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El salmantino que desvela un hecho casi olvidado del holocausto

Juan Manuel Martín, autor de ‘La casa de Sunset Place’

 

Del holocausto, de la II Guerra Mundial, de Hitler, de los campos de exterminio,… se ha escrito mucho, pero la historia que Juan Manuel Martín, escritor y profesor de la Universidad de Salamanca, relata en La casa de Sunset Place** estaba escondida y él ha conseguido a través de una familia ficionada, deambulando por escenarios reales, que al lector se le erice la piel en determinados momentos que viven los protagonistas. Sobre eso y mucho más va la conversación con el autor

Todos hacemos a lo largo de la vida un viaje iniciático…
Creo que no. Creo que hay personas que tienen la indolencia o no tiene la necesidad de hacer un viaje o una búsqueda, son capaces de estar toda su vida, digamos, sentado en una silla, viendo cómo pasa el mundo. También hay muchas personas que sí, ¡ojo!, a veces porque quieren hacerlo y otras porque son obligados. Piensa en los refugiados o exiliado, tienen que emprender un viaje, no solo espiritual, también físico determinado por las circunstancias. Estoy seguro que muchas personas, que llevan a cabo un viaje de este tipo, preferirían no haberlo iniciado, porque suele ser muy doloroso o está desencadenado por experiencias dolorosas.

¿Cómo les afectó a los personajes de La casa de Sunset Place este viaje?
Habría que plantearse, si David habría preferido hacer ese viaje, que le cambia la vida totalmente, o haber tenido una madre y una infancia ‘normal’ y no todos esos silencios. Muchas veces esos viajes se hacen porque no te queda más remedio.

La casa de Sunset Place es pura documentación. ¿Cuánto tiempo lleva escribiéndola en su cabeza?
(Se piensa la respuesta) ¡Si el libro llega a algo…!

¡Claro que llegará! Porque cuenta una historia que se conoce poco. Se han contado muchas historias de ghettos, campos de concentración, de la mísera vida que le dieron los nazis a los judíos, pero la suya es nueva.
Las personas que tienen una cierta cultura han oído hablar de Auschwitz-Birkenau, Treblinka o Varsovia,… pero es verdad que Chelmno no se conoce. Igual que digo que Hitler es una sombra que sirve de justificación a muchas cosas, a muchos países,… para esconder sus propias culpas, Auschwitz es también un paraguas que deja a la sombra muchísimas otras historias…

Porque fue enorme.
Exactamente, por la dimensión. Por eso se ha convertido en un icono. Pero, las historias son infinitas. He escrito muchos artículos académicos de descendientes o supervivientes sobre sus testimonios, pero es cierto que siempre encuentras historias que parecen de mentira por lo increíbles que son.

Para bien o para mal.
Sí. Muchas personas fueron capaces de lo mejor y de lo peor. Eso queda reflejado en el libro. Por ejemplo, Úrsula y Bruno, los padres ‘adoptivos’ de Vera, se llevaron a una chica desconocida para salvarla o la historia del rabino que sobrevive porque lo acogen… En realidad, todas esas historias, aunque estas sean ficcionales ocurrieron. Personas que arriesgaron la propia vida y la de su familia por salvar a desconocidos.

¿Qué cree que aporta su novela?
Tenemos la idea del holocausto, del genocidio y las cámaras de gas,… En esta novela no hay cámaras de gas, es otra manera de matar, más rudimentaria, pero quizá por eso es más brutal que lo otro que era tan estandarizada…

Tan alemana…
Exactamente. Creo que eso puede ser interesante para quién le atraiga el tema y la época. Pueda ver que es infinito todo lo relacionado con el holocausto, son millones de personas con millones de historias y situaciones.

Ponga un ejemplo.
Al principio de un capítulo hay apuntes reales de un guardabosque de la comunidad alemana cerca de Chelmno. Se puede leer como dice que los árboles van a crecer muy bien, porque los judíos son un buen abono.

Se te pone la piel de gallina.
Pensar que alguien escribe esto justo en el momento después de acabar la guerra, en esa situación… Digamos que tu capacidad de asombro no se acaba. Te parece una brutalidad. Puedes haber leído todo del holocausto y de repente, simplemente esa frase, es la brutalidad absoluta. Pero, ese mismo guardabosque piensa que si los nazis ganan la guerra, es que Dios no existe.

Juan Manuel Martín, el autor de ‘La casa de Sunset Place’.

Cada persona o institución tendría una historia.
Las mismas actas judiciales de los años 46 y 47, que son muy cercanos a los hechos, son una fuente inagotable. Allí contaban lo que vivieron las víctimas, que sobrevivieron, o los criminales.

En el 46 todavía tenían la guerra muy presente, luego los relatos, los hechos están pasado por el matiz del tiempo…
Exactamente. La reconstrucción del recuerdo siempre se hace desde el presente y determinado por las circunstancias del presente. Es una cuestión que plantea el sociólogo francés Halbwachs en los años 20’, como la memoria se construye determinada por el presente y por los que están a tu alrededor.

El recuerdo del holocausto deja todo esto muy claro, es como el modelo de cómo funciona la memoria en situaciones colectivas traumáticas. Es tan dura la experiencia de los supervivientes que sus hijos y nietos a su vez están determinados.

Por eso, un juicio del año 46, no es lo mismo que el juicio que se les hace a los guardianes de Auschwitz en los años 60’ en Frankfurt, que ya habían pasado 20 años, con lo cual la situación era diferente. Y, los juicios de los 80’ o 90’, mucho más, porque están mediatizados por todo lo que ha ocurrido, por todo lo que saben, por lo que debe callar.

Nos hemos ido. Volvamos a la documentación de la novela.
Empecé a escribir la novela en julio de 2015, en Polonia, y terminé la primera versión en diciembre de 2018, en Salamanca. Cuando me marcho a Polonia, la historia está construida en parte, pero tengo que ir porque necesito ver con mis propios ojos algunos de los lugares y experimentar algunas cosas. El proceso de búsqueda de documentación comienza antes, pero sobre todo ha tenido dos núcleos fundamentales: el más importante, todo lo que tiene que ver con Polonia, el holocausto, pero no relacionado con Auschwitz, ni con Cracovia o Varsovia, sino con Lodz, una ciudad mucho menos conocido, al igual que su ghetto, habiendo tenido unas características distintas a cualquier otro ghetto, porque se construye como una ciudad en sí misma, autosuficiente, con un gobierno, una moneda,…

¿Un gobierno judío?
Exactamente. Y con el campo de exterminio de Chelmno, que reconozco que antes de empezar con todo esto, y habiendo estudiado mucho sobre el holocausto, casi no lo conocía.

Y, ¿el segundo núcleo de documentación?
Estados Unidos. El otro lugar ha sido Nueva Jersey para que fuera verosímil la experiencia de estos exiliados alemanes del Tercer Reich que no eran judíos. También requirió documentación todos los pro Hitler en Estados Unidos, el personajes de Max, hijo de alemanes emigrados a los Estados Unidos antes de la II Guerra Mundial, de cómo se ve deslumbrado por esos campamentos Nazis, en colaboración con el Ku Klux Klan, todo esto lo desconocía y he tenido que documentarme sobre ello.

¿Cuál fue el germen inicial de la novela?
Un viaje en tren por la costa de Washington, del Pacífico de los Estados Unidos, el que va al norte, a Vancouver.

¿En qué año?
En 2001. La novela no estaba, pero sí que pensé en ese momento al ver esa orografía imposible, que era el sitio perfecto para escapar, para alejarse es perfecto. Precisamente, en una de las islas acaba viviendo Vera, la protagonista de La casa de Sunset Place.

¿Algún fogonazo más que se vea en la novela?
Sí. Un segundo episodio tiene que ver con una estancia Hamburgo y el barrio de Grindel, del que se habla en la novela, sorprendentemente para como quedó de destruido Hamburgo después de la II Guerra Mundial, en el barrio de Grindel muchos edificios se mantuvieron en pie. Aquí sí vi la casa de los padres de Vera.

¿Existió la familia Seelig?
No, es ficcional. El marco es real, pero la historia de la familia es ficcional.

¿Por qué escogió Chelmno?
Porque decido que los judíos que quiero presentar en esta novela salen de Hamburgo en una fecha determinada, que es 1941. Fue el primer y único transporte de judíos de Hamburgo a Lodz y que muere en Chelmmo. Es un poco el azar.

¿Le gustaría presentar esta novela en Lodz?
Me encantaría que esta novela se tradujera al inglés, porque Vera vive en Estados Unidos, y también pienso en el polaco, pero como digo en una nota de autor al final del libro, la situación en Polonia ahora mismo es tan complicada, que este libro podría tener incluso problemas.

¿Por qué?
Porque ahora en Polonia cualquier referencia a la implicación, al antisemitismo polaco y al famoso episodio del asesinato masivo de un pueblo que mata a sus vecinos judíos con la presencia marginal de los alemanes, que es un episodio documentado y estudiado, sería inapropiado y casi delito afirmar que los polacos tuvieron, salvando todas las distancias con los alemanes, un antisemitismo ancestral. También está documentado que los judíos supervivientes después del 45 vuelven a sus casas, sus pueblos y son asesinados.

¿Se ha autocensurado?
Hay dos personas a las que me hubiera gustado agradecer su colaboración y no las menciono. Contestando a la pregunta, sí me gustaría que se pudiera  presentar en Lodz y leer en polaco y en Polonia.

¿Por qué cree que Hitler tuvo ese poder hipnótico, incluso con los propios judíos?
Sobre Hitler se ha escrito mucho…

Pero hay un misterio alrededor de su figura, quizá por eso es tan fascinante.
Distinguiría en el momento en el que Hitler está vivo, en el Tercer Reich, en el que hay una maquinaria de propaganda inmensa, digamos que el pueblo está deslumbrado en su gran mayoría, con el de después de la Guerra, en el que una figura cuasi demoniaca sirve de justificación para el argumento de ‘nos engañaron’, ‘yo no sabía’,…

Eso se puede unir con que los que sobrevivieron a los campos de exterminio y volvieron a su casa y ésta estaba ocupada y los mataron. ¿Se justificó cualquier cosa en nombre de Hitler?
Sirve como excusa, pero lo extendería a Alemania, al nacionalsocialismo,… después de la Guerra a muchos países, entre ellos Austria, les sirvió para no tener que hacer su revisión sobre lo que habían hecho y de su responsabilidad.

¿Eso pasó también con el antisemitismo?
No. Por ejemplo, en Hungría había números clausus en las universidades antes de Hitler y del Tercer Reich; había medidas antisemitas en muchos países de Europa. La palabra pogromo viene del ruso que hace referencia a esa destrucción y persecución del judío. Está en la literatura e historiografía muy reflejado. Había una enfermedad, se perdía una guerra, se ganaba,… iban al ghetto y mataban a unos judíos. Digamos que era algo que formaba parte de los hábitos. Todo esto ha quedado a la sombra del Tercer Reich, sin quitarle ninguna gravedad, parece que lo anterior no ha existido, pero en muchos casos estaban tan al nivel de los alemanes los colaboradores ucranianos, croatas, bálticos. Las dimensiones de Hitler y lo que conllevó son tan inabarcables que ha servido de coartada para muchos países.

¿También para Polonia?
Sí, en el caso de Polonia, una de las sorpresas y el protagonista lo plantea en la novela, es que si pensamos como era Lodz, hasta que Alemania ocupa Polonia en 1939, había más de 200.000 judíos viviendo allí. Eran el corazón económico y cultural de la ciudad. Si ahora vas a Lodz, es verdad que está el cementerio o el lugar de la estación, pero es sorprendente que no hay huellas de esas personas que desparecieron. Hay que pensar que de Polonia desaparecieron tres millones de personas. Eso no está reflejado. El famoso museo judío de Varsovia, que es maravilloso, es de hace cuatro o cinco años. Polonia ha vivido casi 80 años de espaldas a sus judíos.

¿Por qué?
Llego el comunismo. El protagonista, David, lo explica en la novela. La ola antisemita de los años sesenta. Muchos de estos judíos supervivientes que creen en el socialismo y quieren construir un nuevo país, en muchos casos jueces, escritores, cineastas,… pero en los años sesenta hay un momento de crisis institucional en Polonia y se vuelca en los judíos. Es como un elemento que está ahí. Hay ciertas corrientes que siguen hablando del poder de los judíos. ¡Dios mío! En Lodz habrá 200 o 300 judíos de aquella comunidad que tuvo 200.000. ¿Cómo alguien puede decir que los judíos tienen poder cuando son poblaciones residuales? Eso está ahí y es una enfermedad que no se cura. Actualmente en Francia, que es la comunidad judía más importante de Europa, hay una emigración hacía Israel por temor, por esa sensación de que no son queridos, que no es su lugar,… Es un misterio ese odio irracional.

Los judíos son el pueblo elegido de Dios y eso genera envidia.
Creo que es más su capacidad de resistencia. El hebreo es una lengua que desaparece, solo se mantiene en el ámbito religioso. A finales del siglo XIX, cuando empieza el movimiento sionista, cuando se plantean que nunca los van a aceptar en Europa y tienen que crear su propio país, ven que necesitamos una lengua que sea un nexo entre todos los judíos, y ahí está el hebreo. Es asombroso que ya desde el Imperio Romano los judíos hayan sido resilientes.

En un capítulo de la serie Padre de Familia, Lois Griffin, le dice a su marido Peter que de dónde vienen. Él contesta que de la sinagoga. Lois se sorprende porque no son judíos. Peter señala a su hijo Chris y dice: ‘para que se haga listo’.
(Risas) Forma parte de los prejuicios y de los estereotipos. En el libro menciono en un par de líneas la idea de que los judíos son ricos, aunque muchos de los tres millones de judíos polacos eran pobres y vivían en zonas rurales, pero cuando los exterminan y entierran, muchos polacos los desentierran buscando la riqueza de esos judíos, en los dientes de oro… Pensaban que tenía que haber riquezas, porque había judíos asesinados.

Hagamos un futurible. ¿Qué hubiera pasado si Hitler hubiera vivido en esta era de las redes sociales?
(Suspiro) Las redes sociales son un altavoz, pero hay que tener en cuenta el contexto en el que se producen los hechos. Cuando yo explico en clase la curva del desempleo en Alemania a partir de 1929, cuál es la situación social y económica, Hitler y los que le rodean son posibles en un contexto determinado. Al igual que lo fue Trump, donde está la insatisfacción de toda una población blanca que ve que el mundo que ha conocido ha dejado de existir y está desesperanzada. Po eso cala ahí. Da lo mismo que los recursos propagandísticos sean los que tenía Joseph Goebbels, en el Tercer Reich, con la radio y el cine, o sea con Twitter o Facebook. Si no hay un contexto en el que va a calar, no lo hará.

Tú no puedes decirles a las personas que esto va mal, si ellas tienen una vida satisfactoria, sea Hitler o Trump, no calará su mensaje. Pero, si hablan en un contexto de frustración, de dolor, de humillación como fueron los años después de la I Guerra Mundial,… todo esto unido a la situación económica, de desesperación de los alemanes, hacen que el partido nacionalsocialista sube al poder.

No creo que sea difícil de entender. En Alemania, en algunos distritos, se pasó de votar al partido comunista al nacionalsocialista. ¿Cuál fue su criterio ideológico? Fue su desesperación y creen que este individuo y su partido pueden ayudarlos. Pero, si las personas no están frustradas, no son infelices y no están abiertas a que le cuenten esto, no funciona.

*** Juan Manuel Martín, autor de La casa de Sunset Place, de RL Editores. 

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