algunos, pero luchamos por ayudar», puntualiza Antonio Romo.

Viviendas bajas del barrio Puente Ladrillo.

Ante los problemas del paro que vivían en Puente Ladrillo, desde la parroquia promovieron la creación de puestos de trabajo. Abrieron una empresa de limpieza y una cooperativa agrícola.

Pero la solidaridad que imperaba en Puente Ladrillo necesitaba una fiesta que la reflejase. Así nació la Semana Solidaria. Se organizaban multitud de actividades: premios a la solidaridad, coro de parroquias de distintos barrios, un mercadillo donde se donaba ropa y libros. También se reservaba una jornada para el día del niño con el fin de recaudar juguetes. Además, había espacio para una mesa redonda donde se trataban un tema de actualidad, y por último el pregón, con su misa y su posterior comida solidaria.

El espíritu vecinal se manifestó en la creación de la asociación de vecinos Puentelave, una de las primeras de Salamanca. La población gitana también creó sus propias sociedades; quisieron mostrar su cultura y música a través de un grupo de folklore.

Economía y ocio

Siempre fue un barrio obrero. Peones, trabajadores del ferrocarril, carpinteros y pastores. «Recuerdo la tienda de la señora Magie, era una institución en Puente Ladrillo», comenta Antonio Romo. En sus inicios solo abrieron tiendas pequeñas y algunos bares. En 1993 llegaría el primer supermercado, fue la señal de que Puente Ladrillo prosperaba.

La placa dedicada a Castro Prieto, el alcalde republicano que fue asesinado al inicio de la Guerra Civil.

En el siglo XX los niños jugaban en la calle. Los partidos de fútbol se celebran en el campo denominado ‘La Ferro’ por los vecinos. También había cine; «en los salesianos se reproducía una película en un cine todos los domingos. Muchos de los chicos de entonces, ya ancianos, recuerdan aquellas tardes», rememora Antonio Romo.

Hoy Puente Ladrillo es un barrio residencial más de Salamanca. Superaron aquellos tiempos de precariedad con la solidaridad, liderados por la parroquia. «La iglesia se encarnó en el barrio y viceversa. La gente de Puente Ladrillo me robó el corazón. Si piensas en milagros ten a Puente Ladrillo como ejemplo, hacíamos las cosas sin un duro. Había un segundo puente en el barrio, unía a los vecinos, era la solidaridad», concluye Antonio Romo.

Para ver la galería de fotografías de Puente Ladrido, sigue la flecha. 

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2 comentarios

  1. Felicito a los autores del presente reportaje sobre Puente Ladrillo. Con el fin de aclarar algunas de las afirmaciones que aparecen en el mismo deseo manifestar. Las edificaciones que realizaron los primeros habitantes del poblado compraron los terrenos a propietarios de fincas, cuyos descendientes viven y pueden dar fe de ello. Las edificaciones se hicieron respetando escrupulosamente el trazado de calles (por aquel entonces anchura de dos carros). La Iglesia ha tenido sus aciertos y errores. Fue un sacerdote valenciano quien se preocupó inicialmente de construir un templo. Luego vendría don Heliodoro. Hay más «puentes», en Puente Ladrillo, el de los anónimos : un grupo de personas que nunca aparecieron en la prensa pero que debido a su labor se logró constituir la primera asociación de vecinos, traer el autobús urbano, arreglo del «camino» que nos llevaba a la ciudad, el alcantarillado, la pasarela, el viaducto, el instituto, el colegio….. detrás de todos estos logros hubo personas que tenían nombre y apellidos, cuya bandera era la justicia y la solidaridad. Lo de las chabolas, construcciones ilegales, anarquía urbanistica es harina de otro costal: el de los especuladores, el de los corruptos, el de los oportunistas y que nunca llegaron a ser vecinos del barrio.

  2. Reciba mi agradecimiento el autor del reportaje sobre el barrio de Puente Ladrillo por sus aportaciones a la historia de esta zona. También deseo algunas aportaciones personales de cara a una mayor objetividad histórica. En primer lugar no es exacta la afirmación de que los primeros residentes construyeran sus casas en terrenos ilegales y sin orden alguno. Las casas se construyeron sobre parcelas compradas y con un orden acorde con la época (las calles estaban perfectamente alineadas y con una anchura suficiente para que pasasen dos carros). En segundo lugar la construcción de este poblado se realizó por la cercanía al puesto de trabajo que estaba en los distintos servicios de RENFE (hubo algunas familias que vivían en la ciudad y se trasladaron a este barrio).
    En tercer lugar este poblado estuvo más de 40 años sin Iglesia y ya existía una preocupación comunitaria por resolver los problemas derivados de la inexistencia de los servicios mínimos (agua, alcantarillado, comunicaciones…). En cuarto lugar existe otro «barrio de Puente Ladrillo» y es el que está formado por las personas anónimas que dejaron la «piel» para conseguir resolver los problemas del vecindario: alcantarillado,pasarela, arreglo del camino, primera asociación de vecinos de Salamanca, colegio actual, instituto, viaducto, línea 4 del bus urbano… En cada uno de los logros hay hombres y mujeres con nombre y apellidos que permanecen en la historia inmaterial del barrio. La anarquía urbanística no ha sido culpa del vecindario,. Pero esto es harina de otro costal. Gracias nuevamente al autor del reportaje.

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